La baya mágica que engaña a tu paladar y cuyo uso se extiende hasta los pacientes con cáncer
El fruto contiene miraculina, una proteína capaz de transformar el sabor más ácido en un manjar dulce
Así es el recurso que ayuda a comer a quienes reciben quimioterapia
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¿Se imagina morder un limón y sentir el sabor de un caramelo de lima? No es un truco de magia, sino el poder de la Synsepalum dulcificum, una pequeña baya roja que está revolucionando la nutrición actual y sirve de gran ayuda a los pacientes con cáncer en la actualidad.
Aunque fue descubierta por los europeos en 1724 por el capitán Chevalier de Marchais en África, esta «fruta milagrosa» ha viajado desde las costas del Congo hasta los campos de Ecuador y los hospitales más avanzados de Estados Unidos, convirtiéndose en el mejor aliado para los pacientes que luchan contra los efectos secundarios del cáncer.
El secreto de la miraculina: un ‘hackeo’ a las papilas gustativas
El secreto de este arbusto tropical reside en su pulpa, que es rica en miraculina. Esta proteína tiene una capacidad asombrosa: cuando entra en contacto con la lengua, altera la percepción del gusto durante unos 30 minutos. Durante ese tiempo, cualquier alimento ácido o amargo que se ingiera se procesa en el cerebro como si fuera dulce, sin alterar los niveles de azúcar en sangre ni el índice glucémico.
Históricamente, las tribus de Benin o Nigeria la utilizaban para mejorar el sabor del pan de maíz acidulado o el vino de palma. Hoy, gracias a expertos como el biotecnólogo Adrián Menéndez Rey y productoras como Raquel Salazar (CEO de Zafrú), esta fruta se cultiva con éxito en América Latina, especialmente en Ecuador, donde aterrizó hace 65 años de la mano del estadounidense Donald Brainar.
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Un salvavidas gastronómico en la lucha contra el cáncer
Pero más allá de la curiosidad culinaria, su aplicación médica es lo que está acaparando titulares. En centros de prestigio como el Mount Sinai Medical Center y el Miami Cancer Institute en Estados Unidos, esta baya se ha convertido en una herramienta clave para pacientes en tratamiento de quimioterapia.
Es común que la quimioterapia provoque una alteración del gusto conocida como disgeusia, que deja en la boca un persistente sabor metálico o a comida podrida, impidiendo que los pacientes se alimenten correctamente. Al masticar la «fruta milagrosa» antes de comer, los pacientes logran neutralizar esos sabores desagradables, recuperando las ganas de ingerir alimentos y manteniendo sus fuerzas durante el proceso oncológico. No es una cura, pero sí un apoyo vital para mejorar la calidad de vida de miles de personas.