Zoología

Félix Rodríguez de la Fuente, zoólogo y divulgador naturalista burgalés: «El lobo se convirtió en un animal proscrito, fuera de la ley, cuando el hombre se hizo agricultor y pastor»

Félix Rodríguez de la Fuente
Félix Rodríguez de la Fuente con un lobo. Foto: captura del documental "El hombre y la tierra".
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Pocas figuras han marcado tanto la relación de los españoles con la naturaleza como Félix Rodríguez de la Fuente. Sus documentales, sus libros y sus programas de radio llevaron a millones de hogares la vida de especies que hasta entonces solo interesaban a cazadores, pastores y científicos.

Entre todas ellas, hubo una a la que dedicó una atención especial, como lo anticipan la imagen y el título de este artículo: el lobo. Y es que, en este sentido, el naturalista burgalés no se limitó a filmarlo y a criarlo. También intentó explicar de dónde venía su mala fama, siendo un animal perseguido durante siglos en la península.

Félix Rodríguez de la Fuente y «el gran animal proscrito»: ¿Qué quiso decir con esta frase sobre el lobo?

La cita procede de Fauna, la enciclopedia que el divulgador publicó con Salvat a partir de 1970, que vendió millones de ejemplares y se tradujo a catorce idiomas. El capítulo dedicado al lobo llevaba un título elocuente: El gran proscrito.

En esas páginas, el naturalista planteaba una idea que entonces chocaba con la visión dominante en el campo: «Todo parece indicar que, hasta la aparición de la agricultura y el pastoreo, el hombre y el lobo compartieron el hemisferio norte sin hacerse una verdadera guerra». A partir de ese momento, escribía, «el lobo se convirtió en un proscrito, en un animal fuera de la ley».

¿Y cuál era el razonamiento aquí? Pues, bastante sencillo. Mientras el ser humano vivió de la caza y la recolección, el lobo era un vecino más del paisaje. Cuando empezó a criar ovejas, cabras y vacas, cada ataque se convirtió en una pérdida económica.

Entonces, según esta tesis, el conflicto no nace de la naturaleza del lobo, sino del cambio en la forma de vida humana.

A su vez, en la misma obra, el divulgador se quejaba de que «todo lo abominable, como la sed de sangre, la traición, la cobardía, se ha atribuido al lobo por la mente popular».

Frente a esa imagen, lo describía como un cánido «sumamente cooperativo, rígidamente jerarquizado» y con una inteligencia que, a su juicio, superaba a la de cualquier otro carnívoro salvaje.

Recordemos en esta línea que su conocimiento no era meramente teórico. Nacido en Poza de la Sal (Burgos) en 1928 y licenciado en Medicina por la Universidad de Valladolid, se formó en biología de manera autodidacta. En 1965 rescató a varios cachorros de lobo y llegó a convertirse en el líder de su manada, una experiencia que después trasladaría a la televisión.

Lo que dice la zoología de la frase de Félix Rodríguez de la Fuente

Más de cincuenta años después, la investigación sobre el origen del perro respalda a la perfección buena parte de su razonamiento.

Si retrocedemos en la historia, partamos de que el lobo fue el primer animal domesticado por el ser humano, y ese proceso comenzó hace al menos 15.000 años, durante la última glaciación, cuando nuestros antepasados todavía eran cazadores-recolectores.

03Una revisión del veterinario James Serpell (Universidad de Pensilvania), publicada en 2021 en Frontiers in Veterinary Science, sitúa esa domesticación al menos entre 4.000 y 5.000 años antes que la de ovejas y cabras.

Otro trabajo, dirigido por Maria Lahtinen (Autoridad Alimentaria de Finlandia y Universidad de Helsinki) y publicado en Scientific Reports, aporta una explicación de por qué esa convivencia fue posible. El ser humano no puede digerir grandes cantidades de proteína magra, mientras que el lobo sí. En los inviernos glaciales, sobraba carne que los cazadores podían compartir.

«Los perros primitivos y los humanos del Paleolítico no habrían competido por la comida durante los meses de invierno, críticos para la supervivencia», resume la investigadora al respecto.

A posteriori, el escenario cambió con el Neolítico. La ganadería surgió en Oriente Próximo hace más de 10.000 años y llegó a la península ibérica hace unos 7.500. Con los primeros rebaños, el lobo pasó de compañero de caza a amenaza para una propiedad.

Eso no significa que la convivencia anterior fuera idílica, ya que ambos cazaban las mismas presas. Pero no existía un rebaño que proteger, que es justo el matiz que subrayaba el divulgador.

De ser un «animal dañino» a una especie protegida: la concepción del lobo en España

La persecución de este animal en España tuvo respaldo legal durante más de un siglo. Las leyes de 1834 y 1902 premiaban la captura de los llamados animales dañinos, y una Real Orden de 1915 fijó las cantidades que los ayuntamientos debían pagar a quienes los mataban.

El 11 de agosto de 1953, un decreto del Ministerio de Agricultura obligó a crear en todas las provincias las Juntas Provinciales de Extinción de Animales Dañinos y Protección a la Caza, que repartían veneno y planificaban la eliminación de depredadores.

Solo entre 1955 y 1959, más de 200 lobos murieron en Cáceres y Granada, dos provincias donde hoy la especie ha desaparecido.

El cambio llegó con la Ley de Caza de 1970, que suprimió las recompensas e introdujo por primera vez el concepto de especie protegida. Ese mismo año, en Fauna, el naturalista calculaba que la población de lobos «en ningún modo superará los mil ejemplares». Muchos especialistas consideran que su trabajo ayudó a evitar la extinción de la especie en la península.

El último censo nacional, elaborado entre 2021 y 2024 por el Ministerio para la Transición Ecológica, contabiliza 333 manadas en España, un 12% más que en el recuento de 2012-2014. Aun así, la cifra queda lejos de las 500 que la Comisión Europea toma como referencia para considerar favorable su estado de conservación.

Félix Rodríguez de la Fuente, un defensor del lobo, pero que no le dio la espalda al pastor

Su defensa del lobo no le llevó a ignorar a los ganaderos. En un programa de radio de los años setenta, La aventura de la vida, respondió así a un pastor: «Si a ustedes el Estado no les puede indemnizar lo que los lobos destruyen en sus ganaderías, ustedes no solamente tienen el derecho, sino la obligación de destruir esos lobos».

Como se aprecia, su propuesta pasaba por un fondo de compensación para los ganaderos, similar al que funcionaba en Italia con donaciones privadas, o por trasladar a los lobos a zonas donde no causaran daños.

Actualmente, ese debate sigue abierto. En abril de 2025, la Ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario sacó al lobo del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE) al norte del Duero, lo que abrió la puerta a su control en esas regiones.

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