Pedro Sánchez confía en ganar las elecciones pero teme no poder gobernar
Sánchez estaría convencido de que el PSOE será la fuerza más votada pero sin tener la certeza de que esa victoria le vaya a permitir gobernar.
El candidato del PSOE a las elecciones generales de este domingo, Pedro Sánchez, se asoma a la jornada de reflexión previa al 28-A con la convicción de que ganará en las urnas pero albergando serias dudas de si el resultado obtenido le permitirá, finalmente, gobernar. Sánchez llegó a Moncloa tras la moción de censura que desbancó al Gobierno de Mariano Rajoy, apoyado en el peor resultado electoral de la historia de los socialistas que se hundieron, el 26 de junio de 2016 hasta los 85 escaños.
«Podemos ganar y amanecer con un gobierno de derechas», advertía Sánchez en sus intervenciones durante los últimos actos de campaña. Si bien los sondeos internos que manejan en Ferraz auguran una subida de votos para las formaciones de derechas, con un importante auge para Vox, lo que verdaderamente preocupa en el PSOE es la ligera recuperación de Unidas Podemos -favorecida por el tono moderado de las intervenciones de su líder, Pablo Iglesias, en diferentes medios de comunicación- en detrimento de los socialistas. Datos que, sin embargo, no llevarían a la formación morada a cosechar más allá del 13% de los apoyos.
Sánchez es consciente de que en las encuestas publicadas hace una semana, dado que la Ley Electoral prohíbe difundir sondeos en los últimos días de campaña, donde el PSOE se situaba en torno al 30 por ciento del total de votos emitidos y en horquillas de escaños que oscilaban entre los 115 y los 140 escaños, le eran muy favorables. Pero, también, que las mismas han variado sustancialmente tras sus intervenciones en los dos debates televisados, de donde no ha salido especialmente reforzado.
Por ello, y con el único objetivo de lograr el mayor número de escaños posibles para no depender en exceso de ninguna otra formación, el PSOE ha fiado su campaña a la tradicional estrategia del miedo para movilizar a su electorado y frenar un futuro Gobierno tripartito de derechas con PP, Ciudadanos y la «ultraderecha» de Vox.
Sánchez ha recurrido al ‘voto útil’ del miedo y el ‘mal menor’ como lemas de campaña. Asegura que sólo un gobierno socialista es garantía contra la «involución» de «las tres derechas».
Sánchez ha apostado por venderse como el mal menor ante los indecisos apelando a las emociones más primarias de los votantes y asegurando que un gobierno de otro signo, con Vox en las instituciones, sería una auténtica «involución». «Puede que haya incluso quienes al verme piensen ‘pues éste no me parece el mejor candidato, pero visto lo visto y escuchado lo escuchado es el único que tiene un proyecto cabal, sensato y moderado’» para el futuro de España, ha reiterado en muchas de sus intervenciones de estos 15 días de campaña.
En la dirección de su partido mantienen vivo el optimismo y consideran muy abierto el bloque contrario con la irrupción de Vox en el escenario político, lo que fragmentaría en su beneficio el voto de la derecha. Pero Sánchez prefiere ser cauto y ha apelado, en su discurso de cierre de campaña, al voto útil para movilizar a su electorado contra «las tres derechas».
Sea cual sea el resultado que obtengan mañana en las urnas, Sánchez tiene claro que la reedición de un gobierno socialista requerirá de pactos post electorales y de negociación con otras formaciones políticas entre las que se encuentran los partidos nacionalistas.
Posibles Pactos Postelectorales
La suma con Podemos, Compromís y PNV es la predilecta de los socialistas porque les permitiría gobernar en solitario. Aunque Sánchez no ha querido anticipar cuál será su política de pactos hasta conocer con certeza los resultados definitivos que consigan unos y otros el 28-A. Si algo no ha dejado de repetir con insistencia es que aspira a formar un Ejecutivo con destacados miembros del PSOE e independientes de reconocido prestigio, incluso ha deslizado que su voluntad de reeditar la mayor parte de los nombramientos ministeriales que su gabinete actual.
El descenso en número de escaños que sufrirán los de Pablo Iglesias, relegados al entorno de los 30 escaños, ha supuesto una posición de dominio de Sánchez para quien los de la formación morada no estarían en condiciones de exigir un Gobierno de coalición, con el consecuente reparto de carteras, sino que sólo podrían aspirar a pactar un programa de gobierno concreto.
Si la suma Unidas Podemos, Compromís y PNV no se consolidase, y tampoco lograse cuajar e bloque de derechas -con mayoría absoluta para PP, Ciudadanos y Vox- Sánchez no ha descartado la posibilidad de plantear opciones alternativas como un apoyo a su investidura junto con Ciudadanos o alcanzar la mayoría absoluta contando con el apoyo de los independentistas catalanes. Los de Oriol Junqueras, por su parte, han tendido la mano a Sánchez y se ofrecen a garantizar el apoyo de ERC a su Gobierno para evitar el auge de la «extrema derecha».
Sin embargo, de entre esos múltiples escenarios -que sólo se darían si PP, Ciudadanos y Vox no sumasen juntos- para el PSOE lo ideal sería sacar adelante una investidura de Sánchez con el apoyo de Ciudadanos antes que que con los independentistas, tal y como confirmaba recientemente el secretario de Organización de los socialistas, José Luis Ábalos. Este mismo jueves, era el propio Sánchez quien sugería la misma línea tras admitir que no es partidario de que la gobernabilidad de España «descanse en los partidos independentistas», porque «no son de fiar».
Si la formación de gobierno dependiera de los votos de estos últimos, en Moncloa se muestran pesimistas y consideran que España, en un empate técnico entre dos bloques, se vería abocada a la repetición de elecciones: «Si no conseguimos acordar siquiera un marco de diálogo, ¿cómo vamos a pactar una investidura?», argumentan los socialistas para justificar dicha posibilidad.