Crisis del coronavirus

La residencia del horror: «Los ancianos con coronavirus compartían habitación con los no contagiados»

Manuel asegura que en la residencia de ancianos Monte Hermoso, donde reside su madre, conviven contagiados de coronavirus con otros que no lo están.

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Miércoles, 18 de marzo. El teléfono de Manuel suena alrededor de las dos de la tarde. Descuelga y al otro lado oye la voz de su madre. Tiene 75 años y está muy preocupada por las noticias que han salido en la prensa esa misma mañana. Al menos 17 compañeros de su residencia, la ‘Monte Hermoso’ de Madrid, han fallecido. Se los ha llevado el coronavirus.

«Se están llevando a un hombre en camilla, parece que es bastante mayor» le comenta la madre a su hijo. Desde que el pasado 5 de marzo se detectara el primer contagiado en la residencia madrileña no han dejado de enfermar los internos en un goteo de nuevos casos.

En la ‘residencia del horror’, como algunos denominan ahora al centro, se daban las condiciones necesarias para que, una vez detectado el coronavirus a un anciano, el resto fuese cayendo uno tras otro. Como en un siniestro efecto dominó. Dos semanas después del primer enfermo, el balance es estremecedor: al menos 17 fallecidos y más de 75 contagiados.

OKDIARIO ha podido conocer de primera mano la historia de Manuel, el hijo de una de las residentes del centro de mayores Monte Hermoso. Explica que la cifra de contagiados es simbólica porque sólo se ha realizado el test a los diez primeros sospechosos de contagio. Todos dieron positivo. «A partir de ahí observaron síntomas idénticos en otros ancianos y concluyeron que también están contagiados», explica el entrevistado. Sanidad ha dejado de hacer tests a quienes no están ingresados con una afección respiratoria aguda.

Juntos y revueltos

Manuel explica  apesadumbrado lo que le ha relatado su propia madre, a quien ahora no puede visitar. En la residencia conviven en la misma planta todos juntos: los que están infectados y los que no. No hay espacio para distinciones. La compañera de habitación de su madre ha comenzado a tener tos. Una tos que no anuncia nada bueno. «Las enfermeras dicen que posiblemente tenga coronavirus, pero no las han separado», asegura.

La distancia de su madre se le hace dura a Manuel. Pero por teléfono le ordena, casi le implora, que se «lave mucho las manos» y que mantenga la distancia de seguridad con su compañera de habitación. Pero se muestra poco esperanzado de que el patógeno pase de largo. «Es irremediable, tarde o temprano…» asevera con la voz temblorosa sin llegar a terminar la frase.

Explica el procedimiento que se les ha comunicado, que no es otro que esperar «a que vayan empeorando». Luego, de confirmarse lo temido, tocará llamada al SUMMA (Servicios de Urgencia Médica de la Comunidad de Madrid). «Estos deciden si se los llevan o no».

«Sácala, bajo tu responsabilidad»

El pasado domingo Manuel recibió una llamada del centro. Le informaron que, si lo deseaba, podía llevarse a su madre. Que la situación era insostenible. Estaban desbordados. El numero de contagiados no paraba de crecer, y si quería que su madre no fuera una más… «esa era la solución».

«Pero ¿eso es legal? ¿Puedo sacar a una persona de un foco de contagio sin saber si está infectada, porque no les hacéis las pruebas, en pleno estado de alarma?» preguntó Manuel. No supieron responderle.

Le aseguraron que le enviarían toda la información por escrito. Hasta este miércoles Manuel no ha obtenido respuesta alguna. Después del alarmante mensaje han intentado tranquilizarle diciéndole: «Ya sabemos quiénes están contagiados». Pero viven todos juntos. Todos terminarán infectándose. Por eso a Manuel no se le quita el nudo de la garganta esperando la llamada que espera no recibir nunca.

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