Corazón

Los cardiólogos instan a hacer estos 7 hábitos para controlar la hipertensión y reducir el riesgo cardiovascular a partir de los 65

Dolor de cabeza, cansancio o sensación de presión pueden aparecer en algunos casos

La hipertensión arterial lleva años siendo una de las grandes preocupaciones de salud pública

Una buena noticia es que nunca es demasiado tarde para empezar a cuidar la salud cardiovascular

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La hipertensión arterial lleva años siendo una de las grandes preocupaciones de salud pública en todo el mundo. Lo llamativo es que muchas personas conviven con ella sin saberlo, ya que suele avanzar de manera silenciosa hasta que aparecen complicaciones más serias. Dolor de cabeza, cansancio o sensación de presión pueden aparecer en algunos casos, pero lo habitual es que no dé señales claras durante mucho tiempo.

Aunque existen tratamientos farmacológicos eficaces, cada vez más estudios recuerdan que el estilo de vida tiene un papel decisivo en el control de la hipertensión. Pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden reducir significativamente el riesgo cardiovascular y mejorar el bienestar general. Reducir el consumo de sal, hacer ejercicio de forma regular, dormir mejor o controlar el estrés son medidas sencillas que, juntas, tienen un efecto mucho más potente de lo que muchas personas imaginan. Organismos como la Organización Mundial de la Salud  recuerda además que la hipertensión no depende únicamente de la edad, sino también de hábitos diarios que pueden modificarse.

Hábitos para reducir la hipertensión

Una buena noticia es que nunca es demasiado tarde para empezar a cuidar la salud cardiovascular. Hay distintos hábitos, como algunos de los que comparte la Fundación Española del Corazón, que pueden ayudar a reducir el riesgo a la hipertensión.

Reducir la sal sin perder sabor

Uno de los primeros cambios que recomiendan los especialistas es disminuir la cantidad de sal en la alimentación diaria. El exceso de sodio favorece la retención de líquidos y obliga al corazón a trabajar con más esfuerzo para bombear sangre.

El problema es que gran parte de la sal no procede del salero, sino de productos procesados como embutidos, sopas preparadas, snacks o salsas industriales. Muchas personas consumen más sodio del que creen sin darse cuenta.

Mantener actividad física habitual

El ejercicio físico regular es uno de los hábitos más eficaces para controlar la presión arterial. No hace falta entrenar de forma extrema ni pasar horas en un gimnasio. Caminar a buen ritmo, nadar, bailar o montar en bicicleta varias veces por semana puede ser un cambio positivo.

La actividad física ayuda a mejorar la circulación, fortalece el corazón y favorece el equilibrio metabólico. También contribuye a mantener un peso saludable, otro factor importante en la prevención de la hipertensión.

Se recomienda encontrar una actividad agradable y sostenible en lugar de imponer rutinas demasiado exigentes. La constancia suele ser mucho más útil que los esfuerzos intensos mantenidos solo durante unas semanas.

Revisar la presión con frecuencia

Uno de los mayores problemas de la hipertensión es precisamente que puede pasar desapercibida durante años. Por eso, controlar la presión arterial de forma periódica resulta fundamental, especialmente a partir de cierta edad o si existen antecedentes familiares.

Realizar controles regulares permite detectar alteraciones antes de que aparezcan complicaciones cardiovasculares. Además, ayuda a comprobar si los cambios de hábitos o los tratamientos están funcionando correctamente.

Muchos médicos recomiendan incluso aprender a tomar la tensión en casa con dispositivos fiables y registrar los valores para detectar posibles variaciones.

Cuidar la alimentación diaria

Más allá de la sal, la alimentación general influye directamente sobre la salud cardiovascular y la hipertensión. Las dietas ricas en verduras, frutas, legumbres, pescado, frutos secos y aceite de oliva suelen asociarse a mejores niveles de presión arterial.

En cambio, el exceso de ultraprocesados, bebidas azucaradas, grasas saturadas y alcohol puede favorecer inflamación, sobrepeso y problemas metabólicos relacionados con la hipertensión.

El objetivo es mantener un patrón equilibrado y sostenible. Comer despacio, cocinar más en casa y priorizar productos frescos son hábitos sencillos que tienen un efecto acumulativo importante.

Aprender a gestionar el estrés

El estrés constante también influye sobre la presión arterial. Cuando el organismo permanece en estado de alerta durante mucho tiempo, aumenta la producción de hormonas relacionadas con la tensión física y emocional.

Muchas personas notan cómo la presión arterial sube en épocas de ansiedad, exceso de trabajo o falta de descanso. Aunque el estrés no siempre es la causa principal de la hipertensión, sí puede empeorarla.

Por eso, cada vez se insiste más en incorporar momentos de desconexión diaria. Respirar con calma, caminar, meditar, leer o simplemente reducir el ritmo durante unos minutos ayuda al sistema nervioso a recuperar equilibrio.

Dormir bien también protege el corazón

El descanso tiene un impacto directo sobre la salud cardiovascular. Dormir poco o mal altera el equilibrio hormonal, favorece el cansancio y puede aumentar la presión arterial de manera sostenida.

El cuerpo necesita varias horas de descanso reparador para regular correctamente funciones como la frecuencia cardíaca o la tensión arterial. Mantener horarios regulares, evitar pantallas antes de dormir y reducir el consumo de cafeína por la noche puede mejorar notablemente la calidad del sueño.

 

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