La rebaja de tipos supone un soplo de aire fresco para la economía de los Estados Unidos

Donald Trump
Donald Trump en una imagen reciente.
  • Francisco Coll

Ante la desaceleración que vive la economía en los Estados Unidos, así como la presión gubernamental ejercida, la Reserva Federal (FED) ha vuelto a la carga con los estímulos. Unos estímulos que cumplieron con las expectativas de los inversores, que esperaban nuevas rebajas en los tipos para este año. Expectativas que no se vieron completamente satisfechas para el Gobierno de los Estados Unidos, que sigue insistiendo a la propia FED de la necesidad de rebajar aún más los tipos para continuar con los crecimientos.

Para el Presidente Trump, las actuaciones llevadas a cabo por el Presidente de la FED no han sido las más oportunas. Especialmente cuando este, ante el fortalecimiento que experimentaba la economía norteamericana a principio de año, incrementaba los tipos con el fin de ir, gradualmente, retirando los estímulos a la economía. Unas políticas que desde la Casa Blanca se percibieron con un bloqueo innecesario al crecimiento económico en el país, que no se estaba viendo lo suficientemente estimulado.

Con esta rebaja, la FED realiza su segunda reducción de tipos en lo que va de año, a esperas de una tercera rebaja si la economía lo precisase. Para Powell, la economía estadounidense sigue comportándose bien, al menos en el contraste con el resto de economías que se encuentran inmersas en esa desaceleración económica global que mencionábamos. Sin embargo, si analizamos los crecimientos de forma objetiva, aunque muchos indicadores, entre los que se encuentra el empleo, siguen mostrando un buen avance, los crecimientos de la economía, como era de esperar, continúan moderándose; restando dinamismo a los crecimientos.

La FED, con esta rebaja, ha situado los tipos en una horquilla que oscila entre el 1,75% y el 2%. Una rebaja del coste del dinero que viene precedida, como decíamos, por la desaceleración que vive la economía y la baja presión inflacionaria que están viviendo las principales economías desarrolladas, en las que determinados economistas y un gran consenso ya hablan de la japonización de occidente. No obstante, uno de los detonantes con mayor impacto que ha provocado la nueva rebaja ha sido la fuerte caída que ha experimentado la demanda externa en el país.

Las exportaciones, en un escenario de plena guerra comercial, han sufrido una fuerte paralización. Las políticas del Presidente Trump en materia comercial han enfriado la relación con su principal socio comercial, propiciando un entorno muy desfavorable sobre el comercio global y las transacciones internacionales. Esto ha provocado que esa demanda externa, ante los riesgos que vive el escenario comercial, se haya visto deteriorada, hasta el punto de afectar negativamente a las exportaciones en el país, que representan un fuerte agregado al crecimiento económico nacional.

La economía estadounidense, con 11 años consecutivos de crecimiento económico, se muestra como la economía más robusta en estos momentos. Sin embargo, observando, como decíamos, las continuas revisiones de las proyecciones macroeconómicas futuras, podemos ver cómo el crecimiento de los Estados Unidos ha ido perdiendo dinamismo hasta proyectar un crecimiento del 2% para este año. Una proyección que dista mucho de ese 3% que se preveía a comienzos del año y que confirma, en parte, la desaceleración económica en el país.

Las políticas comerciales del Presidente Trump han generado un abanico de incertidumbres que acechan la economía norteamericana. El comportamiento de los indicadores macro en estos momentos en los Estados Unidos es muy neutral; pues su comportamiento sigue siendo un comportamiento óptimo y que pone de manifiesto esa robustez de la que hablamos. Sin embargo, el deterioro en el balance de riesgos a nivel global, así como la posibilidad de que se posterguen las negociaciones comerciales hasta pasadas las elecciones, en una tendencia subyacente de desaceleración económica, la FED trata de devolver un mínimo de dinamismo y margen a los crecimientos.

El futuro de la economía sigue en manos de la clase política, al menos si hablamos de las decisiones que se están adoptando en materia comercial y que no olvidemos que han llevado, según el último informe publicado por la OCDE, a que la economía global revise, a la baja, sus previsiones de crecimiento para el PIB Mundial, llegando a situarlas en el 2,9%; su peor ritmo de crecimiento de los últimos 10 años. Con un 57% del PIB Mundial supeditado a las mismas, las exportaciones y, por así decirlo, el comercio exterior supone uno de los grandes agregados al crecimiento económico mundial, por lo que, ante la ralentización y paralización del mismo, las economías, de igual forma, lo sufren.

En resumen, aunque los mercados ya habían descontado la rebaja de tipos por parte de la FED, esta rebaja supone un nuevo soplo de aire fresco a la economía estadounidense, que estaba cosechando ratios negativos en varios frentes de la economía. Un soplo de aire fresco que, en general, debe impactar de forma positiva en la economía, que registraba unas tasas de consumo bastante superiores, en contraste con el trimestre pasado, y que, con la rebaja, podría impulsarse aún más. Como digo, un soplo para una economía que está pagando las políticas equivocadas de un Presidente que sigue empeñado, pese a negarlo, en ganar la partida a China en la guerra comercial.

Sin embargo, mientras sigue en su persistencia con China, la economía sigue deteriorándose. Los crecimientos pierden ese dinamismo y ese fuelle con el que contaban. Los organismos siguen revisando a la baja los pronósticos futuros y las intenciones del Presidente es continuar con el pulso económico/comercial hasta pasadas las elecciones, o al menos así lo ha comunicado. Motivo que ha llevado a la FED, como decíamos, a tomar esta serie de decisiones y que, como ha avisado, seguirá tomando en base a la evolución del escenario económico, no descartando una nueva rebaja antes de que finalice el presente ejercicio.

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