La lección de José Saramago, premio Nobel de Literatura, que te ayuda a ser más feliz: «La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva»
José Saramago fue el primer escritor en lengua portuguesa en recibir el Premio Nobel de Literatura. Se lo otorgaron en 1998, cuando ya tenía 75 años.
Este gran pensador, a lo largo de su vida, dejó frases que sintetizan su visión del mundo. Su escritura combinaba el escepticismo con una fe honda en la capacidad humana de sobreponerse.
Una de las más citadas es su reflexión sobre la derrota, que tiene algo positivo precisamente porque nunca es definitiva. Una idea que Saramago vivió antes de formularla.
José Saramago, el escritor portugués que publicó su primer gran éxito a los 58 años
Nacido el 16 de noviembre de 1922 en Azinhaga, una aldea de Ribatejo, Portugal, Saramago creció en una familia de campesinos sin tierras que se trasladó a Lisboa en 1924. Saramago completó estudios técnicos como mecánico y trabajó sucesivamente en talleres de reparación, luego como funcionario administrativo, responsable de producción en una editorial y traductor.
Su primera novela de reconocimiento amplio, Levantado del Suelo, llegó en 1980, cuando tenía 58 años. El reconocimiento tardío no fue casual. Saramago había sido miembro activo del Partido Comunista Portugués durante la dictadura de Salazar y pasó por períodos de silencio y censura.
En 1992, el régimen portugués retiró su novela El evangelio según Jesucristo de un concurso literario europeo. Saramago respondió instalándose en Lanzarote, España, donde viviría hasta su muerte. Desde ese exilio voluntario en Canarias continuó escribiendo durante casi dos décadas.
Saramago recibió el Nobel de Literatura a los 75 años, en reconocimiento a una obra que incluía títulos como Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres y La caverna.
¿En qué contexto dijo Saramago que la derrota nunca es definitiva?
La frase «la derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva» se inscribe en la filosofía que Saramago desarrolló a lo largo de décadas de trabajo en condiciones adversas. Es una observación sobre la naturaleza del tiempo, ya que para él una derrota no cierra ningún camino de manera permanente, porque el tiempo sigue avanzando.
El premio Nobel portugués formuló la idea como parte de una reflexión más amplia sobre la victoria, que tampoco es definitiva. El equilibrio entre ambas define una visión del mundo sin finales absolutos: ni los triunfos son eternos ni los fracasos son absolutamente irremediables.
La frase circula ampliamente atribuida a él, como por ejemplo en Goodreads, aunque no se ha podido identificar el texto o la entrevista exacta en que la formuló por primera vez.
¿Por qué la lección de Saramago sobre la derrota ayuda a afrontar mejor la vida?
La frase del escritor alude a la percepción del tiempo. En un momento de dificultad, la derrota parece permanente. Saramago señala que esa permanencia es una ilusión. El problema no es la derrota en sí, sino la certeza prematura de que es irreversible.
Este enfoque no pide resignarse ni ver lo positivo en el dolor. Pide ajustar la escala temporal, puesto que a corto plazo, la derrota duele; a largo plazo, suele ser uno de los muchos episodios de una trayectoria más amplia.
José Saramago murió el 18 de junio de 2010 en Lanzarote, junto a su esposa, la periodista española Pilar del Río. Dejó publicadas más de veinte obras de ficción traducidas a decenas de idiomas, entre ellas Las intermitencias de la muerte y El hombre duplicado.