Un agricultor aragonés jubilado es la única persona en España que sigue cultivando esta variedad de acelga amarilla autóctona
Aragón tiene la suerte de contar con variedades agrícolas autóctonas que merece la pena preservar. La mala noticia es que muchas de ellas sólo sobreviven gracias a la labor de pequeños agricultores que han guardado las semillas durante años.
Por ejemplo, eso es lo que ocurre con la acelga amarilla de Gelsa, una variedad local vinculada a este municipio zaragozano de la Ribera Baja del Ebro. Desde hace mucho tiempo ya no hay explotaciones que la mantengan, sólo una pequeña huerta.
En concreto la de José Usón Usón, un hortelano aragonés que mantiene viva una acelga de semilla propia, heredada de padres y abuelos, en un momento en el que el cultivo tradicional de la zona se ha vuelto testimonial.
La acelga amarilla de Zaragoza que sólo sobrevive gracias a un jubilado aragonés
Gelsa está aguas abajo de Zaragoza, en la margen izquierda del Ebro. Es un territorio con mucha historia y con una huerta que durante generaciones sostuvo parte de la alimentación cotidiana de sus vecinos. Eso ha cambiado.
El problema es que la agricultura ha optado por variedades de hortaliza más productivas, por lo que los productos autóctonos se están perdiendo. Eso es lo que comprobó Alimentación del presente tras recorrerse varios pueblos de la Ribera Baja del Ebro.
Al parecer, prácticamente lo único que mantiene viva la acelga amarilla aragonesa es el trabajo desinteresado de José Usón Usón en Gelsa. Y es que, después de jubilarse, ha seguido manteniendo las semillas que heredó de sus abuelos.
Por qué la acelga amarilla de Gelsa es una variedad de hortaliza tan especial de Aragón
La acelga amarilla de Gelsa destaca por su rusticidad, ya que se puede sembrar de febrero a noviembre, no necesita trasplante y permite ir recogiendo las hojas grandes a medida que la planta crece.
Además, se espiga poco, un rasgo fundamental para quien quiere mantener producción durante más tiempo. De hecho, para conservar la semilla, José deja que algunas plantas completen su ciclo y suban a flor.
Si lo piensas, estas características son las que ha mantenido viva la variedad en Aragón. Si nadie hubiera guardado la semilla, la acelga habría dejado de existir como cultivo real.
Aunque es muy resistente, la producción a gran escala era más difícil, por lo que prácticamente se ha perdido. Eso sí, si tienes la suerte de probarla vas a toparte con una acelga perfecta para comer hervida o con un refrito de aceite caliente y ajos. Antes se acompañaba con tocino blanco.
El problema de las semillas tradicionales que se quedan sin relevo en la agricultura española
En su día la huerta de Gelsa tuvo un papel importantísimo, con norias, acequias y después riegos modernizados capaces de abastecer más de 500 hectáreas. Sin embargo, la modernización del agua no ha traído el mismo relevo en las personas.
Lo cierto es que hoy ya casi no quedan hortelanos, la mayoría están jubilados y quienes todavía mantienen semillas autóctonas lo hacen únicamente por amor al arte.
Justamente eso es lo que hace que mantener viva la acelga amarilla de Gelsa sea casi un milagro. Puede parecernos sólo una semilla, pero también es el recuerdo de una manera de cultivar, cocinar y vivir.