Imperio de Japón

Los investigadores no se lo creen: descubren una mítica ruta de comercio medieval en mapas secretos del ejército

Investigadores de la Universidad de Johns Hopkins y Stanford han redescubierto la Gran Ruta de Mongolia utilizando mapas militares japoneses secretos
Investigadores de la Universidad de Johns Hopkins y Stanford han redescubierto la Gran Ruta de Mongolia utilizando mapas militares japoneses secretos
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El ejército japonés trazó entre 1873 y 1945 una serie de mapas secretos que, tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial, el mando nipón ordenó reducir a cenizas. Esta documentación ha permitido al doctor Chris McCarthy, quien pertenece a la Universidad Johns Hopkins (concretamente a la Escuela de Artes y Ciencias Zanvyl Krieger), localizar ahora la Gran Ruta de Mongolia, una red comercial masiva que cruzaba el desierto del Gobi.

Aquellos trazados militares, los gaihōzu, funcionaban como una ruta de comercio que hasta hoy carecía de pruebas físicas. El impresionante hallazgo detalla una infraestructura de caravanas que operó en paralelo a la modernización.

La histórica ruta de caravanas revelada por los mapas del ejército japonés

La red de transporte que conectaba el este y el oeste de Asia era un sistema logístico perfectamente estructurado que ahora conocemos gracias a estos mapas del ejército japonés. Según publica el medio especializado Phys, los investigadores han logrado documentar por primera vez esta ruta de comercio que funcionaba como una alternativa norte a los recorridos tradicionales de la Ruta de la Seda.

Panel del mapa Gaihōzu. Crédito: McCarthy et al. 2026.

Estos mapas del ejército japonés, que forman parte de la colección digital de las Bibliotecas de la Universidad de Stanford, han permitido identificar una infraestructura completa que se extiende a lo largo de 1.215 kilómetros en el sur de Japón y Mongolia. En este trayecto, se han localizado 50 puntos que incluyen pozos de agua, monasterios y asentamientos, situados estratégicamente a unos 24 kilómetros de distancia entre sí.

El comercio en la época de los mapas secretos japoneses

Para entender la dureza de este camino, hay que mirar las notas de Owen Lattimore, cuyas crónicas del siglo XX coinciden punto por punto con los datos de los mapas secretos. El comercio en esta ruta de comercio no era apto para impacientes, ya que las expediciones pesadas tardaban hasta 120 días en completar el recorrido, mientras que las caravanas rápidas o «express» reducían el tiempo a 90 días bajo promesas de entregas garantizadas.

En cuanto a las mercancías, todo apunta a que el viajaba desde China hacia el oeste, mientras que en sentido contrario, hacia el este, circulaban bienes típicos de las estepas como lana, pieles y ganado. En la cueva de Khurdent, por ejemplos, se encontraron inscripciones de comerciantes que buscaban «triplicar sus beneficios».

La huella física de la ruta comercial secreta en el paisaje

El trabajo de campo realizado por McCarthy y su equipo, basado en los datos publicados en la revista especializada Journal of Historical Geography, ha permitido verificar que la precisión de los cartógrafos japoneses era asombrosa.

Al recorrer la zona, los científicos encontraron marcas reales en el terreno; en Khalkhiin Ulaan Davaa, por ejemplo, los lugareños señalaron depresiones en la tierra causadas por el paso continuado de miles de camellos durante cientos de años.

Este corredor se internaba en Xinjiang hasta conectar con redes que llegaban a Persia y Europa. Los herederos de las tradiciones orales de la zona han sido piezas fundamentales para confirmar nombres de lugares que figuraban en los documentos de hace más de cien años.

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