En 2004 una avispa se coló en un barco cargado de cerámica china rumbo a Francia: dos décadas después es una plaga que puede acabar con el 65% de la miel de Cataluña

La avispa asiática (Vespa velutina) no iba a bordo de ningún avión ni cruzó fronteras por sus propios medios. Llegó a nuestras tierras escondida, sin que nadie lo notara, en un cargamento que parecía completamente inofensivo. Desde entonces, esta avispa se convirtió en una de las especies invasoras más temidas de Europa, y ahora Cataluña vive en primera línea de su expansión.
Y por su parte, los apicultores catalanes llevan meses lanzando avisos que hasta ahora habían pasado casi desapercibidos fuera del sector. La amenaza que representa esta avispa ya no es solo un problema para quienes cuidan colmenas: afecta directamente a la polinización, a la agricultura y al equilibrio de los ecosistemas de toda la región.
Así llegó la avispa asiática a Europa: escondida en un envío de cerámica china
La historia empieza en el puerto de Burdeos, en 2004. Entre un cargamento de piezas de cerámica procedentes de China, viajaba sin billete una avispa, una sola reina fecundada que logró sobrevivir al viaje y encontrar refugio en suelo francés. Nadie reparó en ella hasta que, un año después, un ejemplar capturado llegó al Museo Nacional de Historia Natural de Francia.
No fue hasta 2006 cuando los científicos confirmaron de qué se trataba: Vespa velutina nigrithorax, un depredador nativo del sudeste asiático que nada tenía que hacer en el campo europeo.
Los análisis genéticos posteriores apuntaron a que toda la invasión partió de un único ejemplar llegado desde una zona situada entre las provincias chinas de Zhejiang y Jiangsu.
Según recoge el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), que desde hace una década coordina el programa de vigilancia EXOCAT, esa única reina bastó para que la especie se extendiera después por Bélgica, Países Bajos, Alemania e Italia, hasta cruzar los Pirineos.
De Burdeos a Cataluña: la expansión imparable de esta avispa invasora
La avispa asiática entró en España en 2010, con el primer registro en Navarra. Un año después ya había alcanzado Cataluña: el primer avistamiento se produjo en el Alt Empordà y el primer nido confirmado apareció en la Garrotxa en 2011. Desde ahí, la especie no ha dejado de avanzar hacia el sur y el interior.
Desde luego, es fácil reconocerla por su tamaño: puede llegar a medir hasta tres centímetros, con el cuerpo casi completamente negro, salvo un anillo amarillo en la parte superior del abdomen y una franja anaranjada en la parte posterior. Las patas y la cara también tienen tonos amarillos, un detalle que la distingue de otras avispas autóctonas de menor tamaño.
Por otro lado, su ciclo biológico se reparte en cuatro fases a lo largo del año: en febrero las reinas fecundadas salen de la hibernación y levantan un primer nido; en primavera y verano las obreras construyen nidos secundarios, mucho más grandes, casi siempre en la copa de los árboles; a finales de verano nacen los machos y las futuras reinas.
Posteriormente, con el frío del invierno, la colonia se extingue, salvo las hembras fecundadas que sobreviven para empezar el ciclo de nuevo.
¿Por qué afirman que esta avispa amenaza con arrasar el 65% de la miel catalana?
El problema no es solo la presencia de la avispa, sino su forma de cazar. Se sitúa junto a la entrada de las colmenas y captura a las abejas obreras cuando vuelven cargadas de polen, agotadas y sin capacidad de defensa. Esa presión constante impide que las abejas salgan a buscar alimento y termina debilitando la colonia entera en cuestión de semanas.
Desde entonces, cinco organizaciones agrarias y apícolas (entre ellas Unió de Pagesos y las asociaciones de apicultores de Barcelona, Girona y Lleida) han lanzado la voz de alarma: si no se actúa con rapidez, Cataluña podría perder el 65% de su producción de miel en la próxima temporada, el equivalente a la actividad de 200.000 colmenas.
El pico de actividad de la avispa se espera para octubre, con Girona y Barcelona como las provincias más afectadas.
Y cabe remarcar que el impacto no se queda en los tarros de miel. Menos abejas significa menos polinización, y eso compromete directamente cultivos de frutales y hortalizas de cara a la próxima primavera.
Jordi Brull, responsable del sector de la miel en la Federación de Cooperativas Agrarias de Cataluña, ha calificado la situación como una auténtica emergencia, con consecuencias que van más allá de lo económico y tocan también la biodiversidad y la salud pública.
El plan de la Generalidad de Cataluña para frenar a la avispa antes de 2026
Los departamentos de Agricultura y Territorio de la Generalidad, junto a una mesa de trabajo con el sector apícola, han diseñado un calendario de medidas para el año próximo.
La pieza central es el trampeo de reinas: está previsto instalar 20.000 trampas con líquido atrayente durante la primavera y repartir 950 garrafas de ese producto entre los apicultores, además de recomendar el uso de trampas tipo Koldo directamente en las colmenas.
El plan también contempla la retirada o inactivación de nidos, priorizando las zonas urbanas y las áreas con más colmenas, y un nuevo trampeo en otoño para capturar a las reinas que buscan dónde hibernar.
Y como medida más experimental, se estudia usar a la propia avispa (bajo control) para localizar nidos activos, siguiendo su vuelo de regreso.
Mientras el plan se pone en marcha, la recomendación para quien detecte un nido (una estructura esférica u ovalada, habitual en aleros o copas de árboles) es no acercarse a menos de cinco metros y avisar de inmediato a los servicios municipales. Nada de usar insecticidas por cuenta propia: podrían acabar matando también a las abejas que se intenta proteger.