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La gran apuesta fallida de Sánchez: Nadia Calviño se queda

Francisco Coll Morales es economista y coordinador del servicio de estudios de Fundación Civismo

  • Francisco Coll Morales

En los últimos días, la presidencia del Gobierno de España ha centrado sus esfuerzos en elevar a la vicepresidenta de asuntos económicos, Nadia Calviño, al mando del Eurogrupo. Un puesto que, en aras de favorecer la posición estratégica de España en el bloque comunitario, podría haber sido clave para la llegada de las ayudas que tanto ha solicitado el país, así como para la condicionalidad de las mismas. Una condicionalidad que debe mantenerse firme, presida quien lo presida.

La negociación que han mantenido en sede comunitaria el elenco de países que integran la Unión Europea había puesto de manifiesto la preocupación de un presidente que, con el objetivo de tener un as bajo la manga, centraba toda su apuesta a una carta. 

Las intenciones del Gobierno de España eran que Calviño, como presidenta del Eurogrupo, se centrase en el arbitraje de las ayudas que prevén recibir los países afectados por el coronavirus. Esto es lo que más incentivaba al Gobierno y por lo que quería colocar a la vicepresidenta al mando. Porque, de acuerdo con las previsiones que realiza el Banco de España, así como los principales organismos multilaterales, el deterioro que prevé la economía española por los efectos derivados de la pandemia podría dejar al país en una situación complicada. En este contexto, con una contracción que podría provocar descensos en el PIB de hasta un 15% -con una deuda que podría alzarse por encima del 122%-, y con un déficit que prevé situarse por encima del 10%, la economía española precisa contar con la voz cantante en la eurozona para salir favorecida de esta situación.

Además, como también sabemos, esta situación para determinados países como Holanda, entre otros, precisa de una corrección inmediata que garantice los intereses de los países miembros. Ante los ajustes que en su día hicieron dichos países resulta intolerable tener que destinar continuamente fondos europeos al rescate de países que, como España o Italia, ejercen una política de gasto que le ha llevado a meterse en la crisis que hoy nos acecha con una deuda que, en el peor de los casos (Italia), superaba el 100% del PIB. Estas tensiones son las que han ido crispando el ambiente en Bruselas, llegando a poner en peligro la llegada de dichos fondos, incluso con declaraciones que desde el Banco Central Europeo (BCE), pusieron los pelos de punta a los distintos mandatarios.

Beneficio para España

Sin embargo, con la presencia de Calviño en el poder, dichas tensiones podrían haberse moderado, a la vez que podrían haber beneficiado a España en esa llegada de fondos que tanto precisa el Gobierno. Para ello, Pedro Sánchez cuenta con el beneplácito de los países ‘outliers’ que, por encontrarse en una situación similar a la de España, apoyan la candidatura de Calviño. Sin embargo, otros países como Irlanda y Luxemburgo no están dispuestos a ceder el puesto a cualquier precio, por lo que lucharán por llevárselo ambos.

Esta era la única barrera que seguía impidiendo la presencia de Calviño en Europa, pues la ortodoxia que exigían -y exigen- determinados países miembros, en un escenario en el que las condiciones deben primar sobre las necesidades financieras, provocan que otros miembros de peso en el bloque comunitario se postulen a favor de estos países, descartando a Calviño. La situación que presenta la economía española, así como esa condicionalidad que tanto rechazaba, han decantado la balanza para el lado opuesto.

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