Arqueología

Los restos de 52 animales en el yacimiento del Turuñuelo revelan cómo era la gestión ganadera hace 2.500 años

Huesos, animales, esqueletos
Huesos de animales.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Casas del Turuñuelo (Guareña, Badajoz) es un edificio clausurado hace 2.500 años que ha destacado durante años como centro político y religioso de la zona, con hallazgos que van desde tesoros y objetos de lujo hasta huesos de animales depositados en su patio.

El estudio liderado por Silvia Valenzuela-Lamas explica de dónde salieron tantos animales y qué dice eso sobre la ganadería y la organización social de la época.

Así se cuidaban y se seleccionaban los animales en Casas del Turuñuelo hace 2.500 años

Según los datos disponibles, se identificaron al menos 52 animales sacrificados, con una mayoría clara de équidos. El equipo analizó 23 dientes de 19 individuos (12 caballos y una burra, además de vacas y caprinos) y siguió el rastro químico que dejó su vida: estroncio para el origen geológico, carbono para la dieta y oxígeno para el agua y el clima.

Los caballos no procedían del propio entorno de Casas del Turuñuelo. El análisis del estroncio en sus dientes indica que la mayoría se crió en otra zona, probablemente en la parte occidental del valle del Guadiana, en un área que hoy correspondería a los alrededores de Mérida y Badajoz.

Los análisis también muestran que los caballos recibieron un cuidado constante. Los valores isotópicos apenas varían a lo largo del diente, lo que indica un acceso estable al agua durante todo el año y una dieta regular. No eran animales reunidos a última hora, sino que llegaron al sacrificio en buenas condiciones.

Por otro lado, vacas y ovejas o cabras presentan un caso distinto, pues sus datos reflejan cambios frecuentes en la alimentación y en el agua consumida, propios de un pastoreo más abierto y local en el entorno del Guadiana.

Cómo se llevó a cabo el sacrificio en Casas del Turuñuelo

El sacrificio se estima que fue un acto planificado y escalonado, no un episodio aislado. Los caballos se colocaron en el patio del edificio y fueron sacrificados allí mismo, sin señales de consumo. Sus esqueletos aparecieron completos y en posición anatómica, lo que indica que no se aprovecharon como alimento y que su función fue estrictamente ritual.

Estos animales tenían un valor simbólico muy alto. Se trataba de machos adultos y sanos, seleccionados de forma deliberada. Renunciar a ellos y enterrarlos sin aprovechar su carne supuso una demostración clara de poder económico y de prestigio social por parte de quienes organizaron el cierre del edificio.

Por otro lado, con vacas, cerdos y ovejas la práctica fue distinta. En sus huesos aparecen cortes de carnicería y restos de fuego, señales de que fueron consumidos.

Qué sentido tuvo el sacrificio

Aunque parezca una exageración desde la mirada actual, en su tiempo este ritual tuvo un sentido muy concreto. Sacrificar decenas de caballos jóvenes y no consumir su carne funcionó como una demostración pública de poder, pues la élite local mostraba que podía prescindir de animales de enorme valor económico y simbólico.

El gesto tuvo también una lectura religiosa. Al ofrecer los animales completos, los tartesios entregaban su valor íntegro a las divinidades, en un acto ligado a la protección del grupo o al agradecimiento por la prosperidad alcanzada.

Tras el banquete y el sacrificio, el edificio fue incendiado y sellado bajo un gran túmulo de arcilla del Guadiana. El cierre pudo responder a un momento de cambio, tensión o reorganización dentro de la comunidad.

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