Pedir ayuda a un acosador sexual es muy poco feminista, Pilar Alegría

Pilar Alegría

No hace falta tener mucha memoria para recordar que la ex ministra de Educación y portavoz del Gobierno Pilar Alegría salió en tromba a defender a Paco Salazar, mano derecha de Pedro Sánchez, cuando se conocieron las denuncias contra él por acoso sexual. Alegría quedó como Cagancho en Almagro saliendo en apoyo del acosador y tuvo que hacer un giro copernicano cuando le advirtieron de que las denuncias tenían toda la pinta de ser verdad. Y tanto, porque Salazar fue apartado del PSOE, aunque Pilar Alegría, muy feminista ella, muy progresista, no dudó en encomendarse a su compañero para que le orientase sobre la campaña electoral que se disponía a enfrentar en Aragón.

Fue un almuerzo discreto  en el que fueron «cazados» por sorpresa y, aunque la entonces ministra lo calificó de «error», lo planificó a conciencia. Y es que, como hoy desvela OKDIARIO, fue Pilar Alegría la que mostró un inusitado empeño en comer con Salazar, pese a que sobre él pendían sombras espesas de sospecha por acosar varias compañeras del partido. A Alegría eso le dio igual y organizó un encuentro que, por esas cosas de la vida, terminó conociéndose.

Dicho de otro modo: Pilar Alegría es como candidata un desastre, pero lo que sale seriamente tocada es su condición de mujer feminista, porque su encuentro furtivo con Salazar fue una ofensa a sus compañeras de partido acosadas sexualmente por Salazar y, sobre todo, un soberbio ejercicio de hipocresía. A Alegría sólo le preocupaba su futuro político y no dudó en echarse en brazos de un depravado para que guiará su pasos.

Y eso no se enmienda pidiendo «perdón», sino asumiendo que como mujer feminista que dice ser ese «error» obliga a imponerse una mayor penitencia que la mera disculpa. Y no lo ha hecho, razón por la que Alegría -con independencia del resultado que obtenga este domingo en las urnas- no merece, ni como política ni como feminista, la pena.

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