Por qué la central nuclear de Bushehr preocupa en plena guerra con Irán
Todas estas razones de por qué la central nuclear de Bushehr se ha convertido en uno de los puntos más vigilados de Irán

La central nuclear de Bushehr en Irán se ha convertido en uno de los puntos más sensibles en el contexto de la escalada de tensión entre la dictadura de los ayatolás de Irán, Estados Unidos e Israel después de la operación conjunta de Washington y Jerusalén. El pasado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron una conjunta contra el régimen de los ayatolás, que terminó con el líder supremo de Irán Alí Jamenei.
Cualquier incidente en esta instalación podría provocar consecuencias que irían mucho más allá del ámbito militar, incluyendo riesgos nucleares, impactos humanitarios y tensiones geopolíticas en todo Oriente Medio.
La planta está situada cerca de la ciudad de Bushehr, en la costa del golfo Pérsico, una zona estratégica y densamente transitada por rutas energéticas internacionales.
La única central nuclear operativa de Irán
La central de Bushehr alberga el único reactor nuclear en funcionamiento del país. El proyecto fue desarrollado con apoyo tecnológico ruso y el combustible nuclear utilizado también procede de Rusia.
A diferencia de otras instalaciones nucleares iraníes —como las dedicadas al enriquecimiento de uranio— en Bushehr hay material nuclear activo en funcionamiento continuo. Esto significa que un ataque directo o un accidente grave podría provocar un incidente radiológico con consecuencias potencialmente muy graves.
La instalación es parte del programa nuclear civil iraní, pero su presencia en una región con tensiones militares constantes la convierte en una infraestructura especialmente sensible.
Una planta con una historia marcada por conflictos
El proyecto de la central nuclear de Bushehr tiene décadas de historia. En los años setenta, Irán contrató a la empresa alemana Siemens para construir dos reactores en el lugar.
Sin embargo, el proyecto se detuvo tras la Revolución iraní de 1979, que llevó a los ayatolás a controlar el país. Posteriormente, durante la Guerra Irán‑Irak, las instalaciones sufrieron graves daños en ataques aéreos.
Décadas más tarde, Rusia retomó el proyecto e integró su tecnología nuclear en parte de la infraestructura original alemana, lo que convirtió a la planta en una instalación única desde el punto de vista técnico.
El conflicto militar aumenta el riesgo
La central no ha sido atacada directamente. Pero, la creciente tensión militar en la región ha generado preocupación internacional después de la operación conjunta de Israel y Estados Unidos del 28 de febrero, que ha marcado el comienzo de la guerra. Diferentes explosiones y ataques con misiles se han producido relativamente cerca de la zona, lo que incrementa el riesgo de daños accidentales.
Ante esta situación, la empresa estatal rusa Rosatom, que participa en el proyecto, ha tomado medidas de precaución, entre ellas reducir algunos trabajos en el complejo y evacuar a parte del personal y a sus familias. Este tipo de medidas reflejan el temor a que la situación de seguridad en la región pueda deteriorarse aún más.
El temor a una posible catástrofe nuclear
Uno de los principales motivos de preocupación es el riesgo de que un ataque afecte al reactor o a las piscinas donde se almacena el combustible nuclear gastado. Debido a su ubicación en la costa del golfo Pérsico, una posible contaminación no se limitaría a Irán, sino que podría extenderse a varios países vecinos del Golfo.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha advertido en diversas ocasiones de que un ataque directo contra una instalación nuclear en una zona de conflicto podría provocar una crisis nuclear regional, con graves consecuencias para la población civil.
Un problema que va más allá de Irán
Un incidente nuclear en Bushehr no solo tendría consecuencias técnicas o medioambientales. También podría provocar un fuerte impacto político y humanitario.
Entre los escenarios que temen los analistas se encuentran:
- Evacuaciones masivas de población en zonas cercanas.
- Aumento de las tensiones diplomáticas entre los países del Golfo.
- Posible contaminación del mar y de las costas cercanas.
- Debilitamiento de los mecanismos internacionales de control nuclear.
Además, una crisis de este tipo podría agravar la inestabilidad en una región que ya es clave para el suministro energético mundial.