Los apicultores uruguayos, en pie de guerra: «Están pasando cosas que no deberían, y las abejas nos están avisando»
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Cada vez estamos más concienciados sobre la ayuda que nos proporcionan las abejas, por lo que su muerte masiva en Uruguay no ha pasado desapercibida para los apicultores.
Según ha informado la diaria, más de 13.700 colmenas resultaron afectadas en distintas zonas del país sudamericano. El episodio ha sido de unas semanas, por lo que ha reabierto el debate.
De hecho, los apicultores destacan que no es sólo que las abejas están muriendo, sino que debe servirnos como aviso de que algo no está funcionando como debería.
Los apicultores denuncian el aumento de muertes de abejas en Uruguay
Gustavo Fripp nació entre colmenas. Es la cuarta generación de una familia de apicultores y, desde julio, delegado del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) ante la Comisión Honoraria de Desarrollo Apícola.
Quizás por esa cercanía, el 12 de noviembre recibió los primeros reportes de una mortandad de abejas que sorprendió incluso a los productores más curtidos.
Los primeros casos aparecieron en Colonia y Soriano, luego en San José, y en cuestión de días el fenómeno se extendió a Canelones, Florida, Flores, Durazno, Río Negro y Paysandú.
Según el último informe oficial, 13.759 colmenas se vieron comprometidas. «Es un evento atípico por la dimensión y la cantidad de abejas», reconoció Fripp en declaraciones recogidas por la diaria.
Además, el impacto es desigual pero devastador. El 20% de las colmenas murió por completo; un 50% sufrió daños graves, pasando de ocho o diez panales a apenas dos o tres; y el 30% restante mostró despoblamiento y presencia de abejas muertas.
Según el apicultor, no todos los terrenos están siendo igual de amenazados. «Están muy vinculados a la zona agrícola», ha reseñado.
Por qué las muertes de abejas son un problema estructural
Tantas muertes de abejas no podían quedarse sin respuesta. Por ello, el 21 de noviembre se convocó una reunión de urgencia con técnicos del MGAP, la Universidad de la República, la Facultad de Química y representantes del sector agropecuario.
Se tomaron muestras de abejas, miel, polen y cera que están siendo analizadas en laboratorios uruguayos y también en el exterior, donde se pueden identificar hasta 600 principios activos de plaguicidas.
Para Fripp, la raíz del problema está clara: «La agricultura hoy no es la de hace 30 años». El uso intensivo de agroquímicos y la falta de controles efectivos generan un escenario permanente de riesgo.
A esto se suma una barrera clave: la dificultad para perseguir las malas prácticas. «Denunciar ante el MGAP implica inspecciones y conflictos con los dueños de los campos», ha explicado.
Como la mayoría de los apicultores no es propietaria de la tierra donde instala sus colmenas, muchos prefieren callar antes que arriesgar su principal capital: el lugar donde producir. El resultado es una paradoja inquietante: oficialmente sólo hay cinco denuncias, aunque el problema es mucho mayor.
Debate en Uruguay: ¿La destrucción de colmenas es un problema nacional?
Como respuesta a lo sucedido, la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Uruguay difundió un comunicado en el que calificó la pérdida como marginal, al representar menos del 2% de las 600.000 colmenas registradas en el país.
Sin embargo, las autoridades discrepan al consideran que los porcentajes no reflejan la realidad. El motivo es que hay productores que perdieron más de la mitad de las colmenas.