Contaminación

Dos oficiales de un mercante griego falsificaron los registros del barco para ocultar vertidos ilegales al mar durante un año: la naviera tuvo que pagar más de un millón de multa

vertidos ilegales al mar
Recreación ficticia del fraude del MV Thetis. Foto: ilustración propia.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Los vertidos ilegales al mar son uno de los delitos ambientales más difíciles de demostrar, porque (valga la redundancia) ocurren en alta mar, sin testigos ajenos a la tripulación y con documentación que, en teoría, certifica que todo se hizo según la normativa. Por eso, cuando se destapa un caso como este, casi siempre hay una decisión deliberada de ocultar lo que estaba pasando.

Eso fue exactamente lo que ocurrió a bordo de un granelero que navegaba bajo pabellón griego (es decir, registrado en Grecia). Dos oficiales de máquinas, encargados de gestionar los residuos del barco, optaron por el camino más barato y más sucio: tirar los desechos directamente al océano y maquillar los papeles para que nadie lo notara.

Así ocultaron los vertidos ilegales del buque Thetis con una tubería fantasma

El «antagonista», por así decirlo, de esta historia es el M/V Thetis, un granelero operado por la naviera Diana Shipping Services S.A.

Entre octubre de 2011 y septiembre de 2012, el jefe de máquinas, Ioannis Prokakis, y el segundo oficial de máquinas, Antonios Boumpoutelos, ordenaron de forma rutinaria el vertido de lodos y aguas de sentina directamente al mar, saltándose el sistema obligatorio de tratamiento de residuos.

Y para lograrlo instalaron lo que en el sector se conoce como un magic pipe: una tubería de derivación, escondida entre el resto de la maquinaria, que desviaba los residuos antes de pasar por el separador de aguas oleosas y los mandaba directamente al océano. Una vez terminada la descarga, la desmontaban para que no quedara rastro durante las inspecciones.

Cabe señalar que este tipo de instalación permite verter al mar cientos de miles de litros de agua contaminada con hidrocarburos sin que quede ningún registro, evitando además el coste y el tiempo que supone tratar los residuos como marca la ley.

El siguiente paso era tapar el hueco en el papeleo. Los dos oficiales ordenaron falsificar el cuaderno de registro de hidrocarburos, el documento legal que certifica ante las autoridades portuarias cómo se gestionan estos residuos a bordo. Sobre el papel, todo se había tratado según la normativa. En la realidad, llevaban meses vertiendo residuos sin ningún control.

El cuaderno de registro falsificado: la prueba que destapó el fraude

El fraude salió a la luz en septiembre de 2012, cuando miembros de la tripulación denunciaron lo que estaba ocurriendo a bordo. La Guardia Costera de Estados Unidos abordó el Thetis en el puerto de Norfolk, en Virginia, y comprobó que el cuaderno de registro no coincidía con la actividad real del barco.

La investigación reveló una diferencia entre lo que decían los papeles y lo que de verdad había pasado en la sala de máquinas durante casi un año. Ese desajuste, sumado al testimonio de la tripulación, fue la prueba clave que permitió acusar formalmente a los dos oficiales y a la naviera.

Y desde luego, no es casualidad que este tipo de casos salga a la luz gracias a un tripulante. La ley estadounidense contempla recompensas económicas para quien denuncie vertidos ilegales de un barco extranjero en aguas bajo su jurisdicción, un incentivo que ha convertido a las tripulaciones en la principal fuente de pruebas contra sus propios mandos.

¿Qué es un ‘magic pipe’ y por qué se usa en la industria naviera?

El nombre magic pipe (tubería mágica, en español) se ha convertido en un término habitual dentro del sector marítimo para describir este tipo de instalación clandestina.

Su gracia, del todo perversa, está en que hace desaparecer los residuos del barco sin dejar ningún registro: burla el separador de aguas oleosas, un equipo obligatorio por el convenio internacional MARPOL 73/78, pensado precisamente para evitar que este tipo de contaminación llegue al mar.

Cabe remarcar que este no es un caso aislado. En 2016, Princess Cruises tuvo que pagar 40 millones de dólares por usar el mismo sistema en varios de sus cruceros, la multa más alta impuesta nunca por un delito de este tipo en Estados Unidos.

Los propios ingenieros navales reconocen que detrás de estas maniobras suele haber una mezcla de formación insuficiente, puertos sin instalaciones adecuadas para descargar residuos de forma legal y, sencillamente, la intención de ahorrar tiempo y dinero.

Las multas, eso sí, varían enormemente de un caso a otro. En 2021, el jefe de máquinas del buque Zao Galaxy fue condenado a tres años de libertad condicional y una multa de apenas 2.500 dólares por un delito similar, una diferencia que ilustra lo desigual que puede resultar la aplicación de estas leyes según el caso.

La multa millonaria y el escaso castigo para los responsables

La naviera Diana Shipping Services S.A. se declaró culpable de conspiración, de no mantener correctamente el cuaderno de registro, de falsificar documentos y de obstrucción a la justicia.

La sentencia, dictada en diciembre de 2013, obligó a la compañía a pagar 1,1 millones de dólares (100.000 dólares por cada uno de los once cargos), además de tres años y medio de libertad condicional y la puesta en marcha de un plan de cumplimiento ambiental.

Prokakis y Boumpoutelos, en cambio, evitaron la cárcel pese a haber sido declarados culpables de varios delitos graves federales: recibieron un año de libertad condicional cada uno, sin multas personales, y fueron repatriados a Grecia.

Entre 2006 y 2013, otros 39 jefes de máquinas condenados por casos similares en Estados Unidos recibieron penas que iban desde la libertad condicional hasta apenas unos meses de cárcel, un dato que ha alimentado el debate sobre si este tipo de sanciones sirve realmente como freno para la industria naviera.

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