Investigación

Un mosso habló 4 minutos por teléfono con el terrorista de La Rambla dos horas antes de la matanza

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Los heridos se agolpan en Las Ramblas de Bafcelona tras el terrible atropello masivo que acabo con la vida de, al menos, 13 personas. Foto: EFE
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Un agente de los Mossos d’Escuadra conversó durante cuatro minutos con Younes Abouyaaqoub, el terrorista yihadista que atropelló y asesinó a 14 personas en las Ramblas de Barcelona, dos horas antes del atentado. La llamada del funcionario de la policía autonómica al móvil del autor de la matanza fue realizada sobre las tres de la tarde desde una extensión a través de la centralita de una delegación de ese Cuerpo en la Ciudad Condal.

Según los cálculos de los investigadores, en el momento de la llamada, el joven marroquí de 22 años, autor del segundo atentado más sangriento en Cataluña, tras la acción terrorista de ETA en Hipercor en 1987, se encontraba conduciendo la furgoneta FIAT Talento por la circunvalación de Barcelona. El yihadista, como se supo más tarde, había cambiado de vehículo tras sufrir una avería otra de las furgonetas alquiladas.

Con la furgoneta realizó un atropello masivo durante más de 500 metros en la zona central de las Ramblas. Después huyó por el Mercado de la Boquería y, en su fuga, asesinó a otra persona para sustraerle su automóvil. Horas después era abatido a tiros por los Mossos.

Los agentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado, que investigan el atentado bajo la dirección del titular del Juzgado Central de Instrucción número 4 de la Audiencia Nacional, dieron con la llamada realizada desde la Comisaría de los Mossos tras repasar el registro de los movimientos telefónicos del móvil del terrorista. Se trata de una práctica policial rutinaria que sirve para reconstruir los pasos de los autores de los delitos.

En el caso del autor del atentado los investigadores trataban de acotar los movimientos de los integrantes de la célula yihadista para así poder identificar a las personas con las que se había comunicado antes y después del atentado. A través del móvil los expertos antiterroristas pensaban conseguir la desarticulación de toda la trama yihadista.

De ahí su estupefacción cuando, verificando los números de las llamadas recibidas en el móvil de Abouyaaqoub, los agentes se toparon con un número fijo ubicado en la zona centro de Barcelona. Y, lo más sorprendente, el número pertenecía a un teléfono oficial de los Mossos.

Los agentes, por orden del magistrado Fernando Andreu y, por razones obvias sin el conocimiento de los Mossos hasta que no se resolviera aquel entuerto, realizaron sus pesquisas en secreto. Sin embargo, cuando intentaron dar con la extensión para identificar al funcionario que, supuestamente, podía haber llamado al terrorista se encontraron con la mala noticia de que en el sistema de centralita no facilitaba esa función.

Las investigaciones, que siguen bajo el secreto sumarial, tienen como uno de sus principales cometidos reconstruir los pasos de Abdelbaki Es Satty, el imán del Ripoll y cerebro de la célula yihadista, y los del resto de los activistas: viajes al extranjero, contactos, colaboradores, el uso de los teléfonos móviles, movimiento de dinero…

Causa y efecto de una simple llamada

De entre las muchas preguntas que quedan por aclarar sobre el atentado, destacan la de ¿por qué o para qué llamaron al terrorista yihadista desde una sede oficial de los Mossos un par de horas antes de la masacre?. La respuesta sólo la tiene el responsable de la llamada o el jefe de quien pudo recibir la orden. Porque el terrorista murió abatido a tiros por los Mossos el 19 de agosto, dos días después de la matanza, y cualquier otra explicación se la llevó a la tumba.

Entre tanto, los expertos antiterroristas barajan varias hipótesis sobre las causas que llevaron a los Mossos a marcar el número del móvil de Abouyaaqoub:

La primera y más coherente. Que el número del terrorista figurara entre los papeles encontrados en el chalé de Alcanar, en Tarragona, tras la explosión del 16 de agosto, donde fallecieron cuatro yihadistas, entre ellos el imán de Ripoll, supuestamente, debido a un accidente mientras fabricaban las bombas. Un mando de la policía autonómica pudo ordenar a uno de sus subordinados que realizara una llamada de chequeo y verificación del número telefónico con tan mala suerte de que fuera respondido por el terrorista que preparaba el atentado. De ahí que fuentes policiales no descartan que Abouyaaqoub, una vez viéndose descubierto por la chapuza policial, se apresurara a cometer el atentado.

Es algo que nunca sabremos porque el terrorista fue abatido a tiros en Subirats por agentes de los Mossos sin darle la oportunidad de entregarse. La versión oficial señaló que lo acribillaron a balazos porque el yihadista, con un gesto provocador, se quitó la camisa y mostró un cinturón con explosivos, que luego resultó falso.

La respuesta tan expeditiva de los agentes de la Policía de la Generalitat contra Abouyaaqoub y otros yihadistas lleva a algunas fuentes policiales a preguntarse si aquella respondía a la metedura de pata de ese Cuerpo. Las mismas fuentes mantienen que con la llamada, sin quererlo, los Mossos habían alertado al asesino. “Ante una situación tan desestabilizante lo mejor es no dejar testigos”, declararon a OKDIARIO.

¿Era el terrorista confidente de los Mossos?

La segunda. Si la primera opción raya los límites de la chapuza policial, ésta sería aún más dolosa para los Mossos. Establece que el terrorista Abouyaaqoub podría ser un confidente de la policía autonómica y recibiera una llamada de su agente controlador para preguntarle sobre la explosión en el chalet.

No sería la primera vez que un confidente se les va de las manos a las Fuerzas de Seguridad mientras se desenvuelve en un doble juego: el de un informante infiltrado en las redes terroristas que, aunque colabora con las fuerzas policiales, no renuncia a sus postulados yihadistas. Existen muchos arrepentidos o confidentes que trabajan de doble agente por dinero o para conocer desde dentro los movimientos de la Policía. Así ocurrió en el 11-M en el que algunas traiciones acabaron con la vida de 190 personas.

Y, en tercer lugar, la explicación más dañina, aunque objetivamente la menos probable. Según los investigadores, los terroristas dispondrían de un topo dentro de la policía autonómica que habría realizado una llamada de alerta. Un chivatazo en toda regla.

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