Dr. Sebastián: «Vacunar antes del inicio de las relaciones sexuales es clave para frenar el VPH»
Dr. Sebastián: "En España diagnosticamos más de 3.000 cánceres al año atribuibles al VPH"
"El VPH es muy frecuente, pero hoy tenemos herramientas eficaces para prevenir sus cánceres"

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El virus del papiloma humano (VPH) es la infección de transmisión sexual más frecuente en el mundo. Se trata de un grupo de virus que se transmiten principalmente por contacto directo piel con piel durante las relaciones sexuales y que pueden infectar la piel y las mucosas, especialmente en la zona genital y oral. Aunque en la mayoría de los casos la infección desaparece de forma espontánea gracias al sistema inmunitario, la persistencia de determinados genotipos de alto riesgo puede provocar lesiones que con el tiempo evolucionan hacia distintos tipos de cáncer.
Su impacto en salud pública es significativo. El VPH está relacionado con prácticamente el 100 % de los cánceres de cuello uterino y también con otros tumores del área anogenital y de la región orofaríngea. En España se estima que cada año se diagnostican más de 3.000 casos de cáncer atribuibles a este virus. Ante esta realidad, las estrategias de prevención basadas en la vacunación y el cribado poblacional se han convertido en herramientas clave para reducir la carga de enfermedad asociada al VPH.
En este contexto, el Valero Sebastián, jefe de Servicio de Vacunación e Inmunización Sistemática y en Grupos de Riesgo de la Dirección General de Salud Pública de la Generalitat Valenciana, explica en OKDIARIO que la inclusión de la vacuna frente al VPH en los calendarios de vacunación en España, especialmente para niños y niñas, ha supuesto un paso fundamental en la prevención. Además de la vacunación sistemática, se han puesto en marcha programas de captación o catch-up dirigidos a personas no vacunadas hasta los 18 años, con el objetivo de ampliar la protección a más adolescentes y jóvenes.
Pregunta.- ¿Qué es el VPH y por qué es la infección de transmisión sexual más frecuente?
Respuesta.- El virus del papiloma humano (VPH) es un grupo de virus que infectan la piel y las mucosas, especialmente en el área genital y oral. Se transmite fundamentalmente por contacto directo piel con piel durante las relaciones sexuales. Es la infección de transmisión sexual más frecuente porque el virus tiene una alta capacidad de contagio y suele transmitirse incluso cuando la persona infectada no presenta síntomas.
Se estima que hasta el 80% de las personas sexualmente activas tendrán contacto con el virus en algún momento de su vida.
En la mayoría de los casos la infección desaparece de forma espontánea gracias al sistema inmunitario, pero cuando el virus persiste puede provocar lesiones que, con el tiempo, pueden evolucionar hacia distintos tipos de cáncer.
P.- Según los datos, el VPH está relacionado con varios tipos de cáncer y verrugas genitales. ¿Cuál es el impacto real de esta infección en la salud pública en España?
R.- El impacto del virus del papiloma humano en la salud pública es relevante porque se trata de una infección muy frecuente y con capacidad de provocar distintas enfermedades, desde lesiones benignas hasta cáncer.
El VPH es responsable de prácticamente el 100% de los cánceres de cuello uterino y está implicado también en una proporción importante de cánceres del área anogenital y de la región orofaríngea. Además, los tipos de bajo riesgo del virus causan la gran mayoría de las verrugas genitales, lo que supone una carga asistencial considerable en consultas de atención primaria y especialidades.
En España se estima que cada año se diagnostican más de 3000 casos de cáncer atribuibles al VPH, siendo el cáncer de cuello de útero el más frecuente, con cerca de 2000 casos anuales. En los hombres, uno de los tumores más asociados al virus es el de la región orofaríngea, con aproximadamente 1000 nuevos casos al año.
Además del impacto en términos de cáncer, el VPH también genera una carga importante por lesiones precancerosas, que requieren seguimiento y tratamiento, y por verrugas genitales, que afectan a la calidad de vida de las personas y suponen costes sanitarios adicionales.
Por todo ello, el control del VPH se considera una prioridad de salud pública y ha llevado a desarrollar estrategias combinadas que incluyen vacunación y programas de cribado para reducir la incidencia de las enfermedades asociadas al virus.
P.- ¿Qué papel juega el VPH en el desarrollo de cánceres menos conocidos, como el de pene, vulva, vagina u orofaringe?
R.- El virus del papiloma humano no solo está relacionado con el cáncer de cuello de útero. También participa en el desarrollo de otros tumores menos conocidos, pero con una relación bien establecida con determinados genotipos de alto riesgo del virus.
Los estudios epidemiológicos muestran que el VPH está implicado en aproximadamente el 90% de los cánceres de ano, el 70% de los cánceres de vagina, alrededor del 50% de los cánceres de vulva, cerca del 40% de los cánceres de pene y aproximadamente el 30% de los cánceres de la región orofaríngea.
Estos datos reflejan que el virus tiene un papel relevante en diferentes tumores del área anogenital y también en algunos cánceres de cabeza y cuello. Desde el punto de vista de salud pública, esto ha contribuido a ampliar la visión tradicional del VPH centrada principalmente en el cáncer de cérvix hacia un enfoque más amplio que considera el impacto del virus en múltiples enfermedades oncológicas en ambos sexos.
Esta relación ha sido clave para el desarrollo de estrategias poblacionales dirigidas a reducir la circulación del virus y, a largo plazo, disminuir la carga global de enfermedad asociada al VPH.
P.- España ha incluido la vacunación frente al VPH en el calendario de niños y niñas. ¿Qué beneficios concretos ha observado desde su implementación?
R.-. España introdujo la vacunación frente al VPH en el calendario sistemático en 2007 para niñas y posteriormente amplió el programa a los varones en 2022.
Uno de los beneficios más importantes que hemos observado es que las coberturas de vacunación en adolescentes son elevadas, lo que permite generar una protección poblacional importante frente al virus. En algunas cohortes de varones, por ejemplo, las coberturas de primera dosis superan el 90%.
Además, la experiencia internacional en países que comenzaron antes estos programas muestra reducciones muy importantes en lesiones precancerosas del cuello uterino y en verrugas genitales en las generaciones vacunadas.
Estas estrategias tendrán un impacto muy relevante en la reducción futura de enfermedades relacionadas con el virus. Vacunar antes del inicio de las relaciones sexuales permite aumentar la protección individual y el impacto poblacional, reduciendo la circulación del virus y, a largo plazo, las enfermedades asociadas al VPH.
P.- Además de la vacunación sistemática, se han desarrollado programas «catch-up» hasta los 18 años. ¿Cómo funcionan y qué impacto se espera de ellos?
R.- Los programas denominados catch-up o de captación están dirigidos a personas que no recibieron la vacuna en la edad recomendada del calendario.
Cuando una vacuna se introduce en un programa nacional, siempre existen cohortes que quedan fuera inicialmente. Las estrategias de captación permiten recuperar a esas personas y reducir la bolsa de población susceptible.
En el caso del VPH, la captación se dirige principalmente a adolescentes que no se vacunaron a los 12 años. El objetivo es ampliar la protección poblacional y acelerar el impacto del programa de vacunación en la reducción de las enfermedades asociadas al virus.
En estos momentos las recomendaciones de receptación alcanzan a los 18 años, si bien muchas comunidades autónomas están ampliando estas coberturas hasta los 25 años. La indicación de una sola dosis en este grupo poblacional hasta los 25 años va a ayudar a aumentar las coberturas y proteger principalmente antes del probable contagio.
P.- ¿Qué grupos de riesgo todavía presentan una cobertura insuficiente de la vacuna y qué estrategias se están llevando a cabo para llegar a ellos?
R.- Entre los grupos prioritarios destacan las personas con inmunosupresión, como quienes viven con infección por VIH, pacientes trasplantados o personas con determinadas inmunodeficiencias.
También se incluyen hombres que tienen sexo con hombres (HSH) y personas en situación de prostitución, ya que presentan mayor riesgo de exposición al virus y de desarrollar complicaciones asociadas.
Para mejorar la protección en estos colectivos se están desarrollando varias estrategias. Por un lado, se recomienda vacunación específica en servicios sanitarios especializados, como consultas de infecciones de transmisión sexual, unidades de medicina preventiva o programas de salud sexual.
Por otro, se están reforzando los sistemas de registro y seguimiento, lo que permite identificar mejor a las personas que no han recibido la vacuna. Además, algunos programas autonómicos han ampliado las edades de vacunación para grupos de riesgo hasta los 45 años, como en la Comunidad Valenciana.
El objetivo de estas estrategias es garantizar que la vacunación llegue también a las poblaciones más vulnerables y reducir así la carga de enfermedad asociada al VPH en toda la población.
P.- ¿Qué combinación de estrategias considera más efectiva para la eliminación del cáncer de cuello de útero en España y a nivel global?
R.- La evidencia científica indica que la forma más eficaz de avanzar hacia la eliminación del cáncer de cuello de útero es combinar prevención primaria y prevención secundaria dentro de una estrategia integrada de salud pública.
La vacunación frente al virus del papiloma humano permite reducir la circulación de los genotipos de alto riesgo responsables de la mayoría de los casos de cáncer cervical. Cuando se administra en la adolescencia, antes de la exposición al virus, se ha demostrado que disminuye de forma muy significativa la aparición de lesiones precancerosas y cáncer cervical en las generaciones vacunadas.
Por otro lado, los programas de cribado poblacional del cáncer de cuello uterino siguen siendo fundamentales, especialmente en mujeres que no se beneficiaron de la vacunación en su adolescencia.
En España, el cribado se basa en la detección del VPH de alto riesgo o en citología según la edad en mujeres entre 25 y 65 años, lo que permite identificar y tratar lesiones precursoras antes de que evolucionen a cáncer invasivo.
A nivel global, esta combinación se recoge en la estrategia impulsada por la Organización Mundial de la Salud, conocida como el objetivo 90-70-90: lograr que el 90% de las niñas estén vacunadas antes de los 15 años, que el 70% de las mujeres se sometan a pruebas de cribado de alta calidad y que el 90% de las mujeres con lesiones o cáncer reciban tratamiento adecuado.
Estas medidas son las que ofrecen más posibilidades de que el cáncer de cuello de útero deje de ser un problema de salud pública en las próximas décadas.
P.- ¿Cómo ve el futuro de la inmunización frente al VPH en los próximos 10-15 años?
R.- El futuro de la inmunización frente al VPH en los próximos 10-15 años es muy prometedor y estará marcado por tres grandes avances: mayor cobertura poblacional, simplificación de las pautas vacunales y mejor integración con otras estrategias de prevención.
En primer lugar, se espera una expansión de los programas de vacunación universal en adolescentes, incluyendo de forma sistemática a niños y niñas en cada vez más países. Esto permitirá reducir la circulación del virus en la población general y aumentar la inmunidad comunitaria, lo que tendrá un impacto importante en la reducción de las enfermedades asociadas al VPH.
En segundo lugar, la evidencia científica está avanzando hacia esquemas vacunales más simples, como las estrategias de una sola dosis en adolescentes inmunocompetentes. Este tipo de programas facilita la implementación de las campañas de vacunación, mejora la adherencia y permite optimizar los recursos sanitarios, lo que resulta especialmente relevante en países con sistemas de salud más limitados.
Además, en los próximos años veremos una mejor integración entre vacunación, cribado poblacional y sistemas de registro sanitario, lo que permitirá evaluar con mayor precisión el impacto real de las intervenciones y ajustar las estrategias de salud pública.
Si estas medidas se mantienen y se alcanzan coberturas elevadas de vacunación y cribado, es razonable pensar que en las próximas décadas podremos observar una reducción muy significativa de los cánceres relacionados con el VPH y avanzar hacia el objetivo planteado por la comunidad internacional de que el cáncer de cuello de útero deje de ser un problema de salud pública.