Agricultura

Un agricultor cántabro conserva en un pueblo de 104 habitantes un tipo de cebolla única en España que heredó de sus abuelos

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Cebollas. Imagen de Ilona Frey en Pixabay.
  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

La necesidad de aumentar la productividad ha llevado a muchos cultivos de toda la vida a desaparecer. Por suerte, en España todavía se están recuperando variedades agrícolas de nuestros antepasados. En Cantabria acabamos de ver un nuevo ejemplo.

Concretamente, en Barcenillas, una pequeña localidad cántabra del municipio de Ruente, todavía resiste una variedad muy curiosa de cebolla: los cebollitos de Barcenillas, una escaluña local ligada a la comarca del Saja-Nansa.

No sólo es especial por su sabor, sino porque esta cebolla ha sobrevivido exclusivamente gracias a una tradición familiar vinculada a la huerta que se transmitió de padres a hijos.

La cebolla única que sobrevive en un pueblo de Cantabria gracias a un agricultor

Barcenillas se encuentra en la parte baja del valle, muy cerca del cauce del Saja. Es un pueblo pequeño, pero conserva un nombre propio dentro del patrimonio hortícola de Cantabria por una hortaliza que no se entiende sin su territorio.

Como recoge Alimentación del presente, todo se debe a Vicente Molleda y a su familia. Este agricultor heredó heredó de su madre la semilla y los saberes en torno a los cebollitos, una tradición que venía de sus abuelos y que todavía sigue viva.

Hay que tener en cuenta que durante el siglo pasado la ganadería era el principal sostén económico en la zona, pero las huertas también fueron esenciales para alimentar a las familias. Especialmente con el maíz, las patatas, las alubias, las cebollas y las coles.

Igual que ahora la inteligencia artificial marca el ritmo de la agricultura, en aquel entonces lo más fundamental eran las semillas. Circulaban entre vecinos, se compartían y pasaban de una generación a otra como parte de la herencia familiar.

Cómo se cultivan los cebollitos de Barcenillas en la huerta cántabra

La siembra de los cebollitos se realiza a comienzos de año, en los días de enero en los que el tiempo permite trabajar la tierra. El cultivo exige paciencia, selección y manejo tradicional, por lo que no está recomendado para inexpertos.

Los bulbos se colocan en surcos, separados unos 30 centímetros entre sí, y se cubren con una capa ligera de tierra. Después hay que quitar hierbas, esperar la lluvia y cuidar el terreno.

Gracias a ello esta variedad de cebolla destaca por su rusticidad, por necesitar poca mano de obra y por estar muy adaptados a la zona. No son una hortaliza pensada para ventas masivas, sino para seguir creciendo donde siempre lo hizo.

De todas maneras, el cultivo no se limita a Barcenillas. También se planta en localidades de los municipios de Ruente y Cabuérniga, aunque el nombre de Barcenillas funciona como referencia principal de esta escaluña.

Por qué una variedad de cebolla de un pueblo de 104 habitantes es una joya gastronómica

Resulta curioso comprobar que una cebolla ligada a un pueblo cántabro que difícilmente supera el centenar de habitantes ha llegado a ser un manjar de la región.

La razón es que tiene un alto valor culinario por la intensidad del sabor y por contener un ligero punto dulce; dos rasgos que explican su fama en los guisos y platos de cuchara.

Por ejemplo, una de sus aplicaciones más locales está en las alubias, donde los cebollitos ayudan a dar fondo y sabor. También se han usado en platos de carne, estofados y preparaciones de invierno en las que la cebolla no es un simple acompañamiento.

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