Sonia Díaz Rois, experta en discusiones de pareja: «A veces no nos molesta sólo lo que hacen los demás, sino lo que se permiten hacer y nosotros no»
La especialista en gestión emocional explica el por qué de los enfados y frustraciones cuando se acumulan las tareas
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Las reacciones y sentimientos, por norma general, tan solo son respuestas del cerebro a determinados estímulos. Muchas personas, debido a su carácter o experiencia, tienden a enfadarse con mayor facilidad. A diferencia del pensamiento popular, esto no quiere decir que tengan una personalidad fuerte, sino que tienen esa reacción muy entrenada.
Sonia Díaz Rois, experta en discusiones, explicó este fenómeno en La Razón. No obstante, los cabreos pueden venir derivados de la frustración personal ante la autoexigencia, como expuso la especialista en gestión del enfado. «A veces no nos molesta solo lo que hacen los demás, sino lo que se permiten hacer», apuntó. Frente a este estímulo, el cerebro empieza a maquinar una secuencia de pensamientos que acaban por responder desde el enfado.
Según manifiesta Díaz Rois en su libro Y si me enfado, ¿qué?, las personas que suelen retrasar su descanso hasta que han finalizado todas sus obligaciones tienden a sentir irritación cuando los demás no actúan como ellos. Este segundo grupo comprende a aquellos que no pierden los estribos y tienen la capacidad de hacer un alto en sus quehaceres, descansar y proseguir después, o que, ante un error, no se tiran dándole vueltas a la cabeza toda la noche.
Este puede ser el significado de esta reacción
El trasfondo de esta reacción es que puede estar señalando algo que nos gustaría llevar a cabo, pero que no nos permitimos hacer. Estos comportamientos relajados y aparentemente relajados suelen ocasionar un sentimiento negativo en las personas autoexigentes.
Para entender esta situación, la experta en gestión emocional pone un ejemplo sumamente habitual entre parejas que regresan a casa de sus vacaciones. «Uno llega a casa y es capaz de tumbarse en el sofá y descansar. En cambio, el otro corre a deshacer las maletas, pone una lavadora, recoge y deja todo organizado antes de poder relajarse un momento. Y mientras va de un lado para otro, empieza a enfadarse al ver a su pareja ahí tan tranquila», ejemplificó Díaz Rois.
Si bien puede parecer que el enfado viene provocado por una falta de ayuda por parte de la pareja, también se puede interpretar como una frustración personal al observar que, mientras uno descansa tras un largo viaje y deja las tareas para más adelante, la autoexigencia del otro no le deja relajarse hasta que no esté todo recogido.
Un enfado muy común en personas autoexigentes
La mayor sugerencia de la especialista es detenerse a pensar y autopreguntarse el origen del enfado: «¿Me molesta solamente que esa persona esté tumbada en el sofá? ¿O también que descanse cuando yo siento que no puedo hacerlo aún?». Un mero acto de reflexión que no solo ayudará a gestionar el enfado, sino que dará con una respuesta madurada.
Según Díaz Rois, las personas productivas y responsables suelen tener este tipo de reacciones cuando ven a los otros descansar antes que realizar una tarea. Un comportamiento que echa más leña al fuego y aviva el enfado, con ideas como «No entiendo cómo se puede vivir con tanta dejadez» o «¿Por qué no me pasa a mí?».
No obstante, la experta dispara la siguiente cuestión para este tipo de personas: «¿Y si lo que realmente le remueve es comprobar que esa persona consigue hacer lo mismo sin tanto estrés?» Por lo que no se trata de un cabreo derivado de una actitud determinada, sino de que «se está permitiendo vivir de una manera que, en el fondo, también desearíamos para nosotros: ir más despacio, descansar, dejar algo pendiente para mañana y vivir sin que cada segundo tenga que ser hiperproductivo».
«En estos casos, el enfado puede estar contándonos algo sobre nosotros»
Díaz Rois apunta que estos enfados no se dan solo en situaciones de tareas, organización o gestión del tiempo. También puede darse en otro tipo de casos, como ver a alguien que es capaz de marcar límites en su entorno y que no tiene inconvenientes para conocer a gente nueva. «En estos casos puede aparecer una contradicción: ‘Yo también quiero eso, pero no me lo estoy permitiendo’», añadió la coach, y concluyó: «Tal vez necesitemos que nos echen un cable o, sencillamente, dejar de intentar llegar siempre a todo».
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