Muere el disidente cubano Luis Miguel Oña, de 27 años, tras días agonizando en las celdas del castrismo
Las organizaciones de derechos humanos denuncian un patrón de negligencia médica y torturas en las cárceles de Cuba

El preso político cubano Luis Miguel Oña Jiménez, de 27 años, ha fallecido días después de ser excarcelado tras sufrir una isquemia cerebral, según ha denunciado la organización Prisoners Defenders este domingo 15 de febrero. La ONG ha destacado que su muerte es parte de los «asesinatos encubiertos bajo la tutela del Estado», y ha señalado que se trata de una práctica sistemática del régimen cubano: deteriorar la salud de los presos políticos y excarcelarlos cuando ya saben que van a morir.
Detención tras las protestas del 11J
Oña Jiménez fue detenido el 12 de julio de 2021, a los 23 años, tras participar en las manifestaciones populares conocidas como 11J en La Habana, las más grandes contra el gobierno desde el “Maleconazo” de 1994. Estas protestas se desencadenaron por la crisis sanitaria derivada de la pandemia de COVID-19, la escasez de alimentos y medicinas, y las restricciones a la libertad de expresión y de reunión en Cuba. Por su participación, fue condenado a 12 años de prisión por el delito de sedición.
Deterioro de la salud en prisión
Durante su encarcelamiento, Oña Jiménez, paciente de VIH/SIDA, estuvo recluido en la prisión de Panamá, en Güines, donde sufrió una isquemia que lo dejó paralizado de boca, manos y pies. Su salud se deterioró de manera grave debido a la falta de atención médica y, según denuncias familiares, también sufrió torturas y maltratos.
Falta de atención médica
Recientemente, el joven había recibido una licencia extrapenal. La familia sostiene que la medida no respondió a criterios humanitarios genuinos, sino a la intención de que falleciera fuera de la prisión. Tras ser trasladado brevemente al Hospital Julio Trigo, fue enviado nuevamente a su domicilio sin recibir la atención médica especializada que requería, donde falleció tres días después. Su madre, Ivón Oña, denunció que “lo enviaron a casa para que falleciera allí, sin el tratamiento que necesitaba”, evidenciando la precariedad médica que enfrentan los opositores dentro y fuera del sistema penitenciario.
Patrón de violaciones de derechos en Cuba
El caso de Oña Jiménez se suma a los reportes documentados por organizaciones de derechos humanos sobre el trato a los presos del 11J. En 2025, la ONG internacional Human Rights Watch presentó el informe “Cuba: manifestantes relatan abusos en prisión”, basado en entrevistas a 17 excarcelados. Según HRW, los detenidos fueron “golpeados y sometidos a régimen de aislamiento como forma de castigo” y describieron condiciones carcelarias insalubres, con acceso insuficiente a alimentación y agua. Los exreclusos permanecen bajo vigilancia constante y algunas restricciones parecen haber sido impuestas informalmente; al menos tres de ellos han sido detenidos nuevamente.
Prisoners Defenders advierte que la muerte de Luis Miguel Oña Jiménez refleja un patrón recurrente: deterioro deliberado de la salud de los presos políticos, seguido de excarcelaciones tardías cuando su muerte es prácticamente inevitable. La organización califica esta práctica como una forma de asesinato encubierto bajo la tutela del Estado.