Conmoción entre los arqueólogos tras hallar en el fondo del mar cuencos de hace 900 años casi intactos
En la costa oeste de Corea del Sur, se ha hecho un hallazgo histórico impresionante. Un equipo de arqueólogos que trabajaba en las aguas de Taean ha encontrado algo que pone a prueba la lógica del fondo marino. Bajo las densas capas de lodo de las marismas, aparecieron decenas de piezas de cerámica del siglo XII que, contra todo pronóstico, lucen tan brillantes y pulidas como el día en que fueron creadas.
Este insólito tesoro está compuesto por un lote de cuencos de celadón de la dinastía Goryeo que han reposado en el fondo del mar durante casi un milenio. Su estado de conservación es tan excepcional que los expertos los califican como casi intactos. Los objetos, datados entre los años 1150 y 1175, han sobrevivido 900 años en un entorno que, lejos de destruirlos, los protegió.
¿Por qué estos cuencos antiguos se encontraban intactos en el fondo?
Aunque la apariencia tan prístina de estos objetos nos lleve a pensar en que se trata de fotografías hechas con inteligencia artificial, la respuesta es que son reales. Tal y como recogen medios como The Korea Herald, esto se debe a la geología del lugar. Los investigadores del Instituto Nacional de Investigación del Patrimonio Cultural Marítimo (NRIMCH) explican que las planicies de marea de Taean poseen un sedimento rico en arcilla que actúa como un sello hermético natural.
Al hundirse el barco, la carga quedó rápidamente encapsulada en una capa de lodo espeso y cohesivo. Este entorno anaeróbico, caracterizado por la falta de oxígeno, frena drásticamente la actividad microbiana y evita la descomposición de materiales orgánicos e inorgánicos.
Según datos aportados por Earth, este aislamiento protege la superficie de la cerámica de la abrasión y mantiene intacto el vidriado verde jade característico del celadón.
¿Cuántos cuencos casi intactos se hallaron en el fondo del mar?
El hallazgo de los arqueólogos consta de 87 piezas recuperadas, las cuales presentan una tasa de preservación cercana al 100 %. Hong Gwang-hui, investigador de la división de excavación subacuática, detalló que no fue necesario seleccionar las mejores piezas para la prensa, ya que todas emergieron completas.
Además, la forma en que estaban guardados jugó un papel crucial. Los cuencos viajaban apilados en fardos compactos, anidados unos dentro de otros, lo que protegió las piezas interiores de cualquier impacto externo durante el naufragio.
La importancia del terreno arcilloso para los arqueólogos
No todos los yacimientos submarinos ofrecen estas garantías. La diferencia entre un naufragio en Taean y uno en otras aguas coreanas es abismal, debido a la composición del lecho marino. Los expertos comparan este sitio con los hallazgos en las aguas de Sinchang-ri, cerca de la isla de Jeju. Allí, el fondo es rocoso y arenoso, un ambiente de alta energía donde las fuertes corrientes arrastran sedimentos que lijan y destruyen los objetos.
En esos entornos hostiles, la cerámica suele aparecer fragmentada, con incrustaciones marinas o con el vidriado desgastado por la fricción constante. Por el contrario, la arcilla de Taean inmoviliza los artefactos. Park Ye-ri, investigadora del instituto, destaca que el mayor enemigo de la cerámica sumergida no es el agua salada, sino el movimiento físico y el choque contra las rocas.
En este caso, al quedar atrapados en el fango, los cuencos permanecen estáticos y a salvo de las corrientes, preservando su belleza original durante siglos.
Próximos pasos en la investigación arqueológica coreana
Tras este enorme descubrimiento, los arqueólogos vieron indicios claros de que bajo el lodo podría esconderse el casco de un barco mercante aún no identificado, al que provisionalmente denominan ‘Mado 5’.
El objetivo ahora es localizar tablillas de madera o bambú entre los restos. Estas etiquetas, utilizadas antiguamente para el transporte de mercancías, funcionan como registros de envío que indican el origen, el destinatario y el tipo de carga. Encontrar estos documentos permitiría a los investigadores coreanos reconstruir con precisión las rutas comerciales de la dinastía Goryeo durante esa época.