La mayoría natural
¿Por qué los políticos españoles se comportan de la manera que lo hacen? Es necesario reflexionar sobre ello porque, sin lugar a dudas, estamos ante una democracia profundamente devaluada, con evidentes signos de corrupción política, una preocupante quiebra en el orden constitucional y un peligro real para el futuro de España como nación.
A esta situación nos han llevado, una vez más, los de siempre: el PSOE, los nacionalistas y la izquierda en general. Sus políticas, sus alianzas y su concepción del Estado han ido erosionando poco a poco los fundamentos institucionales que han sostenido la convivencia democrática desde la Transición.
Para frenar esta situación y llevar a cabo una reversión que hoy resulta absolutamente necesaria para salvar a España como nación, es imprescindible que el PP y Vox lleguen a un entendimiento completo y consoliden esa mayoría natural que tanto los resultados electorales en diversas comunidades como los sondeos nacionales parecen señalar.
Vox lo tiene claro. Sin embargo, el Partido Popular debe abandonar definitivamente cualquier ilusión respecto a que los nacionalistas vascos o catalanes puedan apostar sinceramente por España. Muy al contrario, forman parte de un frente político cuyo objetivo último es debilitar y transformar el Estado hasta hacerlo irreconocible.
También debería tener claro el PP que el PSOE se encamina hacia la generación de una crisis constitucional de gran calado. Una crisis que no es accidental, sino que parece orientada a abrir un proceso político que desemboque en un plebiscito sobre la Monarquía y el propio régimen del 78, con la mirada puesta en la llegada de la ansiada República y en la construcción de una España plurinacional. En otras palabras, la desintegración de la nación española tal como ha sido concebida y estructurada durante décadas.
No existe, por tanto, otra alternativa realista que la conformación de una mayoría sólida de gobierno entre PP y Vox capaz de frenar esta deriva de desintegración institucional impulsada por el PSOE, los comunistas y los nacionalistas.
De hecho, el nuevo Frente Popular auspiciado por Gabriel Rufián no es más que la expresión política de esa estrategia. Un frente en el que convergen Bildu, Junts y otros actores del separatismo, con la connivencia del PNV y, llegado el momento oportuno, previsiblemente con la integración plena del propio PSOE en esa dinámica política perfectamente planificada.
Mientras tanto, ese proceso avanza aprovechando precisamente las herramientas del propio sistema constitucional que pretende transformar.
El Partido Popular debe asumir también que el Estado autonómico ha fallado en un aspecto esencial: la lealtad institucional que resulta imprescindible para el funcionamiento de cualquier Estado descentralizado. Sin esa lealtad, el modelo se convierte en un instrumento de fragmentación y conflicto permanente.
Sin embargo, no parece que Alberto Núñez Feijóo y la dirección del Partido Popular se dirijan en esa dirección. Más bien ocurre lo contrario: el PP cuestiona de manera recurrente a Vox y sus propuestas de cambio mientras se aproxima, una vez más, a los partidos nacionalistas que han demostrado reiteradamente su deslealtad hacia el proyecto común de España.
La última prueba de ello la hemos visto en la negativa a asumir las propuestas de Vox en Extremadura para la investidura de María Guardiola, así como en los reiterados guiños de Feijóo al PNV.
El Partido Popular no parece —o no quiere— entender que la dinámica destructiva del Estado de derecho y la crisis constitucional e institucional no se corrigen con retoques superficiales ni con cálculos tácticos. La situación exige una reacción política firme, una mayoría sólida y un proyecto claro de reconstrucción institucional.
Porque la cuestión ya no es si gobernará uno u otro partido. La cuestión es mucho más profunda: si España seguirá existiendo como nación soberana o si acabará diluyéndose en el proyecto de fragmentación territorial y ruptura constitucional que impulsa la izquierda junto al separatismo, circunstancia esta que el PP no quiere asumir ni cambiar. Así no podemos avanzar.