Investigadores se toman un té con un simio y el resultado reescribe la teoría de la mente humana

Durante décadas, la capacidad de imaginar objetos inexistentes, jugar a «hacer como si» o mantener en mente una realidad paralela se ha considerado una capacidad exclusiva del ser humano. Sin embargo, un estudio publicado en la revista Science cuestiona esa idea al presentar evidencias de que un simio pudo participar en un juego simbólico muy popular entre los más pequeños, la «ceremonia del té».
El protagonista de esta investigación fue Kanzi, un bonobo que vivió en el centro de investigación Ape Initiative hasta que falleció en 2025 a los 44 años y que durante años demostró una gran capacidad para entender palabras en inglés y comunicarse mediante símbolos gráficos llamados lexigramas. Antonio J. Osuna Mascaró, especialista en cognición animal en el Messerli Research Institute de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, destaca al SMC que el estudio es «una de las evidencias experimentales más claras hasta la fecha de representaciones secundarias» en otra especie: más allá de responder a estímulos presentes, sino sostiene una segunda realidad inventada y la actualiza conforme cambian las acciones del humano.
Un simio participa en una ‘ceremonia del té’
El diseño del estudio se inspiró en las pruebas clásicas de psicología infantil. Los investigadores recrearon una especie de «ceremonia del te». Frente a Kanzi, el experimentador fingía verter zumo de una jarra inexistente en dos vasos. Después, simulaba vaciar uno de ellos de nuevo en la jarra. A continuación, le preguntaba al bonobo dónde estaba el zumo.
En el 68% de los intentos, Kanzi señaló el vaso correcto, una cifra que supera claramente el nivel de probabilidad y se sitúa en lo que se considera un «rendimiento significativo» en cognición comparada. A continuación, para descartar que el simio simplemente creyera que el líquido era real, realizaron una segunda prueba: le ofrecieron un vaso con zumo auténtico y otro con zumo imaginario. Cuando se le pidió elegir, Kanzi seleccionó el vaso con bebida real en casi el 78% de las ocasiones. Es decir, era capaz de distinguir entre el plano ficticio del juego y la realidad tangible.
En un tercer ensayo, el procedimiento se repitió con uvas imaginarias en lugar de zumo. Los resultados volvieron a situarse alrededor del 69% de aciertos.
Representaciones mentales ‘secundarias’
Los investigadores sostienen que estos resultados apuntan a la existencia de lo que en psicología se denominan «representaciones secundarias»: la capacidad de mantener dos versiones de la realidad al mismo tiempo, una real y otra hipotética o imaginada. Hasta ahora, muchos científicos pensaban que ese nivel de abstracción era exclusivo del ser humano.
«Ya contábamos con indicios en otras especies, pero no disponíamos de pruebas empíricas de que fueran capaces de comprender la simulación», explica a El País Amalia Bastos, coautora del hallazgo y docente en la Universidad de St. Andrews (Escocia).
Implicaciones evolutivas
Desde el punto de vista evolutivo, la capacidad de imaginar ofrece ventajas muy interesantes: permite planificar conductas, anticipar consecuencias sin asumir riesgos reales y simular escenarios antes de actuar. En el ser humano, se relaciona directamente con el pensamiento simbólico y la creatividad.
Con este hallazgo sobre la cognición en un simio, la línea divisoria entre «mente humana» y «mente animal» se vuelve más difusa. Otros estudios científicos también han demostrado que muchas habilidades consideradas exclusivas del ser humano, como la empatía, la planificación o el uso de herramientas, existen en otras especies.
Algunos investigadores incluso plantean que la diferencia fundamental no radica tanto en la potencia cognitiva individual, sino en la capacidad humana para cooperar y construir conocimientos de forma colectiva. En este sentido, el lenguaje podría haber actuado como catalizador de la inteligencia social.
Sin embargo, a pesar el entusiasmo que ha despertado este trabajo en la comunidad científica, los expertos piden prudencia. El estudio sólo se basa en un individuo que fue entrenado desde su nacimiento. Para poder extrapolar esta habilidad a otros simios, habrá que replicar el experimento con otros bonobos y chimpancés, así como diseñar tareas menos dependientes de contextos humanos.
La imaginación animal es difícil de estudiar porque, por definición, implica procesos internos que no se pueden observar directamente. Los investigadores deben inferir su existencia a partir del comportamiento, lo cual resulta muy complicado.
Juan Carlos Gómez, psicólogo e investigador en el Departamento de Psicología y Neurociencia de la Universidad de St. Andrews (Escocia), plantea lo siguiente: «Se trata de un excelente experimento, que usa una tarea sencilla pero muy original para explorar por primera vez de forma experimental un tema (el juego imaginario) que hasta ahora había permanecido en segundo plano en el estudio de los monos antropoides. Hasta ahora sólo había indicios muy discutidos sobre la existencia de esta capacidad en primates no humanos. Este estudio refuerza la posibilidad de que los raros ejemplos de posible juego imaginario que se habían observado en antropoides sean genuinos, o al menos nos digan algo sobre los precursores evolutivos de esta capacidad tan importante y bien desarrollada en los humanos».
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