La guerra en Oriente Próximo como parte del nuevo orden geopolítico «multipolar»

nuevo orden

Existe una fundamentada preocupación por la guerra desatada por EEUU e Israel contra la República Islámica de Irán, que dio comienzo el pasado sábado 28 de febrero con un gran bombardeo sobre Teherán. Que ya comentamos la pasada semana en estas mismas páginas, sin hacer referencia al objetivo plenamente cumplido por parte de la operación combinada de la Furia Épica estadounidense y el Rugido de León israelí, al no estar todavía debidamente confirmada.

Hoy ya es sabido que el objetivo era acabar con la cúpula de poder del régimen de los ayatolás, tanto de su líder supremo Ali Jamenei como de buena parte de su entorno personal y político, y de las Fuerzas Armadas. Sin duda, un golpe tremendo, pero que no ha significado el final del régimen teocrático, vigente desde el derrocamiento del sah Reza Pahlavi en 1979. Si alguien esperaba una rápida caída del mismo, pensando en repetir la experiencia de la Venezuela de Maduro, está profundamente equivocado.

Ambos países estaban estrechamente ligados por acuerdos económicos y políticos, pero son muy diferentes en su población, su cultura, su religión y su interés geopolítico, tan alejados geográficamente entre sí. Por el momento no existe una Delcy iraní -obviamente no una mujer en aquella sociedad, – pero tampoco el varón equivalente.

En la retaguardia política se encuentra el hijo del sah, residente en EEUU y con magníficas relaciones con Israel. Pero que no parece contar con un reconocimiento popular suficiente como para que la masa le siga en la aventura de derrocar en la calle a los sucesores de los eliminados el 28 de febrero. La única incógnita, ya despejada, es que la continuidad de aquella teocracia islámica está descartada, pero «no la forma y el cuand»” de su concreta materialización.

En esta situación de tensa espera por parte de la UE ante este escenario geopolítico, los socios y aliados de la coalición progresista en el gobierno de España -virtual Frente Popular social comunista- hacen proclamas antibelicistas uniéndolas a la reivindicación feminista el día internacional de la mujer. Lo que sin duda será muy del agrado de los teócratas al frente del régimen islámico, caracterizado en especial por su «feminismo». Ione Belarra, Irene Montero y Yolanda Díaz encarnan la vanguardia de ese movimiento, exigiendo la «salida de los yankis» de España y de la OTAN.

Conscientes de que, además de EEUU, China y Rusia, los restantes polos del nuevo orden geopolítico global lo va a decidir «la ley de la fuerza», se entiende mejor el rearme europeo instado por Trump. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 la defensa europea ha estado bajo el paraguas estadounidense, saliéndole casi gratis a los europeos, y pudiendo dedicar esa financiación al desarrollo de su estado de bienestar, pero el escenario ha cambiado drásticamente.

Francia, con armamento nuclear propio, quiere liderar una posición común europea anunciando su voluntad de incrementar su potencial militar nuclear denominando a esa iniciativa como «Disuasión avanzada». A la que se han sumado ya 8 países, entre ellos Alemania, Reino Unido, Polonia, Suecia, Países Bajos, etc. A España «ni está ni se la espera» en ese grupo, con Sánchez liderando la marginalidad al no estar alineado con nadie porque el sanchismo es muy pacifista y con su «NO a la guerra» cree que va a revitalizar a la izquierda, ahora desmovilizada, uniéndola en torno a él. Al respecto, no debe olvidarse que en el derecho internacional- e incluso en la doctrina moral cristiana- existe el concepto de «guerra justa». Así como del derecho a la legítima defensa armada frente a determinadas agresiones.

Por tanto un «pacifismo» absoluto e incondicional como el pregonado con el “No a la guerra» sanchista, carece de sentido, y en especial cuando es proclamado por un gobierno que tiene el deber de defender el «interés general» del país por encima de sus eventuales convicciones personales. La solución a esa contradicción entre el deber público y la conciencia personal, sería la dimisión por parte de la autoridad correspondiente. Lo que no forma parte del sanchismo como es sabido. Ni tener convicciones, ni dimitir.
Ps/ Y un hijo de Jamenei, sucesor suyo en la «feminista» República Islámica de los ayatolás.

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