La mentira histórica que seguimos creyendo hoy
La historia de la Tierra plana es un ejemplo perfecto de cómo una narrativa con chispa puede nublar la evidencia más cierta.
La Tierra, ¿es plana o redonda?
¿Qué ocurriría si la Tierra fuera plana?
¿Cuántos españoles creen que la Tierra es plana?

Hay historias que aprendemos en el colegio y se nos quedan grabadas para siempre. Las repetimos casi en automático, como si fueran verdades absolutas. ¿Demostró Colón que la Tierra no es plana? Tiene todos los ingredientes de una buena narrativa: ignorancia colectiva, una institución cerrada de mente, un genio adelantado a su tiempo y una hazaña épica que cambia la historia. Es casi perfecta para una película. El problema es que, históricamente, no es correcta.
El principio del pensamiento
Mucho antes de que Colón se subiera a una carabela, ya había personas que sabían que la Tierra era esférica. Y no estamos hablando de una intuición vaga. En el siglo III a. C., el matemático griego Eratóstenes no solo defendía que la Tierra era redonda, sino que calculó su circunferencia con bastante precisión usando algo tan sencillo como sombras y geometría básica. Literalmente midiendo el ángulo del Sol en dos ciudades distintas. Sin satélites. Sin tecnología moderna. Solo observación y matemáticas.
Más adelante, filósofos como Aristóteles aportaron argumentos adicionales. Observó que durante los eclipses lunares la sombra de la Tierra era curva. Y si la sombra es curva desde cualquier ángulo, es porque el objeto que la proyecta también lo es. No parece magia. Es razonamiento lógico.
La polémica Edad Media
Llega la Edad Media. Lejos de “olvidarse” ese conocimiento, muchos pensadores medievales lo conservaron. En el mundo islámico y en Europa se estudiaban textos clásicos. En universidades medievales se enseñaba cosmología basada en modelos esféricos. La idea de la Tierra redonda no era una locura marginal. Era, para los estudiosos, algo bastante asumido.
¿Significa eso que absolutamente nadie pensaba que la Tierra fuera plana? No. Siempre hay creencias diversas. Pero no era la postura dominante entre quienes estudiaban el tema. No era el gran consenso ignorante que muchas veces imaginamos.
Del mundo medieval a Colón
Entonces, ¿de dónde salió esa imagen de una Edad Media convencida de que el mundo terminaba en un precipicio? En gran parte, del siglo XIX. Algunos autores de esa época quisieron presentar la Edad Media como una etapa oscura, casi anti intelectual, para contrastarla con el supuesto “despertar” científico moderno. En ese relato, Colón encajaba perfectamente como símbolo del progreso enfrentándose a la superstición.
Pero lo cierto es que el debate en 1492 no era si la Tierra era plana. El debate era cuánto medía realmente. Colón creía que Asia estaba mucho más cerca navegando hacia el oeste de lo que realmente estaba. Subestimó el tamaño del planeta. Muchos expertos de su tiempo no dudaban de la forma esférica, sino de que el viaje fuera viable con los barcos y provisiones disponibles.
La historia real
La historia real, en cambio, es desordenada. Llena de matices. Con avances graduales, discusiones técnicas y acumulación de conocimiento. Mucho menos cinematográfica, pero infinitamente más rica.
Y esta no es la única “mentira cómoda” que repetimos. La historia está llena de relatos simplificados que convierten procesos complejos en cuentos casi infantiles. Personajes que se transforman en héroes perfectos o villanos absolutos. Periodos enteros que se etiquetan como “oscuros” o “brillantes” sin demasiados matices.
La realidad casi nunca es así. Además, esta simplificación tiene consecuencias. Si creemos que el pasado fue pura ignorancia y que el progreso aparece de golpe gracias a individuos iluminados, perdemos de vista algo fundamental: el conocimiento humano es acumulativo. Nadie surge en el vacío. Colón no inventó la idea de la esfericidad terrestre. Trabajó sobre siglos de pensamiento previo.
Cuestionar este mito no significa quitarle importancia a la exploración oceánica ni negar el impacto histórico de 1492. Significa entenderlo mejor. Separar la narrativa épica de la evidencia histórica.
Una mentira repetida puede considerarse verdad
También nos deja una lección bastante actual. Si una idea puede repetirse durante siglos sin ser del todo correcta, ¿cuántas otras cosas damos por sentadas hoy? No para desconfiar de todo, sino para mantener cierta curiosidad activa.
Porque la historia no es un bloque rígido e intocable. Es una conversación constante entre el pasado y el presente. Y cada generación revisa, matiza y ajusta lo que cree saber.
Tal vez la verdadera enseñanza no sea solo que la Tierra no era considerada plana en la Edad Media. Tal vez la lección sea más amplia: desconfiar de las historias demasiado perfectas. Cuando algo suena excesivamente redondo, quizá conviene mirarlo dos veces.
Conclusión…
La próxima vez que escuches que Colón “demostró” que la Tierra era redonda frente a una masa que creía en un abismo, recuerda que la realidad fue más técnica y menos dramática. Más cálculo y menos precipicio. Más discusión sobre distancias que sobre forma.
Y eso no hace la historia menos interesante. Al contrario. La hace más humana. Más compleja y real. Porque entender el pasado con matices no le quita magia. Le añade profundidad.
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