Moncloa frenó a Raül Blanco en Indra por su relación con SAPA y las ayudas que le concedió
El consorcio liderado por SAPA obtuvo más de 32 millones de euros en financiación siendo Blanco secretario de Industria

El nombre de Raül Blanco llegó a estar sobre la mesa para presidir Indra, pero finalmente fue descartado por Moncloa. Según fuentes del sector, el Gobierno frenó esa opción ante las dudas que generaba su vinculación con la empresa vasca SAPA, de la que es actual director ejecutivo de estrategia, y su papel previo en la concesión de ayudas públicas a la compañía durante su etapa en el Ministerio de Industria.
La decisión no respondió a una objeción formal ni a la existencia de incompatibilidades legales, sino a un criterio político y reputacional. En un contexto de máxima sensibilidad sobre el control de Indra (pieza clave del ecosistema de Defensa), el Ejecutivo optó por evitar un perfil que pudiera alimentar polémicas por su trayectoria reciente y sus conexiones empresariales. Además, evitaba también que la llamada cuota vasca se hiciera con el control de la entidad, aunque fuera de manera no ejecutiva, como es el nuevo presidente, Ángel Simón.
Las ayudas a SAPA que marcaron su perfil
Durante su etapa como secretario general de Industria entre 2018 y 2022, Blanco participó en la gestión de programas de financiación pública en los que SAPA logró posicionarse con éxito. En particular, la compañía accedió a ayudas millonarias dentro de un programa orientado a la transformación del sector de automoción (conocido como Perte), pese a tratarse de una empresa con fuerte presencia en Defensa.
El consorcio liderado por SAPA obtuvo más de 32 millones de euros en financiación, con cerca de 12 millones en subvenciones directas para la propia compañía, destinadas a proyectos tecnológicos vinculados a electrificación e I+D.
Este episodio, aunque enmarcado en un proceso competitivo y sin irregularidades acreditadas, fue uno de los factores que contribuyeron a generar cautela en torno a su figura en determinados círculos del sector. De hecho, su fichaje por la propia SAPA, años después, estuvo inmerso en un proceso de conflicto de intereses.
A ello se suma que, durante esos mismos años, SAPA reforzó su posición en programas de Defensa y participó en operaciones estratégicas como la entrada en ITP Aero, consolidando su peso en la industria.
El salto a SAPA y el veto a Indra
Tras su salida del ministerio a finales de 2022, Blanco fue nombrado presidente de Renfe, cargo que ocupó durante dos años antes de incorporarse en 2025 a SAPA como director de estrategia.
Ese movimiento (plenamente ajustado a los plazos legales de incompatibilidad, eso sí) fue interpretado por una parte del sector como la culminación de una relación previa con el entorno de la compañía. Por ese vínculo, entre otras cuestiones, Moncloa prefirió descartar su nombre para liderar Indra.
El Gobierno buscaba un perfil que no generara fricciones en un momento clave para la compañía, marcada por su papel en los grandes programas de Defensa europeos y por la pugna por el control accionarial. En ese escenario, cualquier duda sobre conexiones empresariales previas se convertía en un factor de riesgo.
Un perfil influyente bajo escrutinio
La figura de Raül Blanco se sitúa en la intersección entre política industrial, empresa pública y sector de Defensa. Su trayectoria dentro del PSC y su paso por organismos clave como la SEPI, Navantia o Airbus le han permitido construir una red de contactos de alto nivel que hoy se considera uno de sus principales activos.
Sin embargo, ese mismo perfil es el que genera recelos en parte del sector, especialmente cuando se analiza la coincidencia entre decisiones adoptadas durante su etapa en el Gobierno y el posterior fortalecimiento de determinadas compañías.
En el caso de SAPA, las ayudas recibidas, su creciente protagonismo industrial y el posterior fichaje de Blanco han configurado un contexto que, sin implicar irregularidades probadas, sí ha sido suficiente para condicionar decisiones de alto nivel como la presidencia de Indra.