El Gobierno y los guardabosques coinciden: multas de hasta 10.000 euros por recoger setas sin licencia en estas zonas de la Sierra de Madrid
Permisos, límites de recogida y sanciones regulan la temporada de setas en varios montes de la Sierra de Guadarrama
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Con la temporada de otoño ya estrenada comienza también la temporada de setas. Y en el caso de Madrid, la zona de la Sierra es una de las más visitadas cada año por quienes salen al monte en busca de níscalos, boletus y otras especies. Sin embargo, hay algo que conviene mirar antes de coger la cesta ya que en algunos montes no se pueden recoger setas libremente y es obligatorio sacar un permiso que si no se tiene, puede derivar en una multa que en algunos casos, llegue hasta los 10.000 euros.
En concreto debemos estar atentos a varias zonas de la Sierra de Guadarrama, donde la recogida está regulada y los agentes forestales pueden comprobar que quienes están recolectando tienen autorización y cumplen las condiciones establecidas. Miraflores de la Sierra y Rascafría son dos de los municipios donde existe esta regulación con sanciones que pueden ir desde los 100 hasta los 10.000 euros, según la infracción cometida y sus circunstancias.
Multas por recoger setas sin licencia en estas zonas de la Sierra de Madrid
No existe un único permiso que sirva para recorrer la sierra y recoger setas donde se quiera. Cada coto tiene sus propias condiciones y la autorización obtenida para uno de ellos no sirve necesariamente para los demás. En el caso del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama recoge varios cotos micológicos en la vertiente madrileña. Los hay en Rascafría, Lozoya, Soto del Real, Manzanares el Real y Miraflores de la Sierra. Antes de comenzar una jornada de recogida hay que comprobar, por tanto, si el terreno al que se quiere acceder está sometido a esta regulación.
Tampoco todos los aficionados tienen las mismas opciones. Las normas distinguen entre vecinos, población vinculada al Área de Influencia Socioeconómica del Parque Nacional y personas que llegan desde fuera. Un ejemplo es Rascafría. Un vecino empadronado paga tres euros por el permiso recreativo de temporada y puede recoger un máximo de diez kilos. Si dispone del permiso intensivo, que cuesta 25 euros, el límite asciende hasta los 30 kilos. Para quienes llegan de fuera existe una autorización recreativa de cinco euros válida durante una jornada, con un máximo de diez kilos.
La situación es parecida en Miraflores de la Sierra. Los visitantes pueden obtener un permiso recreativo para un día, mientras que la modalidad intensiva queda limitada a determinados recolectores locales o vinculados al territorio.
Hasta 10.000 euros de multa
El hecho de salir al monte por afición no exime de cumplir estas condiciones. En las zonas reguladas, comenzar a recolectar sin haber obtenido antes el permiso correspondiente puede dar lugar a una sanción. Los controles no se centran únicamente en comprobar si el recolector lleva la autorización. También se vigila cuánto ha recogido y de qué manera lo ha hecho. Exceder las cantidades establecidas o incumplir las condiciones de cada modalidad puede convertirse igualmente en una infracción.
Las sanciones se sitúan entre los 100 y los 10.000 euros. La cifra depende de las circunstancias y de la gravedad del incumplimiento. También importa para qué se realiza la recogida. La modalidad recreativa está destinada al autoconsumo. La intensiva contempla cantidades mayores y está sometida a requisitos diferentes. Los recolectores foráneos, por ejemplo, sólo pueden acceder a permisos recreativos.
Hay además prácticas que están restringidas porque pueden perjudicar directamente al terreno. Remover el suelo con determinadas herramientas para localizar ejemplares ocultos es una de ellas. Lo mismo ocurre con la recogida en espacios donde se haya establecido expresamente una prohibición.
Por qué se controla la recogida de setas
Basta con visitar algunas zonas de la Sierra de Guadarrama en plena temporada para entender parte del problema. La búsqueda de setas reúne a muchos aficionados en un periodo bastante corto y la presión sobre determinados montes puede aumentar rápidamente. No sólo cuenta el número de ejemplares que termina dentro de cada cesta. Una mala práctica puede alterar el suelo y perjudicar el entorno en el que vuelven a desarrollarse los hongos. Por eso se establecen límites y se intenta impedir una explotación intensiva sin control.
La regulación tiene otra finalidad. Los vecinos de los municipios serranos llevan generaciones aprovechando estos recursos y las normas buscan que esa actividad pueda convivir con la llegada de visitantes. De ahí las diferencias entre los permisos destinados a la población local y los que se conceden a quienes acuden de manera ocasional. Rascafría comenzó a regular este aprovechamiento en 2020 y después se fueron incorporando otros municipios de la vertiente madrileña del Parque Nacional. En Miraflores de la Sierra, por ejemplo, existe autorización para recoger especies micológicas en determinados Montes de Utilidad Pública.
Así que encontrar setas en el monte no significa automáticamente que podamos llevárnoslas. La normativa depende del lugar y las cantidades permitidas también cambian de un coto a otro así que antes de salir, lo más práctico es consultar las condiciones del municipio correspondiente y sacar el permiso cuando sea necesario. Son unos pocos euros frente a una sanción que, en los casos contemplados por la normativa aplicable, puede llegar a ser muy elevada.