Los apicultores de Castilla y León piden soluciones urgentes: el abejaruco está acabando con las colmenas y advierten de una caída del 50% en la producción de miel

Últimamente, el sector apícola de Castilla y León atraviesa una de sus peores campañas. Los productores señalan al abejaruco, un ave migratoria de vivos colores, como responsable de la muerte de miles de colmenas en las últimas semanas, y alertan de que la cosecha de miel se ha desplomado en buena parte de la comunidad tras un verano especialmente duro.
La organización agraria COAG ha elevado sus quejas a la Junta y el asunto ha llegado ya a las Cortes autonómicas. Sin embargo, cualquier respuesta tropieza con la misma dificultad: el animal señalado cuenta con protección legal, y los expertos en conservación no comparten el diagnóstico de los apicultores sobre el alcance real del daño.
¿Por qué el abejaruco está acabando con las colmenas de Castilla y León?
Desde el momento cero, el problema no reside tanto en las abejas que el abejaruco devora como en el miedo que provoca.
Según afirma de manera oficial COAG Castilla y León, la presencia continuada del ave junto a los colmenares hace que las abejas permanezcan dentro de la colmena durante las horas de mayor actividad. Sin salir a pecorear (recolectar néctar y polen), la colonia deja de alimentarse y de reponer población.
¿El resultado? Pues, lamentablemente, un desgaste progresivo. «Las abejas no pueden salir a pecorear y las colmenas se van desabejando poco a poco hasta morir», denuncia la organización.
Cabe remarcar que, en buena parte de la comunidad, los apicultores calculan una caída de la producción de miel superior al 50%, una merma que se suma a la pérdida de colonias enteras y que amenaza la continuidad de muchas explotaciones.
Siguiendo esta línea, las cuentas son sencillas. «Cada vez que muere una colmena, y estos días en Castilla y León están muriendo a miles, el apicultor pierde 120 euros», explica COAG. Un profesional con 3.000 colmenas puede llegar a acumular pérdidas de hasta 120.000 euros.
Y el golpe, sin dudas, afecta a un sector amplio: la comunidad cuenta con más de 6.400 explotaciones apícolas y unas 425.000 colmenas registradas.
¿Qué es lo que piden los apicultores para frenar al abejaruco?
Las reclamaciones del sector se concretan en dos puntos. Por un lado, COAG pide que se autorice un control poblacional del abejaruco en las zonas con más colmenas y daños documentados. Por otro, exige una línea de ayudas de al menos 20 euros por colmena afectada, del mismo modo que la Administración compensa los ataques de lobos u osos a la ganadería.
En un comunicado difundido en abril, la organización ya advertía de que la situación «ya es inaguantable» y deja al sector «una vez más abandonado a su suerte».
A esas quejas se suman otras reivindicaciones históricas, como la competencia de la miel importada a bajo precio o el rechazo al acuerdo comercial con Mercosur (el bloque de integración regional en Sudamérica), que, según los productores, abriría todavía más la puerta a las importaciones.
Como si toda esta revuelta fuese poco, el debate también ha llegado a las Cortes de Castilla y León. El pasado 13 de agosto se registró una proposición no de ley (PNL/000188-01) que insta a la Junta a estudiar planes de control poblacional en las áreas más afectadas y a habilitar compensaciones económicas y apoyo técnico para los apicultores.
La iniciativa reclama, además, un estudio sobre el impacto real del ave.
Conociendo mejor al abejaruco, un ave protegida que gana terreno en el norte
El abejaruco europeo (Merops apiaster) es un ave migratoria que llega a la península ibérica en abril y regresa a África en septiembre. Su dieta se basa en insectos voladores de tamaño medio, sobre todo abejas, avispas y abejorros, que caza al vuelo. Su plumaje azul, verde y amarillo lo convierte en una de las aves más llamativas del campo español.
Hoy, su presencia va en aumento. El III Atlas de las aves en época de reproducción en España documentó que su área de distribución creció un 7% respecto al atlas anterior, con una expansión notable hacia el norte peninsular. En Castilla y León, ese avance se ha dejado notar especialmente en provincias como Burgos, Palencia y León, según recoge la revista Jara y Sedal.
En este sentido, cualquier medida contra él requiere permiso. El abejaruco figura en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, aunque no está incluido en el Catálogo Español de Especies Amenazadas.
Por eso, reducir sus poblaciones exige una autorización administrativa excepcional. A ello se suma que la sequía, las heladas tardías y el calor extremo de 2026 ya habían debilitado muchas colonias.
¿Y qué dicen los expertos sobre el impacto real del abejaruco?
Para sumar otros abordajes del asunto, los conservacionistas matizan el diagnóstico. Un trabajo de la Universidad de Murcia, dirigido por el profesor Francisco Robledano, calculó que cada abejaruco consume unas 1.500 abejas obreras durante los seis meses que pasa en la península.
A su vez, según SEO/BirdLife, esa depredación supone apenas el 2% de las abejas, una pérdida que la colonia repone de forma natural.
En la misma línea, la organización ecologista defiende que ambas actividades son compatibles y recuerda que el Ministerio de Agricultura identificó varias soluciones eficaces: mallas de sombreo, redes laterales de plástico junto a las colmenas y puntos de agua para las aves.
Son estructuras temporales que se instalan entre junio y agosto, y proteger 80 colmenas cuesta menos de 1.000 euros. Los disparos al aire, el ruido o la cetrería resultaron, en cambio, ineficaces.
A modo de conclusión, cabe señalar que los momentos de mayor presión se concentran en agosto, cuando las aves se agrupan cerca de los colmenares antes de iniciar la migración.
Hoy, con el otoño recién estrenado, la mayoría de los abejarucos ya ha emprendido el viaje hacia África y no volverá hasta abril, cuando arrancará una nueva temporada apícola con el conflicto todavía sin resolver.