Conmoción entre los científicos: resuelven el enigma de la ‘abolladura’ magnética que nació hace 2.000 años en el Atlántico
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La Anomalía del Atlántico Sur es una extensa zona situada sobre parte de Sudamérica y el Atlántico sur donde el campo magnético de la Tierra se encuentra notablemente debilitado. Esta «abolladura» en el escudo magnético permite que los cinturones de radiación de Van Allen penetren más cerca de la superficie terrestre, exponiendo a los satélites y a la Estación Espacial Internacional (ISS) a niveles de radiación cósmica mucho más altos de lo normal.
Los datos recopilados durante las últimas décadas muestran un comportamiento anómalo: el campo magnético global ha perdido aproximadamente un 9 % de su intensidad en unos 200 años. Entre 1970 y 2020, la intensidad mínima pasó de unos 24.000 a 22.000 nanoteslas, y la región debilitada continúa desplazándose lentamente hacia el oeste, a una velocidad aproximada de de 20 kilómetros por año. Las observaciones de la misión Agencia Espacial Europea mediante los satélites Swarm sugieren además que la anomalía podría estar dividiéndose en dos núcleos distintos.
El misterio de la ‘abolladura’ magnética en el Atlántico
La Anomalía del Atlántico Sur fue identificada por primera vez en 1958, cuando los primeros satélites artificiales empezaron a explorar el entorno cercano a la Tierra. Uno de los protagonistas de este hallazgo fue el satélite Explorer 1, equipado con instrumentos para medir la radiación diseñados por el físico James Van Allen. Durante décadas, los científicos sabían que existía esta enorme región de debilitamiento magnético, pero no conseguían comprender del todo qué la originaba ni por qué persistía en el tiempo.
Ahora, un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences ha permitido reconstruir la evolución de este escudo protector durante los últimos dos milenios. Investigadores del Instituto de Geociencias, liderados por Miriam Gómez-Paccard y F. Javier Pavón Carrasco, reconstruyeron la historia del campo magnético sudamericano durante los últimos 2.000 años mediante técnicas de arqueomagnetismo. Analizando cerámicas y hornos antiguos capaces de conservar señales magnéticas en sus óxidos de hierro, los científicos lograron rastrear anomalías similares a la actual en épocas pasadas.
Este modelo geofísico también identificó un fenómeno precursor de baja intensidad que siguió una trayectoria de migración muy similar entre los años 1 y 850 d.C., lo que refuerza la idea de que la Anomalía del Atlántico Sur no es un evento aislado, sino una manifestación recurrente.Según los autores del estudio, estas evidencias apuntan a que su origen estaría en procesos profundos del interior de la Tierra, probablemente vinculados a la dinámica del núcleo terrestre.
Santiago Belda, investigador del grupo de Geodesia Espacial de la Universidad de Alicante, sostiene en el Science Media Center (SMC) que «la principal implicación del trabajo es que consolida la existencia de una asimetría persistente entre los hemisferios norte y sur en la intensidad del campo magnético, vinculada a procesos dinámicos profundos en el núcleo terrestre, posiblemente modulados por la estructura del manto.
Comprender las anomalías del hemisferio sur es clave porque tienen consecuencias directas en nuestro planeta: la Anomalía del Atlántico Sur debilita la protección frente a la radiación cósmica, afecta al funcionamiento y la vida útil de satélites e incluso a sistemas tecnológicos. En conjunto, el trabajo no implica que estemos ante una inversión inminente del campo magnético, pero sí mejora de forma clara la base científica necesaria para entender la evolución futura del escudo magnético terrestre y evaluar sus posibles impactos tecnológicos y ambientales».
Desde la Universidad de Burgos, la investigadora Elisa M. Sánchez Moreno, advierte que las condiciones geomagnéticas asociadas a la Anomalía del Atlántico Sur pueden afectar de forma significativa a la tecnología moderna: «En el mundo moderno, estas condiciones pueden afectar a la electrónica de los satélites, a las operaciones espaciales y al rendimiento de sistemas de navegación basados en satélites, como el GPS, debido a una mayor exposición a la radiación».
Un fenómeno que se desplaza hacia el Índico
El nuevo modelo geomagnético global sugiere que la Anomalía del Atlántico Sur actual tuvo su origen bajo el océano Índico alrededor del año 1000, desplazándose lentamente hacia el oeste hasta situarse en su posición actual sobre el Atlántico Sur.
El estudio también identifica un episodio muy similar durante el primer milenio, con una trayectoria prácticamente equivalente. Según el investigador F. J. Pavón-Carrasco, «hasta ahora la falta de datos en el hemisferio sur generaba grandes incertidumbres en los modelos del pasado. Sin embargo, la incorporación de nuevas evidencias ha permitido reconstruir con mayor precisión la evolución del campo magnético terrestre».
Los resultados del estudio apuntan a que la Anomalía del Atlántico Sur es más compleja de lo que se había pensado durante décadas, ya que también depende de interacciones profundas. Los investigadores advierten que este tipo de anomalías pueden debilitarse, cambiar de forma o incluso desaparecer con el tiempo, pero subrayan que las escalas temporales implicadas son muy amplias y todavía inciertas. Mientras tanto, la comunidad científica considera fundamental seguir ampliando los registros arqueomagnéticos y geofísicos para mejorar los modelos del campo magnético terrestre.
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