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Honda preocupación entre los biólogos: los microbios en Islandia acumulan nitrógeno en cantidades nunca vistas

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Recreación de tierra.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

En Islandia, los suelos volcánicos figuran entre los más jóvenes y frágiles de Europa. En ese escenario extremo, uno de los elementos que marca la diferencia es el nitrógeno.

Este gas invisible, que representa el 78% del aire que respiramos, resulta imprescindible para la vida. Y, aunque en el suelo suele escasear, en Islandia se ha visto que los microbios lo acumulan gracias a procesos biológicos muy concretos.

Los microbios en Islandia acumulan nitrógeno en cantidades nunca vistas

En las praderas subárticas del suroeste del país, cerca de Hveragerdi, el suelo se ha convertido en un laboratorio al aire libre. Un terremoto en 2008 desvió corrientes geotérmicas y calentó parcelas de forma desigual. Desde entonces, un equipo liderado por Ana Leticia Zevenhuizen analiza cómo responde el ciclo del nitrógeno cuando la tierra permanece años con temperaturas más altas de lo habitual.

Lo que esperaban los expertos era un aumento del nitrógeno mineral disponible para las plantas. Más calor, más actividad microbiana, más liberación de nutrientes. Sin embargo, los resultados reflejan otro escenario. Los microbios aceleran el manejo del nitrógeno orgánico, producen más aminoácidos y, al mismo tiempo, los absorben con mayor rapidez.

El comportamiento del amonio refuerza esa idea. Su producción no crece con el calentamiento, pero la captación microbiana sí. En la práctica, los microorganismos lo retienen antes de que llegue a las raíces. La mineralización neta disminuye y el sistema adopta un tono más prudente. Tras una caída inicial en las reservas de nitrógeno durante los primeros años, el suelo se estabiliza y conserva con más celo lo que queda.

Ese cambio altera el equilibrio con la vegetación. Si el nitrógeno circula menos hacia las plantas, su crecimiento se resiente. En latitudes altas, donde el verano dura poco y cada semana cuenta, ese detalle importa.

Por qué este descubrimiento sobre el nitrógeno cambia lo que se sabía sobre el Ártico

Este resultado es relevante porque, según el equipo que firma el estudio, demuestra que el calentamiento prolongado no abre el ciclo del nitrógeno, sino que lo vuelve más conservador.

Los expertos confirman que el aumento de temperatura acelera el movimiento interno del nitrógeno orgánico (sobre todo el de los aminoácidos) y que, al mismo tiempo, refuerza la captación microbiana de amonio, el compuesto mineral que las plantas pueden absorber directamente para crecer y fabricar proteínas.

Asimismo, señalan que este ajuste responde a una limitación de carbono en el suelo. Al reutilizar compuestos orgánicos que contienen carbono y nitrógeno a la vez, los microorganismos mantienen su actividad sin incrementar las pérdidas de nitrógeno mineral. Es decir, el sistema no produce más fertilidad para las plantas; reorganiza sus propios recursos para resistir el calentamiento.

Según los autores, esa transición hacia un ciclo más «cerrado» explica por qué las reservas totales de nitrógeno caen en los primeros años y después se estabilizan. El suelo pierde una parte al principio, pero luego adopta una dinámica más prudente. Y esa cautela microbiana tiene consecuencias directas sobre la vegetación y sobre el equilibrio entre carbono y nitrógeno en estos ecosistemas tan fríos.

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