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Los científicos están anonadados: los lagos del río Congo están liberando toneladas de carbono milenario a la atmósfera

Un estudio reciente ha revelado que los lagos del río Congo están liberando carbono milenario a la atmósfera, algo que hasta ahora no figuraba en los modelos climáticos. El hallazgo, centrado en grandes lagos de aguas negras situados en las turberas de la cuenca central africana, cuestiona la idea de que ese carbono permanecía almacenado de forma segura durante milenios.

Durante años, la comunidad científica asumió que las turberas tropicales funcionaban como depósitos estables dentro del ciclo global del carbono. Sin embargo, nuevas mediciones muestran que parte de ese material orgánico antiguo no solo se moviliza, sino que termina escapando en forma de CO₂.

El río Congo y sus lagos liberan carbono antiguo

En el estudio, publicado en ETH Zurich y difundido en la revista Nature Geoscience, los investigadores describen por primera vez este fenómeno en grandes lagos de aguas negras de la cuenca del Congo. Hasta ahora, se creía que el carbono acumulado en las turberas permanecía atrapado durante miles de años, salvo en circunstancias excepcionales.

La investigación se centró en dos grandes masas de agua: el lago Mai Ndombe y el lago Tumba, rodeados por extensos bosques pantanosos y selva tropical de tierras bajas asentada sobre gruesas capas de turba. El agua oscura, teñida por restos vegetales en descomposición, fue clave para detectar el fenómeno.

Mediante dataciones por radiocarbono del CO₂ disuelto en el agua, el equipo determinó que hasta un 40% del carbono emitido procede de turba acumulada durante miles de años. Es decir, no se trata únicamente de materia vegetal reciente, sino de reservas antiguas que se creían estables.

Las turberas del Congo, pese a ocupar apenas el 0,3% de la superficie terrestre, almacenan aproximadamente un tercio del carbono contenido en turberas tropicales. En total, estos ecosistemas —junto con la Amazonia y los humedales del sudeste asiático— concentran alrededor de 100 gigatoneladas de carbono en forma de material vegetal no descompuesto.

El hallazgo plantea una incógnita crucial: si esta liberación de carbono antiguo es un proceso natural equilibrado por nuevos depósitos de turba o si señala un punto de inflexión que podría desestabilizar el sistema.

El nivel del agua y el clima, factores determinantes

Además del dióxido de carbono, los investigadores analizaron la emisión de otros gases de efecto invernadero, como el metano y el óxido nitroso. En un estudio paralelo publicado en el Journal of Geophysical Research, observaron que el nivel del agua influye de manera decisiva en la liberación de metano.

Cuando el nivel del lago es alto, los microorganismos descomponen el metano con mayor eficacia. En cambio, durante la estación seca, cuando el agua desciende, ese proceso pierde eficiencia y el gas escapa en mayores cantidades hacia la atmósfera.

El riesgo, según advierten, es que el cambio climático altere este equilibrio. Periodos de sequía más prolongados permitirían que el oxígeno penetre más profundamente en la turba seca, acelerando la descomposición de materia orgánica antes estable y liberando más CO₂.

A esto se suma otro factor potencialmente crítico: los cambios en el uso del suelo. La deforestación para ampliar tierras agrícolas podría intensificar las sequías al reducir la evaporación y la formación de nubes, manteniendo niveles de agua más bajos de forma persistente.

Los resultados obligan a revisar el papel de los lagos tropicales y las turberas en los modelos climáticos globales, donde hasta ahora han estado infrarrepresentados. Comprender si este sistema está cerca de un punto de no retorno será clave para anticipar su impacto en el clima del planeta.