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Los psicólogos expertos coinciden: las personas que se despiertan sin alarma no tienen un reloj interno, en realidad tienen un gran nivel de autoconciencia

Los hábitos y la autoconciencia pueden hacer que seas capaz de despertarte sin alarma

Poner el despertador es uno de esos gestos que hacemos casi sin pensar antes de acostarnos. Incluso hay quien no sólo pone una alarma sino que necesita más de una para asegurarse de que se va a despertar. Pero luego están los que aunque pongan el despertador no lo necesitan. De hecho suelen despertarse incluso antes de que suene, algo que la psicología ha analizado desvelando cosas muy interesantes.

Seguro que a muchos les pasa que se acuestan con la alarma puesta para por ejemplo a las siete de la mañana y que por costumbre siempre se despiertan un poco antes. Algo que tiene que ver con las rutinas que hemos ido adquiriendo y con la forma en la que funciona el sueño. Pero la psicología añade además que ser consciente de cuándo estamos cansados, respetar ciertas rutinas y conocer las necesidades del propio cuerpo puede ayudar a que el descanso sea más regular. De ahí que se relacionen estos hábitos con características como la constancia, la planificación o la autoconciencia.

Qué dice la psicología de las personas que se despiertan sin alarma

El cuerpo no sabe que son exactamente las siete de la mañana, pero sí dispone de mecanismos que le permiten orientarse bastante bien a lo largo del día. Buena parte de ese trabajo depende de los ritmos circadianos, que siguen aproximadamente un ciclo de 24 horas y están relacionados con momentos tan cotidianos como tener sueño por la noche o empezar a despejarnos cuando llega la mañana. La luz tiene mucho que ver con este proceso, pero no es el único factor. A lo largo del día también varían la temperatura corporal y determinadas hormonas. La melatonina, por ejemplo, está estrechamente relacionada con la preparación del organismo para dormir.

A todo ello le añadimos nuestras costumbres. Si durante semanas nos acostamos aproximadamente a la misma hora y nos levantamos a las siete, esa repetición termina convirtiéndose en una referencia para el organismo. De ahí que algunas mañanas podamos despertarnos justo antes de escuchar el despertador. Claro que esto resulta bastante más fácil después de haber descansado lo suficiente. Pretender que el cuerpo nos despierte fresco y puntual después de acostarnos a las tres de la madrugada es otra historia.

La autoconciencia que puede haber detrás de esta costumbre

Uno de los conceptos relacionados con este fenómeno es la interocepción. Con este término se describe nuestra capacidad para percibir e interpretar señales procedentes del propio organismo, desde el hambre hasta el cansancio o la tensión. Una persona que reconoce con facilidad cuándo está realmente cansada puede decidir irse a dormir en ese momento en lugar de alargar la noche durante varias horas. Si esa conducta se repite, mantener un horario regular resulta mucho más sencillo.

Es aquí donde puede hablarse de autoconciencia. No porque quien se despierta sin alarma posea alguna capacidad extraordinaria, sino porque prestar atención a las señales corporales puede ayudar a organizar mejor el descanso. A ello se suma la autorregulación y es que respetar aproximadamente la hora de acostarse implica, en ocasiones, apagar el televisor, dejar el móvil o renunciar a seguir despierto cuando al día siguiente toca madrugar. Constancia, planificación y responsabilidad son características que pueden aparecer asociadas a este tipo de rutinas.

Constancia y menos dependencia del despertador

Despertarse a la misma hora de manera natural difícilmente depende de lo que hacemos una sola noche. La repetición es una pieza fundamental, de modo que mantener horas relativamente estables para acostarse y levantarse ayuda al organismo a conservar una referencia temporal. También existe un componente individual y es que nuestro cronotipo influye en las horas en las que naturalmente tendemos a dormir y estar despiertos. Algunas personas funcionan mejor temprano, mientras que otras alcanzan su mayor nivel de actividad bastante más tarde.

Por eso, levantarse sin alarma resulta mucho más fácil cuando las obligaciones diarias coinciden razonablemente con el propio ritmo. Una persona de cronotipo vespertino que tenga que levantarse muy temprano puede necesitar un despertador aunque mantenga buenos hábitos de sueño.

Necesitar una alarma no significa tener menos autoconciencia

Utilizar despertador no permite deducir la personalidad de alguien, de la misma manera que despertarse espontáneamente tampoco demuestra por sí sólo que una persona sea más responsable, sociable o resiliente. Las circunstancias personales como el turno de trabajo o el tener hijos pequeños tienen mucho peso y si a eso le sumamos un cronotipo diferente puede hacer entonces que sí o sí se necesite una alarma para despertar sin que tenga nada que ver con nuestro nivel de autoconciencia.

Lo verdaderamente importante es la calidad y duración del descanso. También hay que diferenciar despertarse naturalmente después de haber dormido lo suficiente de hacerlo demasiado pronto y no poder volver a conciliar el sueño. Si ocurre repetidamente y va acompañado de cansancio durante el día, no estamos hablando necesariamente del mismo fenómeno. Así que esa persona que asegura abrir los ojos todos los días a las siete sin mirar el reloj probablemente no tenga ningún poder especial. Detrás puede haber un organismo acostumbrado a determinados horarios, pero también algo mucho más cotidiano: conocer las señales del propio cuerpo, respetarlas y haber convertido el descanso en una rutina bastante predecible.