Sánchez está más cerca de los ayatolás que de la libertad
No hace falta ser un perspicaz analista para llegar a una conclusión: que la posición adoptada por el Gobierno de España en las últimas y altamente relevantes actuaciones de Donald Trump en Gaza, Venezuela o Irán se han saldado siempre con la misma cantinela: que lo hecho porque el presidente de Estados Unidos vulnera la legalidad internacional, olvidando que el terrorismo palestino, la dictadura venezolana y el régimen tiránico iraní se han pasado la legalidad internacional y el respeto a los derechos humanos por sus respectivas entrepiernas. Eso sí, sin que el Gobierno de Pedro Sánchez hiciera nada por contribuir a que la libertad se abriera paso en Gaza, Venezuela o Irán. Más bien todo lo contrario.
La decisión del Ejecutivo de no permitir que las bases de Rota y Morón fueran usadas por Washington para atacar a Irán es un burdo intento por excitar los ánimos de una izquierda que ha perdido el oremus y que lleva demasiado tiempo más cerca de los verdugos y carceleros del mundo que de las víctimas.
Pretende así marcar distancias con Trump, pero en cada sobreactuación lo que hace es distanciarnos de la UE y situarnos en las posiciones del Grupo de Puebla, esa cosa que presume de ser la referencia del progresismo mundial y que, en realidad, es el cobijo del populismo más desnortado del planeta. Ahí nos ha colocado Pedro Sánchez y ahí está España perdiendo crédito a chorros.
No va a salirnos gratis, porque abanderar posiciones contrarias a las democracias más asentadas va a pasarnos factura -en realidad, ya nos está pasando-. Ver a Pedro Sánchez erigido en Pepito Grillo de la izquierda más reaccionaria nos coloca en el lado oscuro de la historia y representa toda una amenaza para los intereses nacionales. Es lo que tiene estar más cerca de los ayatolás que de la libertad. Que te toman la matrícula.