Naturaleza

Giro en la lucha contra los volcanes: Islandia logra dominarlos y gana tiempo con muros que conducen la lava

Volcán, geología, Islandia
Recreación de un volcán.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

En Islandia hay casi tantos volcanes como en España montañas relevantes. El país cuenta con unas 130 estructuras volcánicas, de las cuales entre 30 y 32 pertenecen a sistemas activos que han entrado en erupción en los últimos miles de años.

La mayor parte de estos volcanes se agrupa sobre una gran fractura de la corteza terrestre y un punto caliente que empuja magma desde el manto. Eso convierte a la isla en uno de los territorios volcánicos más activos del planeta y, sin protección, en un lugar expuesto a riesgos constantes.

Islandia levanta muros para contener la lava de sus volcanes

Desde 2023, la península de Reykjanes se ha convertido en el laboratorio más visible de esta filosofía. Las erupciones fisurales aparecieron cerca de zonas habitadas, y junto a una central geotérmica clave para el suministro de agua caliente y electricidad. Si la lava alcanzaba esa instalación, decenas de miles de personas notarían el impacto de inmediato.

La respuesta del país fue levantar muros de tierra y roca frente al avance del magma. Barreras de hasta 20 metros de altura, equivalentes a un edificio de siete plantas.

En seis meses se movieron más de tres millones de metros cúbicos de material. No hay diseño elegante ni hormigón armado, sino que son terraplenes masivos, capa a capa, pensados para obligar a la lava a cambiar de dirección.

La lógica es simple, pues la lava fluye por la superficie y sigue la pendiente. Si el terreno se eleva lo suficiente, el río de roca fundida duda, se frena o busca otro camino. Cada metro ganado significa horas para evacuar, aislar zonas y proteger infraestructuras.

Cuando el flujo supera la barrera, entra en juego el agua. Los equipos la lanzan directamente sobre la lava para enfriar su superficie, solidificarla y ralentizar el avance.

Por qué Islandia tiene tantos volcanes

Islandia se asienta sobre la dorsal mesoatlántica, el límite donde las placas de Norteamérica y Eurasia se separan unos 2,5 centímetros al año. Esa grieta permite que el magma ascienda de forma constante. A eso se suma un punto caliente, una columna de material extremadamente caliente que empuja aún más roca fundida hacia la superficie.

Desde 2021, los científicos hablan de un nuevo ciclo volcánico en Reykjanes que podría durar décadas. A día de hoy, más de 30 sistemas activos se vigilan a diario.

La Oficina Meteorológica de Islandia advirtió el 6 de enero de 2026 de una acumulación crítica de magma bajo la zona de Svartsengi, con riesgo de nueva intrusión en las próximas semanas. No hay erupción activa, pero la alerta sigue alta.

El peligro no se limita a la lava, pues muchos volcanes se esconden bajo glaciares y pueden provocar inundaciones repentinas, los conocidos jökulhlaup, capaces de arrasar carreteras en minutos. La ceniza amenaza el tráfico aéreo entre Europa y América.

Los gases, como el dióxido de azufre, pueden obligar a la población a quedarse en casa aunque no haya lava visible. Además, las erupciones fisurales pueden surgir en cualquier punto y amenazar plantas geotérmicas y pueblos enteros, como ocurrió en Grindavík.

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