Corriente Atlántica

Científicos franceses piden a España que se prepare para las consecuencias que va a desatar el colapso de la corriente atlántica

colapso de la corriente atlántica
Blanca Espada

En los últimos años, los científicos que estudian el océano Atlántico han empezado a lanzar advertencias cada vez más serias sobre el posible colapso de la corriente atlántica, un fenómeno que podría alterar profundamente el clima en Europa. La preocupación se centra en la AMOC, un enorme sistema de corrientes marinas que ayuda a repartir el calor por el planeta y que, según varios estudios recientes, estaría perdiendo fuerza mucho más rápido de lo esperado, algo que ya empieza a inquietar también a países como España.

Esta circulación oceánica transporta agua cálida desde zonas tropicales hacia el norte del Atlántico y devuelve agua fría hacia el sur. Y a pesar de que muchas veces pasa desapercibida fuera del ámbito científico, tiene un papel importante en las temperaturas, las lluvias y el equilibrio climático de buena parte del mundo, especialmente en Europa. Algo que de nuevo cobra relevancia a raíz de una investigación publicada en Science Advances que además advierte de ese colapso que podría acabar sufriendo la corriente atlántica. En concreto, los autores del estudio creen que el debilitamiento de la AMOC podría acabar siendo mucho más grave de lo calculado hace algunos años. El asunto preocupa especialmente en países como Francia, donde ya se estudian posibles escenarios de adaptación climática, mientras que en España todavía existe menos atención pública sobre las consecuencias que podría tener este fenómeno en el futuro a pesar que la preocupación también está llegando a los científicos

La corriente oceánica que ayuda a estabilizar el clima

La AMOC lleva funcionando miles de años y es una de las piezas más importantes del equilibrio climático global. Para entender de forma sencilla lo que hace cabe explicar que el agua cálida asciende hacia el Atlántico Norte, se enfría, gana densidad y vuelve a hundirse hacia el sur. Ese movimiento constante es el que ayuda a repartir el calor por el planeta.

El problema aparece cuando ese equilibrio empieza a romperse. El calentamiento global y el deshielo acelerado del Ártico están alterando la salinidad y la temperatura del océano, algo que afecta directamente al funcionamiento de la corriente. De este modo, los científicos llevan tiempo detectando signos de debilitamiento, aunque durante años se pensó que un colapso total antes de 2100 era poco probable. Sin embargo, los últimos análisis han endurecido bastante las previsiones.

Los nuevos estudios dibujan un escenario más preocupante

La investigación publicada en Science Advances combina modelos climáticos avanzados con datos reales recopilados durante décadas. El resultado es bastante más pesimista que el de informes anteriores ya que según los investigadores, la circulación atlántica podría perder entre un 42% y un 58% de su intensidad antes de final de siglo. Y lo que más inquieta no es únicamente esa desaceleración, sino la posibilidad de alcanzar un punto crítico a partir del cual el sistema pierda estabilidad.

Los expertos aclaran que no se trataría de una interrupción inmediata de un día para otro. No es un «apagón oceánico» repentino. El temor real es entrar en una dinámica irreversible que altere profundamente el clima global durante décadas o incluso siglos. Además, la incertidumbre científica se ha reducido respecto a años anteriores. Antes se consideraba un escenario remoto; ahora muchos investigadores ya hablan de una posibilidad plausible.

Qué consecuencias tendría para Europa y para España

Los efectos no serían iguales en todas las regiones del planeta. En el norte de Europa, por ejemplo, algunos modelos apuntan a un descenso importante de temperaturas. En el sur europeo, en cambio, la principal amenaza estaría relacionada con la sequía, con España apareciendo entre los países vulnerables dentro de esos escenarios. Un debilitamiento severo de la AMOC podría traducirse en menos lluvias y periodos secos todavía más largos en la península ibérica, agravando problemas que ya forman parte del día a día en muchas zonas.

Entre las consecuencias que manejan los científicos figuran:

  • Bajada de temperaturas en el norte de Europa.
  • Sequías más intensas en el Mediterráneo y el sur europeo.
  • Alteraciones en las lluvias tropicales y en los monzones.
  • Subida del nivel del mar en zonas del Atlántico.
  • Daños sobre ecosistemas marinos y producción alimentaria.
  • Menor capacidad del océano para absorber CO₂.

Ese último punto preocupa especialmente porque podría acelerar todavía más el calentamiento global. Los océanos funcionan actualmente como uno de los grandes sumideros naturales de carbono y cualquier alteración importante reduciría esa capacidad.

Francia empieza a prepararse para escenarios extremos

Mientras el debate científico sigue creciendo, algunos países europeos han empezado a mover ficha. Francia es uno de los casos más claros. Allí, varios organismos públicos ya trabajan con escenarios donde el debilitamiento de la AMOC podría provocar cambios rápidos en el clima y no simplemente alteraciones progresivas como se pensaba hace años.

Eso obliga a revisar muchas cuestiones que van mucho más allá de la temperatura. Desde la planificación agrícola hasta las infraestructuras o la gestión del agua, los expertos franceses consideran que determinados fenómenos extremos podrían intensificarse en las próximas décadas si la corriente atlántica sigue perdiendo fuerza. En España, en cambio, gran parte de las medidas siguen centradas en la reducción de emisiones y el impulso de energías renovables. Pero algunos investigadores llevan tiempo advirtiendo de que adaptarse a escenarios más duros también será importante, sobre todo en un país donde la sequía y la falta de agua ya empiezan a afectar cada vez más territorios.

La gran duda ahora es hasta dónde puede llegar el deterioro

No todos los científicos creen que vaya a producirse un colapso total de la corriente atlántica durante este siglo. Algunos hablan más bien de una pérdida importante de intensidad y consideran que todavía existen incertidumbres en torno a los plazos exactos.

Aun así, sí hay una idea bastante extendida dentro de la comunidad científica, y es que la AMOC lleva tiempo debilitándose y los datos encajan cada vez más con esa tendencia. Por eso el tono de muchos estudios ha cambiado tanto en pocos años. Antes el foco estaba en demostrar si realmente existía ese debilitamiento. Ahora la preocupación se centra en otra cuestión mucho más incómoda: qué pasaría si el sistema termina cruzando un límite del que ya no pueda recuperarse fácilmente.

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