Las cintas del espionaje a Bárcenas (1)

Villarejo al topo de la ‘Kitchen’: “Sólo he podido conseguirte diez de 500 euros”

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Sergio Ríos Esgueva, el chófer de Luis Bárcenas de la operación Kitchen, que colaboró de topo en el espionaje al tesorero del PP, cobraba sus servicios en billetes de 500 euros. OKDIARIO dispone de las pruebas sonoras que demuestran que el infiltrado de la Policía recibía, mensualmente, de la mano de José Villarejo fondos de la caja de los fondos reservados de Interior como contraprestación a sus servicios. El caso Kitchen es una de las piezas ya concluidas del sumario Tándem, que salpica al comisario y a otros altos cargos policiales y del Ministerio del Interior del Gobierno de Mariano Rajoy.

En uno de sus encuentros con Sergio Ríos, a quien dentro de la policía conocían en clave como “El Moro” o “El Gitano”, Villarejo registró en una mini grabadora o en su móvil iPhone -solía usar uno u otro método, indistintamente- cómo realizaba la entrega del dinero. El encuentro se producía el 9 de octubre de 2014, en una mañana lluviosa en Madrid y el discurrir de la conversación delataba que Villarejo era el encargado de pagar al chófer, también conocido como “El Cocinero”, por sus servicios como infiltrado.

Un día antes de la grabación del encuentro con el chófer, Villarejo había anotado en su agenda: “SERGI LB Vernos 13:30. Aprieta, ya tiene fotográfica de BIG y dice que tiene foto de 2 cuadros, uno de ellos (el que dijo que lo devolvieron de 300.000). Llamará estos días”.

La cita, por supuesto, se efectuó porque Villarejo debía cumplimentar el pago de la mensualidad del chófer correspondiente a septiembre. En un momento de la conversación, Villarejo, que se presentaba al conductor y escolta bajo el seudónimo de “Tony”, extrajo del bolsillo de su chaqueta un sobre con dinero.

-Villarejo: Vamos a cerrar el tema que es lo importante. Que no se me olvide porque si no me lo gasto en señoras malas. Toma… Toma…

Se produce un silencio, mientras Villarejo va repartiendo los billetes y Ríos permanece callado mientras los recoge. Cuando le entrega el último, el comisario le pide que le firme el “recibí”. Durante el registro en el domicilio de Villarejo tras su detención en noviembre de 2007 los agentes de la Unidad de Asuntos Internos encontraron los recibos firmados y fechados por el chófer de Bárcenas.

-Villarejo: ¿Fecha?

-Ríos: ¿La de agosto? No, la de septiembre.

-Villarejo: Estamos en octubre. La de septiembre.

-Ríos: ¿Pongo la fecha?

-Villarejo: Sí, sí, la fecha de hoy.

-Ríos: Nueve.

El chófer se refería al 9 de octubre de 2014, la fecha del encuentro entre Ríos y el controlador de la Policía.

-Villarejo: No te he podido conseguir nada más que diez de 500, tronco, es que no hay… La puta es que… Mira que se lo digo…

-Ríos. Lo que le gustaba a esta señora, el pitufeo. No te preocupes. Estoy acostumbrado.

-Villarejo. Búscate la vida para el cambio.

-Ríos: Ya conozco un par de bancos.

Y cuando mencionaba a “la señora” y “el pitufeo” se refería, sin duda, a Rosalía Iglesias, la esposa de Bárcenas, de la que fue su chófer mientras el tesorero del PP permaneció en prisión. Ella pagaba parte de su servicio en metálico y en pequeñas cantidades. El “pitufeo” es una expresión que representa una de las variedades de lavado de dinero de los narcos, por la que se mueven en metálico pequeñas cantidades -de ahí “pitufeo”, por los diminutos personajes azules de los dibujos animados de la televisión- para escapar al control policial.

48.000 euros de fondos reservados

Como ya adelantó OKDIARIO, en exclusiva, el 8 de noviembre de 2018, el chófer-espía, además del exiguo salario de los Bárcenas, cobró de la Policía durante dos años -2013 y 2014- la cantidad de 48.000 euros, a razón de dos mil euros al mes. Ríos, que había sido militar y conductor de otros políticos del Partido Popular por recomendación de Génova, proporcionó al Ministerio del Interior, según las investigaciones judiciales, información de gran valor y el acceso a los inmuebles del ex tesorero del PP.

Bárcenas permaneció en la cárcel de Soto del Real desde junio de 2013, cuando el juez Pablo Ruz decretó su prisión por cuatro delitos fiscales, hasta enero de 2015. En total, veinte meses. Cuando el ex tesorero del PP regresó a su hogar el chófer Ríos Esgueva ya había desaparecido del entorno familiar de los Bárcenas.

Villarejo cumplió su promesa y lo enchufó en la Policía por sus servicios prestados. Una nueva vida comenzaba para quien había sido vigilante jurado y conductor de varios altos cargos del Partido Popular. Ríos Esgueva aprobó con la peor nota las oposiciones al Cuerpo Superior de Policía y realizó el curso de dos años en la Academia de Ávila, donde nunca se significó como un alumno aventajado.

Las grabaciones en poder de OKDIARIO confirman la línea de investigación del magistrado Manuel García-Castellón, titular del Juzgado Central de Instrucción número 6: el comisario actuaba en nombre de la cúpula de Interior, la dirección de Génova estaba al tanto del operativo y el chófer Ríos mantenía un vínculo más estrecho con el policía Andrés Gómez Gordo, el mejor relacionado con la sede del PP.

También quedaba claro que el comisario recibía, previamente, instrucciones del secretario de Estado, Francisco Martínez, para actuar de intermediario en la misión de seguimiento a Bárcenas a fin de recuperar los documentos que, supuestamente, guardaba de la contabilidad interna y de la caja B del Partido Popular. El número dos de Interior figuraba en las agendas de Villarejo, incorporadas en el sumario del caso Tándem, con el sobrenombre de “Chisco” por su nombre de pila, Francisco.

Cuando Villarejo pagaba al conductor, a lo largo de 2013 y 2014, el comisario formaba parte como agente encubierto del staff de la Dirección de la Policía, cuyo responsable era Ignacio Cosidó. Orgánicamente, Villarejo formaba parte de la Dirección Adjunta Operativa del Ministerio del Interior. El policía no se jubiló hasta el verano de 2016.

Villarejo, al descubierto

Villarejo estaba quemado porque, tras la guerra de comisarios, sus enemigos en la Policía filtraron datos sobre él e, incluso, los servicios secretos facilitaron una imagen suya cuando se disponía a participar en una misión secreta en Marruecos junto a su compañero y jefe del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), José Luis Olivera. A raíz de esa “canallada”, como la calificaron fuentes policiales, el agente encubierto quedó sobreexpuesto. Perdía su condición de “oscuro, anónimo, discreto y desaparecido oficialmente”, como definió el propio Villarejo su trabajo.

La cifra de 2.000 euros, facilitada por Villarejo a Ríos, coincidía con la pactada con el chófer para espiar a Bárcenas. El conductor comenzó a trabajar para Bárcenas en febrero de 2013. Meses después, el 11 de julio de 2013, Villarejo se refería en una anotación en su agenda a una reunión que había mantenido con el entonces secretario de Estado, Francisco Martínez: “Plan contra LB. Interv, comunicaciones, registros y citación de mujer e hijo”. Las agendas del ex comisario fueron intervenidas en su domicilio por los agentes de la Unidad de Asuntos Internos (UAI) durante su detención en noviembre de 2017.

En octubre de 2013, el chófer consiguió las primeras pruebas contra Bárcenas: el contenido de un móvil de Bárcenas y otras evidencias. La información fue volcada por los agentes policiales en una cafetería próxima al domicilio del ex tesorero.

Las investigaciones judiciales y las declaraciones de los imputados daban por hecho que el espionaje a Luis Bárcena había comenzado a mediados de 2013 después de que el ex tesorero declarara ante el juez de la Audiencia Nacional sobre sus notas de la “contabilidad b” del PP y, seguidamente, ingresara en la cárcel. La captación del chófer para su infiltración llevó un tiempo.

Durante toda la misión de infiltración, Sergio Ríos estuvo plenamente convencido de que participaba en una operación legal. Incluso, en la grabación obtenida por OKDIARIO le comenta a Villarejo: “A mí me dieron un sabio consejo: no te pilles las manos en ningún delito sin que te lo manden ellos. Si te lo mandan, ellos tendrán que cumplir”. Estaba persuadido por varios motivos: por la importancia de los comisarios que daban las órdenes, por el manejo de fondos reservados para financiar su participación y por el compromiso del Ministerio del Interior de aprobarle la oposición para ingresar en el Cuerpo Nacional de Policía.

El abogado del chófer de Bárcenas, Javier Vasallo, destacaba en uno de sus escritos ante la Audiencia Nacional que tenía “el pleno convencimiento” de que su cliente durante sus actuaciones jamás dudó de su participación como confidente en una misión policial, legal, conectada a las investigaciones del caso Gürtel que seguían abiertas.

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