La preocupación de los apicultores catalanes crece ante la invasión de la avispa asiática: está en riesgo el 65% de la producción de miel
La avispa asiática en Cataluña ha alcanzado niveles críticos de expansión y pone en riesgo hasta el 65% de la producción total de miel de la región, según alertan sindicatos y agrupaciones como Unió de Pagesos.
La producción anual catalana ronda los dos millones de kilos de miel, y en las últimas campañas la plaga ya ha provocado pérdidas directas superiores a los 2,5 millones de euros por la caída de producción y el sobrecoste en alimentación artificial para mantener vivas las colmenas.
El problema trasciende a los apicultores. La falta de abejas reduce de forma drástica la polinización natural, lo que amenaza directamente la productividad de múltiples cultivos agrícolas de cara a las próximas temporadas.
Cómo está invadiendo la avispa asiática el territorio catalán
La avispa asiática coloniza el territorio mediante un ciclo reproductivo agresivo que depende enteramente de las reinas fundadoras. Un solo nido maduro puede producir entre 200 y 500 nuevas reinas al llegar el otoño. Estas reinas se apocan y buscan refugio bajo tierra, rocas o cortezas para hibernar, y en primavera cada superviviente vuela de forma independiente para fundar una colonia completamente nueva.
La especie construye además dos tipos de nido para optimizar su crecimiento. El nido primario, más pequeño, lo levanta la reina en primavera en zonas bajas y protegidas, como cornisas o arbustos, para criar a sus primeras obreras. En verano, la colonia se muda a un nido secundario definitivo de hasta un metro de altura, oculto en las copas de los árboles a gran altura, lo que dificulta enormemente su detección y destrucción.
El clima suave y húmedo de Cataluña, Galicia y el País Vasco ofrece las condiciones perfectas para su desarrollo. Investigaciones del CREAF apuntan además a que el insecto está sufriendo mutaciones rápidas que le permiten colonizar zonas más secas o urbanas que antes evitaba.
En Europa no tiene depredadores naturales eficientes que frenen su avance, y mientras las abejas asiáticas han aprendido a defenderse de ella, la abeja melífera europea carece de defensas eficaces, lo que la convierte en una fuente de alimento fácil para las larvas de la avispa.
Cómo distinguir la avispa asiática de las especies nativas
Todas las avispas comparten una cintura extremadamente estrecha que une el tórax con el abdomen y un cuerpo liso con poco pelo, pero la avispa asiática y las especies nativas se distinguen con facilidad. La invasora mide entre 2 y 3,2 centímetros, con las obreras algo más pequeñas que las reinas. Su rasgo más característico son las patas, de color café oscuro con los extremos de un amarillo muy vivo.
El abdomen es predominantemente negro, salvo el cuarto segmento, que muestra una franja naranja amarillenta, y la cabeza, vista de frente, combina la cara amarillo anaranjada con la parte superior completamente negra.
Las especies nativas, como la avispa común o la avispa papelera, son bastante más pequeñas, entre 1 y 2 centímetros, y lucen el clásico patrón de rayas amarillas y negras brillantes en todo el cuerpo. Sus patas son de color amarillo o marrón claro uniforme, sin el contraste bicolor tan marcado de la avispa asiática. Estas especies autóctonas suelen ser aliadas del jardín, porque controlan plagas de orugas y pulgones.
La cronología de la expansión de la avispa asiática en España
Toda la plaga europea proviene de una sola reina fecundada que llegó a Francia en 2004 oculta en un cargamento de jarrones de porcelana importados de China. En 2010, la especie cruzó los Pirineos y entró en España por el País Vasco y Navarra. Los primeros ejemplares en Cataluña se detectaron en 2012, en la provincia de Girona, y desde ahí se extendieron con rapidez hacia Barcelona.
Aunque la avispa avanza a un ritmo natural de unos 100 kilómetros al año, su dispersión real ha sido mucho más rápida porque viaja camuflada en camiones de mercancías y transporte de madera, lo que genera nuevos focos de golpe en zonas donde antes no existía.
En 2025 y 2026, la especie ya se considera una plaga endémica en todo el norte de España, Galicia, Cataluña y las Islas Baleares, y los biólogos del CREAF admiten que su erradicación total ya no es posible en zonas como Cataluña.
Ante esta situación, los apicultores catalanes reclaman a la Generalitat una red de vigilancia reforzada en las zonas afectadas, la eliminación sistemática de nidos primarios y secundarios, planes públicos de trampeo homologado y una coordinación efectiva entre administraciones y ayuntamientos. El Departamento de Acción Climática, Alimentación y Agenda Rural ha anunciado nuevas líneas de actuación y fondos específicos, aunque el sector considera que aún resultan insuficientes ante la magnitud del problema.
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