El PSOE y los golpes de Estado

El PSOE y los golpes de Estado
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En 1934 hubo un golpe de Estado en Cataluña y 2 años después el PSOE pactó con los golpistas en el Frente Popular, formaron Gobierno y los amnistió. En 2017 hubo un golpe de Estado en Cataluña y 2 años después el PSOE está negociando de nuevo con los golpistas para que le permitan formar Gobierno. Igual esta vez no hace falta que los amnistíe, porque ya se encargó el PSOE de trasladar a los golpistas a instituciones penitenciarias controladas por ellos, de las que van a tardar muy poco en salir. Pero esta relación del PSOE con los golpistas no es nueva sino que es algo congénito al partido fundado por Pablo Iglesias Posse, quien en 1910 dijo en el Parlamento aquello de: «Mi partido está en la legalidad mientras ésta le permita adquirir lo que necesita; fuera cuando ella no le permita alcanzar sus aspiraciones».

Y lo demostró muy poco después cuando en 1923 el PSOE colaboró con la dictadura del General Primo de Rivera, padre del fundador de Falange, siguiendo el criterio tanto de Julián Besteiro, presidente del PSOE desde la muerte de Pablo Iglesias, como del secretario general de la UGT, Largo Caballero, miembro de la ejecutiva del PSOE. Durante dicha dictadura Largo Caballero formó parte de la Consejería de Estado, los socialistas entraron en el Consejo de Trabajo, en el Consejo Interventor de Cuentas, y en diversos órganos de la dictadura militar. De hecho el PSOE fue el único partido legal y la UGT el único sindicato permitido durante la dictadura del General Miguel Primo de Rivera, lo que permitió a los socialistas una libertad de la que no gozaban ni comunistas ni anarquistas, que sí se opusieron. Sólo al final, cuando el régimen dictatorial empezaba a declinar, los socialistas decidieron pasar a la oposición.

Apenas 4 años más tarde en octubre de 1934, con Largo Caballero como presidente del PSOE, ese partido promovió una huelga general que desembocó en un nuevo intento de golpe de Estado contra el Gobierno de la II República, que consiguió arraigar en Asturias. El PSOE publicó 73 puntos de instrucciones donde planificaba al detalle los pasos a seguir y en las que, entre otras barbaridades, decían que “las casas cuarteles de la Guardia Civil deben incendiarse si previamente no se entregan” y que se debían “lanzar botellas de líquidos inflamables a los centros o domicilios de las gentes enemigas”; promoviendo el asesinato de mujeres y niños que las habitaban. En este golpe de Estado hubo unos 2.000 muertos, se asesinó a unos 250 miembros de la Guardia Civil y de Asalto, así como a 34 sacerdotes y religiosos. Siguiendo las instrucciones del PSOE se incendió la Universidad, el Teatro Campoamor, la Catedral de Oviedo así como numerosos edificios religiosos.

Más recientemente, no se puede definir estrictamente como golpe de Estado el de la victoria electoral de Zapatero en 2004, tres días después de los terribles atentados del 11-M cuyo autor intelectual aún se desconoce, pero no podemos obviar la dudosa legalidad del discurso de Alfredo Pérez Rubalcaba durante la jornada de reflexión, en el que no dijo ni una palabra de que las sedes del PP estaban siendo asediadas por grupos de extrema izquierda, entre los que ya destacaba el nuevo Pablo Iglesias. Rubalcaba aprovechó su discurso para acusar directamente al Gobierno del PP de mentir, no siendo la de Zapatero en 2004 el mejor ejemplo de una victoria de la democracia. Tampoco fue exactamente un golpe de Estado la moción de censura ganada por Pedro Sánchez, fundamentada sobre unas frases contra Mariano Rajoy introducidas en la sentencia sobre la Gürtel por el juez José Ricardo de Prada, frases que la Audiencia Nacional ha considerado “innecesarias”, aunque bien útiles para el PSOE, añado yo. Y es que sin duda el PSOE tiene 140 años de una historia muy cercana a los golpes de Estado.

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