El PP se ha relanzado

El PP se ha relanzado

El PP se ha relanzado y lo ha hecho con entusiasmo. Su llegada al poder en Andalucía, pese a tener unos resultados más que mediocres, y la Convención de Madrid le han elevado de la pista de despegue y puede planificar el vuelo que, como primera etapa, le llevará a la triple elección de mayo. El líder del PP, Pablo Casado, ha presentado todo un programa de Gobierno de un signo extraordinariamente liberal. No seré yo quien diga que sus propuestas sean insólitas o nuevas, no, algunas de ellas son tan antiguas como incumplidas. Recuérdese, por ejemplo, la bajada de impuestos o el regreso a la elección más constitucional del Poder Judicial. Otras medidas son atrevidas y realmente gratificantes. Casado ha afirmado que si llega el poder y si los sediciosos catalanes siguen instalados en su rebeldía, aplicará inmediatamente el Artículo 155 y, además, ha avanzado su intención de promulgar una legislación que impida los referendos ilegales y que propicie la legalización de partidos que intenten violentar agresivamente la Constitución. También ha ofrecido para los padres una reforma educativa que les garantice la libertad de elección de centros y exigirá la enseñanza del castellano en todos los territorios de España. Y no ha pasado de largo por el caos de la polémica actual, también ha considerado la radical defensa de las mujeres, sin olvidar el tratamiento sostenido de la violencia intrafamiliar.

Lo que más gustó el domingo a las siete mil personas que llenaron Ifema, fue el inconformismo de su líder, muy en contra de esa postura ciertamente resignada que se ha podido constatar últimamente en las declaraciones de algunos dirigentes de su partido, apenados de tener que contar para la eternidad con otros, los colocados en el centro o en la derecha de su partido. Ni una vez Casado se dejó adormecer por esa tendencia; su vehemente declaración de “¡Vamos a ganar!” no pareció ser una apelación ventilada y mitinera, sino una consigna trasladada a los cientos de cargos o actuales o de aspirantes próximos que en la cercana primavera se van a jugar su porvenir político y el de su propio partido.

Por lo demás, y esto resulta incontestable, Casado ha conseguido en pocos meses recoser su partido dividido en dos o tres facciones cuando él ganó la Presidencia en julio. Por entonces, el que fue presidente de honor del PP, José María Aznar, manifestaba a quien quisiera escucharle, que él era un “simple militante histórico del PP”, y que no se sentía “nada comprometido” con aquel partido que todavía dirigía Mariano Rajoy. En la Convención, Aznar no solo ha estado permanentemente presente, sino que se ha decantado sin ambages por su nuevo líder, al que reconoce y al que apoya. Si algún mérito puede reconocerse a Casado es éste de haber devuelto al redil partidista al expresidente del Gobierno, sin renegar de Rajoy, por cierto muy aplaudido en la reunión. En todo caso, no es verdad que en el PP se haya desatado una corriente que critica a Aznar por haberse constituido antes en sostén de Ciudadanos. Ahora mismo nadie se acuerda de eso.

Por lo demás, la dramática búsqueda del niño Julen ha decolorado informativamente en las las televisiones este evidente despegue político de Casado y de su partido. A la infame cadena socialista comandada por la comisaria en jefe Mateo, esta circunstancia le ha venido definitivamente bien, así no ha tenido que detenerse particularmente en Ifema donde alguno de sus reporteros trabajaba con la consigna de no poner buena cara los dirigentes de la odiada de derecha. En todo caso, el resultado de Convención es evidente: Casado ha relanzado su opción, pero le quedan muchos episodios por cumplir. De él depende no cometer esa clase de tonterías en las que frecuentemente cae el centroderecha del país, y entre ellas, la primera, la de estar reactiva y constantemente al albur de lo que decrete la izquierda socialista. Eso es lo peor que le podría suceder. Sánchez no merece ni siquiera esa consideración.

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