Las algas están invadiendo el río más largo de Italia: el problema es que se alimentan de los residuos de las propias granjas
A veces los residuos agrícolas y ganaderos mejoran la rentabilidad y reducen la huella medioambiental, pero otras provocan un gran problema. Por desgracia, esto es lo que está pasando en Italia con las algas y el río Po, el más largo del país.
Especialmente en la zona de Turín, el río Po se ha visto invadido por una enorme alfombra verde de algas y plantas acuáticas. Lo peor es que dificulta la navegación, altera el agua y está obligando a retirar toneladas de material vegetal.
Es cierto que este verano la falta de lluvias y las altas temperaturas han favorecido que las algas aumenten, pero el verdadero origen está en las explotaciones agrícolas y ganaderas.
El río Po en Turín se llena de algas por culpa de los residuos agrícolas y ganaderos
Entender por qué surgen las algas tóxicas es fundamental, pero a veces el problema es mucho más inmediato. Y en el norte de Italia lo están descubriendo de primera mano.
Este verano la proliferación de algas en el tramo de Turín del río Po ha alcanzado un nivel especialmente elevado. Y es que se han dado varios factores a la vez.
Por ejemplo, menor caudal, más temperatura y más nutrientes disponibles. De hecho, el río ha llegado a registrar una caída importante de su flujo, hasta situarse en torno a un 50% por debajo de su media anual, después de semanas de poca lluvia y altas temperaturas en junio y julio.
En algunos puntos, la superficie se parece más a un prado que a un cauce urbano. El calor también cambia el comportamiento del agua.
En este tramo, el Po ha alcanzado temperaturas de 28 grados, una cifra muy alta para un río que nace en los Alpes. Con menos agua circulando y más calor acumulado, las algas encuentran un escenario perfecto para crecer. Pero lo que verdaderamente las está alimentando son los residuos agrícolas y ganaderos.
Qué relación tiene el aumento de algas en Italia con los residuos agrarios y ganaderos
Hay que pensar que los residuos y escorrentías procedentes de explotaciones agrícolas y ganaderas acaban llegando a la cuenca y actúan como alimento para la vegetación acuática.
Cuando esos nutrientes se combinan con temperaturas altas y un río más lento, las algas se disparan. No es una invasión repentina injustificada, sino el resultado de un sistema fluvial sometido a más calor, menos renovación de agua y más presión de la actividad agraria.
Entre las especies detectadas aparecen algas locales como Spirogyra y Cladophora, pero también plantas invasoras como Blitum nuttallianum, originaria de Norteamérica. Esa mezcla complica todavía más la gestión, porque no todo lo que cubre el río se comporta igual.
Además, la vegetación no se limita a flotar en la superficie. Forma masas densas, se engancha a embarcaciones y puede reducir el oxígeno bajo el agua, con efectos sobre otras plantas y animales del ecosistema.
Cómo están retirando las algas para permitir la navegación del Po en Turín
La ciudad de Turín ya ha tenido que actuar con maquinaria y los equipos municipales han usado una excavadora montada sobre una barcaza para levantar grandes masas de vegetación del agua.
El objetivo inmediato es mantener el río navegable y permitir su uso recreativo. De momento, los clubes de remo siguen entrenando, pero las manchas densas dificultan el avance y pueden engancharse a remos, motores y hélices.
Además, retirar tantas algas no es sencillo, ya que no basta con cortar las plantas, porque los fragmentos pueden generar nuevos brotes y arrastrarse aguas abajo. Es decir, hay que arrancar la vegetación de raíz.
De momento ya se han retirado más de 136 toneladas de algas y vegetación acuática con un coste aproximado de 100.000 euros.