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La Unión Europea no se anda con chiquitas: el fin de las monedas de 1 y 2 céntimos podría estar cerca

monedas 1 y 2 céntimos
Blanca Espada

Durante años hemos convivido con las monedas de 1 y 2 céntimos sin que apenas pensemos en ellas. De hecho es fácil que las acabemos acumulando  en bolsillos y terminen olvidadas en un cajón de casa, antes de que las usemos y es que con el tiempo, se han convertido en ese cambio de vuelta que siempre nos dan cuando pagamos en el supermercado, monedas pequeñas de apenas valor y que muchos consideran que estorban más que ayudan.

Esto mismo es lo que deben pesar en varios países de la eurozona, donde esa  incomodidad de las monedas de 1 y 2 céntimos ha dejado de ser una simple queja cotidiana para convertirse en una decisión práctica con el fin de reducir su uso del todo y dejar el redondeo al múltiplo de 5 céntimos cuando se paga en efectivo, algo que ya es una realidad en buena parte del norte y centro de Europa. Dicha decisión no significa que el euro cambie y tampoco que desaparezcan oficialmente las monedas, pero sí que su uso empieza a ser residual. España, por ahora, observa desde la distancia. Pero el debate está cada vez más presente y la pregunta ya no es si otros países lo harán, sino cuándo tocará decidir aquí.

La UE y el adiós a las monedas de 1 y 2 céntimos

Detrás del movimiento de dejar atrás las monedas de 1 y 2 céntimos no hay una razón ideológica, sino económica y operativa. Fabricar monedas pequeñas cuesta dinero. En algunos casos, producir una moneda de 1 céntimo supone un gasto superior a su propio valor nominal. A eso se suma el coste de transporte, almacenamiento y reposición.

El segundo factor es práctico. Las encuestas realizadas en distintos países muestran que buena parte de la población considera incómodo manejar tanto metal para cantidades mínimas. Contarlas, guardarlas o recibirlas como cambio genera más molestias que utilidad real. Y hay un tercer elemento clave: muchas de esas monedas desaparecen del circuito, ya que al no querer llevarlas encima se quedan en casas particulares, huchas, coches o directamente se pierden. No regresan al sistema bancario con facilidad, lo que obliga a acuñar más.

Cómo funciona el redondeo en los países que ya lo aplican

El mecanismo es sencillo. Sólo se redondea el total del ticket cuando el pago se hace en efectivo. Si la suma final termina en 1 o 2 céntimos, se ajusta hacia abajo. Si acaba en 8 o 9, se redondea hacia arriba. El punto de referencia es siempre el múltiplo de 5 céntimos más cercano. Pero con tarjeta, transferencia o pago digital, el importe sigue siendo exacto. Es decir, no hay cambios en precios unitarios ni en el etiquetado de productos.

Finlandia fue uno de los primeros países en adoptar esta práctica. Países Bajos la aplica desde hace años con total normalidad. Irlanda la introdujo primero como prueba y terminó extendiéndola a todo el territorio. Bélgica pasó de permitirla a hacerla obligatoria en efectivo. Italia dejó de acuñar monedas pequeñas en 2018. Y más recientemente, Eslovaquia y Lituania se han sumado al modelo. Es decir, que como vemos en todos los casos, el patrón se repite con una transición progresiva, adaptación rápida y normalización en pocos meses.

¿Suben los precios cuando desaparecen los céntimos?

La sospecha de que los comercios aprovecharán para redondear siempre hacia arriba aparece cada vez que se habla de eliminar estas monedas de poco valor, pero lo cierto es que la experiencia en los países que ya han dado el paso no muestra efectos inflacionarios significativos cuando el redondeo es simétrico. De hecho, al ajustarse unas veces al alza y otras a la baja, el impacto medio tiende a compensarse. Además, el precio de cada producto no cambia, sino que sólo se modifica el total final si el pago es en metálico. Las grandes subidas de precios que ha vivido Europa en los últimos años se deben a energía, materias primas o logística, no a la retirada progresiva de monedas pequeñas.

¿Y qué hará España?

En España las monedas de 1 y 2 céntimos siguen circulando sin cambios a corto plazo. El efectivo continúa teniendo un uso importante, especialmente entre personas mayores o en pequeños comercios. Sin embargo, la incomodidad es similar a la de otros países. A muchos consumidores les resultan molestas y a los comercios les suponen tiempo y gestión adicional, así que el debate europeo apunta hacia una simplificación progresiva del efectivo.

De este modo, si España decidiera seguir el modelo ya probado en otros estados, tendría la ventaja de contar con precedentes claros. La fórmula está testada con ese redondeo transparente, pago exacto con tarjeta y campañas informativas para evitar confusiones.

En definitiva, las monedas de 1 y 2 céntimos no desaparecerán de un día para otro. Seguirían siendo de curso legal mientras estén en circulación. Pero la tendencia en la eurozona es clara: reducir su uso hasta que pierdan relevancia práctica. Así, lo que comenzó como una decisión técnica para ahorrar costes se ha convertido en un movimiento más amplio hacia un sistema de pagos más sencillo.

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