Alerta entre los botánicos españoles: un árbol está al borde de la extinción en Doñana pese a estar protegido en un Parque Natural, y gran parte de culpa la tienen ciervos y jabalíes
Doñana es sinónimo de biodiversidad y de un modelo de conservación que se presenta como ejemplo internacional. Sin embargo, dentro de sus límites se libra una batalla silenciosa que lleva más de veinte años perdiéndose sin que las administraciones logren revertirla. ¿El protagonista? Un pequeño árbol, adaptado durante siglos a este ecosistema único y que se resiste a desaparecer.
Y el problema aquí no viene de fuera. Los propios habitantes del parque, unos animales que deberían convivir en equilibrio con la vegetación, se han multiplicado hasta poner en jaque la regeneración de esta especie. A esto se suma la falta de agua y la desaparición de otros animales que antes ayudaban a esparcir sus semillas.
El piruétano, el árbol que agoniza en Doñana por culpa de ciervos y jabalíes
La respuesta a este misterio botánico tiene nombre científico: Pyrus bourgaeana, conocido popularmente como piruétano. Se trata de un pariente silvestre del peral cultivado, de porte modesto y flores blancas que se abren a finales del invierno.
Un equipo de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) y la Universidad de Sevilla, liderado por José María Fedriani, ha analizado dos décadas de datos sobre esta especie y ha publicado sus conclusiones en la revista ‘Biological Conservation’.
El estudio en cuestión describe lo que los científicos llaman una paradoja de conservación: la normativa del parque impide cualquier cambio de uso del suelo, pero al mismo tiempo protege a los herbívoros que se comen sus plántulas.
«Los parques nacionales pueden generar inadvertidamente efectos contrastados en diferentes componentes del ecosistema», advierten los autores en este sentido.
Y justamente, esa protección excesiva, unida a la desaparición de depredadores como el lobo ibérico, ha disparado las poblaciones de ciervos y jabalíes dentro del espacio protegido.
¿Por qué los ciervos y los jabalíes son un problema para el piruétano?
Los ungulados son, según el estudio, uno de los principales factores que impiden la recuperación del piruétano. Ciervos y jabalíes se alimentan de las plántulas recién germinadas, destruyen buena parte de los frutos caídos y reducen drásticamente el número de semillas que llegan a convertirse en árboles adultos.
En este marco, el seguimiento de los investigadores documentó más de 350 plántulas en las cinco poblaciones estudiadas, con una tasa de supervivencia extremadamente baja.
A su vez, en Matasgordas, una de las zonas mejor conservadas del parque, la mortalidad de los ejemplares reproductores superó el 60% en dos décadas, una cifra que preocupa especialmente a los botánicos por tratarse de un área con protección estricta.
Los investigadores localizaron cerca de 2.540 brinzales repartidos entre las cinco poblaciones analizadas (Reserva, Matasgordas, Rocina, Hato Ratón e Hinojos), aunque muy pocos consiguen sobrevivir hasta convertirse en árboles adultos capaces de reproducirse.
La sequía y la falta de agua agravan la crisis del piruétano en Doñana
Lamentablemente, a la presión de los herbívoros se suma un problema hídrico que lleva años acechando a todo el parque: la sobreexplotación del acuífero de Doñana y unas sequías estivales cada vez más largas e intensas.
Cabe recordar en este sentido que el suelo se seca antes de que las plántulas logren desarrollar raíces profundas, lo que reduce todavía más sus opciones de sobrevivir al verano. Fuera de los límites del parque, además, las labores agrícolas de la zona agravan la desecación del terreno.
El cuadro que mencionamos se completa con la pérdida de otro aliado silencioso: los zorros y los tejones, que durante generaciones han sido los principales encargados de dispersar las semillas del piruétano.
Estos mamíferos comen los frutos y expulsan las semillas intactas lejos del árbol madre, muchas veces bajo arbustos espinosos que protegen a las plántulas de los propios herbívoros.
Sin embargo, sus poblaciones también han disminuido en las últimas décadas, y con ellas se pierde una vía natural de regeneración.
Una paradoja que preocupa a los científicos españoles
Hay que señalar aquí que el caso del piruétano no es un problema aislado. Los autores del estudio advierten de que otras especies vegetales de crecimiento lento podrían sufrir el mismo destino en distintos parques nacionales españoles, donde la ausencia de grandes predadores ha descompensado el equilibrio entre la fauna y la flora.
Por eso, piden revisar la gestión de los ungulados dentro de los espacios protegidos antes de que sea demasiado tarde para especies como esta.
Frente a este panorama, los investigadores del CSIC ya han empezado a proponer medidas concretas, como vallados temporales alrededor de las plántulas más jóvenes o el control puntual de las poblaciones de ciervos y jabalíes en las zonas con peor regeneración.
Mientras tanto, el reloj sigue corriendo para el piruétano: de las cinco poblaciones estudiadas, solo una conserva ejemplares jóvenes en número suficiente para garantizar el relevo generacional del árbol en las próximas décadas.