Memoria del Rey Juan Carlos I

Memoria del Rey Juan Carlos I

La primera vez en mi vida que pude ver en persona al Rey Juan Carlos tenía cinco años. El colegio donde cursé preescolar estaba junto al Tribunal Constitucional, y una mañana una maestra nos ofreció ir “a ver al Rey”, que venía al edificio de al lado. Yo acudí encantado, pensaba que veríamos un Rey Mago o un Rey medieval de cuento. Imaginé incluso que llegaría en carroza. Pero de repente llegó un coche grande y oscuro, y de allí salió el Rey Juan Carlos I. Y yo, que en mi imaginación había aspirado a otra cosa, sentí una ligera decepción al ver a quién para mí era entonces el Rey de la televisión (pues confieso que ya me sonaba haberle visto en la televisión). Al menos, al volver a casa pude contar que lo había visto.

Vivimos tiempos totalitarios y polarizados en los que hay que ser partidario encendido del Rey con sus defectos, o republicano radical. En España no existen los republicanos liberales como en Francia o Estados Unidos. Tampoco hay apenas monárquicos alternativos, partidarios por ejemplo de una Monarquía electiva o de otro Rey. Aquí parece que solo se puede estar a favor o en contra de lo que hay. Pero yo, que quieren que les diga, soy mas de matices. Y precisamente por eso, creo que mirado en el tiempo, Juan Carlos I será juzgado de forma positiva por sus matices, y pese a sus errores.

Dentro de cien años tal vez alguien haga una tesis sobre la política de Estado que permitió a España edificar un régimen homologado al entorno europeo y que además garantizaba la paz, en una España que había estado en manos de uno de dos bandos siglo y medio largo. Fruto del posibilismo de un Rey bien acompañado por una digna generación de políticos, España entró en la OTAN y la UE y gozó de un tiempo largo de paz y prosperidad.

El régimen en cuestión tiene sus defectos. Los propios padres constitucionales lo reconocen (búsquese en Youtube el discurso de Perez Llorca al recibir en 2013 el premio Gumersindo de Azcárate). Y existen propuestas de reforma en continuidad muy interesantes (como la publicada estos días por el Aula política del CEU, un grupo de trabajo que lidera el ex Ministro de UCD Otero Novas).

Pero ni los defectos del régimen, ni los errores personales tan repetidos por la prensa, ni los fallos que quieran ver los republicanos, ni la hipotética traición que supusiera el cambio de régimen en opinión de los franquistas (al respecto, por cierto, léanse las páginas sobre el valor juramento de las memorias de Landelino Lavilla), empaña el fruto logrado para el bien común. Un fruto que pienso que procede de la inteligencia y habilidad política de un Rey, que lo hizo lo mejor que pudo en sus circunstancias. Un Rey que tal vez habría obrado diferente en otro momento de la Historia, pero que supo lograr algo bueno para España en el momento que le tocó.

Tal vez por ello, pese a la fuerza propagandística del republicanismo, pese al desgaste mediático y pese a que ni el Rey ni sus partidarios han querido nunca hacerse más propaganda de la imprescindible a fin de favorecer el pluralismo, la inmensa mayoría de los españoles apoyó al Rey Juan Carlos, de lo cual hay muchas manifestaciones, pero haciendo memoria me viene a la cabeza que el Rey fue designado en un programa de votación popular de una cadena de televisión “el español de la historia”. Y es que ya les digo que no sé si es mago, o digno de un cuento, o de las ilusiones irrealistas de algunos, pero desde luego ha sabido ser el Rey de la realidad posible.

  • Diego Vigil de Quiñones Otero es Registrador de la Propiedad y miembro del act-tank Qveremos.

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