La aplaudida y cotizada obra de Pablo Palazuelo ‘se vende sola’ en el vertiginoso mercado del arte

Pablo Palazuelo
Obra de Pablo Palazuelo en la Galería Cayón (Foto. Galería Cayón)

“Minos”, obra de Pablo Palazuelo (1916-2007) realizada en el año 1992 y expuesta en la Galería Soledad Lorenzo, así como en el Museo Reina Sofía -entre otros lugares- ha sido vendida esta misma semana en Subastas Segre con un remate final de 110.000 euros. Aunque la cuantía a abonar será de algo más de 132.000 euros por los gastos de gestión y los impuestos pertinentes. La obra de Palazuelo, que siempre fue complicada de vender debido a su abstracción geométrica, ahora atraviesa un momento verdaderamente esplendoroso en el mercado del arte.

Eso sí, su fama y el conocimiento de su obra en España no se dio hasta mediados de los años 90 tras décadas de ingente producción y exposiciones en salas nacionales e internacionales. A este respecto, hay una anécdota muy significativa de 1999 cuando Palazuelo ganó el Premio Nacional de Artes Plásticas, un galardón del Ministerio de Cultura que compartió con la joven artista Cristina Iglesias. En su momento, el director de Bellas Artes Benigno Pendás declaraba a la prensa que se había “conseguido un magnífico equilibrio entre un autor absolutamente consagrado, al que se le reconoce su trayectoria, y a una persona en plena creación y con un enorme futuro por delante”.

Era obvio que Pendás no tenía el pleno conocimiento de la obra de Palazuelo, pues el artista madrileño -a pesar de su avanzada edad- estaba en plena labor creativa. No dejó de crear hasta casi el final de sus días, de hecho, la última exposición en la galería de Lorenzo de la calle Orfila fue en 2004, tras esto solamente hizo dibujos y dejó de lado los lienzos que requerían de un mayor esfuerzo físico.

Lorenzo relata que “a Palazuelo costó mucho venderlo bien porque la geometría y el mundo de las formas no gustaban. No se hizo famoso por mí, pero lo que sí ocurrió fue durante mi etapa fue cuando Pablo mostró en diez o doce años su obra con regularidad. Vivía con su hermano, era de una familia económicamente fuerte y para entonces ya había heredado, así que el dinero nunca le supuso un problema”.

La aplaudida y cotizada obra de Pablo Palazuelo ‘se vende sola’ en el vertiginoso mercado del arte
Pablo Palazuelo con la galerista Soledad Lorenzo (Foto. Soledad Lorenzo)

La obra de este gran maestro ha tenido una evolución muy positiva en los últimos 20-30 años. En 1997, según algunas informaciones periodísticas citadas por Mariano Navarro -coautor con Antonio Lucas de “Soledad Lorenzo. Una vida con el arte”-, las obras del arquitecto oscilaban de precio entre los 4.800 euros para una obra en papel y los 72.000 euros para un lienzo de grandes dimensiones o una escultura importante. Más tarde, a las puertas del S.XXI, las apuestas subieron alrededor de un 12%-14%.

Ana María Trigo, fundadora de Tasartia.com, cree que “ahora mismo Palazuelo es un valor en alza y su obra no deja de subir”. Además, señala, “en los últimos años siempre ha vendido bien, alcanzando cifras altas en casas de subastas internacionales como Christie’s y, por supuesto, su obra en el mercado primario siempre ha estado muy cotizada”.

Por su parte, Claudia Arbulu, galerista de Claudia Arbulu Gallery, explica a este periódico que “Picasso, Dalí, Tápies, Chillida y, por supuesto, Palazuelo son apuestas seguras para una buena inversión, pero está claro que se necesita un gran presupuesto para poder acceder a estas obras”.

Trigo añade que el trabajo de Palazuelo “parece estar más en boga que nunca y creo que es fundamentalmente por dos motivos. El primero es que se trata de un artista con una trayectoria muy sólida, que ha expuesto en las principales galerías y museos del mundo, por ello es siempre un valor seguro en el vertiginoso mundo del mercado del arte”.

La aplaudida y cotizada obra de Pablo Palazuelo ‘se vende sola’ en el vertiginoso mercado del arte
Pablo Palazuelo. Minos, 1992.

El segundo, relata la experta de Tasartia, es que “su obra va más allá de la mera estética, su concepto del arte es muy profundo y hunde sus raíces en conceptos que aún hoy nos siguen fascinando, como la cábala o que en Europa estamos casi comenzando a "descubrir", como las religiones orientales”. Asimismo, Trigo cree también que “el arte que pervive es el que se fundamenta en las grandes preguntas que siempre se ha formulado el ser humano, yendo más allá de las modas o de las excentricidades pasajeras del artista, y el arte de Palazuelo lo logra”.

La obra “Minos”, que es la que se ha vendido esta misma semana por 110.000 euros, procedía de la antigua colección de Banco Zaragozano -comprado por Barclays en 2003- y salió con un precio de salida de 95.000 euros. Un precio, según los expertos, de gran atractivo que tuvo una primera puja de manera escrita, aunque fue en sala cuando se cerró el precio final.

No es la primera vez que Segre vende una obra de Palazuelo, en mayo de 2017 vendió “Paisaje” por 92.000 euros, uno de los precios más altos vendidos en salas españolas. Pero, antes, en julio de 2014 Christie’s de Londres vendió “Nigredo III” por 93.229 euros y en febrero de 2009 se vende la obra “Sylvarum XX” por 193.000 euros, aunque lejos de la subasta de 2008 cuando “Virtus Marin VI” cerró con un remate de 300.000 euros.

En 2004 -solo 3 años antes de su muerte- la obra de Palazuelo estaba en el stand de su galerista Soledad Lorenzo en ARCO. Tres de sus lienzos fueron comprados por el Guggenheim de Bilbao. “Cuando se lo dije a Pablo, primero exclamó ‘¡Qué bien!’, pero inmediatamente me dijo, ‘Me alegro por ti, Sole, porque a mí en verdad lo que me gusta es hacerlos donde vayan después me importa muy poco’. Y era absolutamente cierto”, relata Lorenzo en su libro.

Otro detalle que añadió fama, no en el sector, con la que ya contaba, sino entre las masas no especializadas, fue el hecho de que en 2004 el regalo de boda de la Comunidad de Madrid para los Reyes de España fuera una obra de Palazuelo. Se trataba de “El número y las aguas XVII (1995) valorado en 120.000 euros.

Palazuelo, concluye Arbulu, “es, sin duda, un valor seguro al alza, ya sea con obras de masas corpóreas de la década de los 50 y 60 o esas maravillosas marañas de los 90 que se entremezclan para generar un universo de planos como es el caso de la obra vendida por Segre o las anteriores a su fallecimiento”.

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