El Barça juega con reglas distintas al resto


¿Tiene sentido hablar de lo bien que juega el Barça? ¿Merece la pena valorar el buen trabajo que hacen con la cantera o cómo Flick a resucitado a una plantilla que fracasó la temporada pasada? ¿Se puede desligar la buena temporada que está haciendo el club presidido por Laporta con el hecho de que varios de sus jugadores más relevantes no deberían estar jugando? ¿Se puede asegurar que el Barça tendría está plantilla en el caso de que la Justicia Deportiva hubiera podido actuar por el Caso Negreira?
Son preguntas relevantes en mi opinión. En los últimos días, hemos podido comprobar cómo la saga Barça Studios ha tenido continuidad con la venta de los palcos VIP del Camp Nou. El Barça, como relata en su comunicado la Liga, coló un ingreso que ni siquiera computan sus auditores actuales. Con ello consiguió que el CSD se pudiera agarrar a algo para inscribir a Dani Olmo y Pau Víctor y pudo inscribir la renovación de seis jugadores. Jugadores que seguirán inscritos por mucho que ahora la Liga le reste cien millones de límite salarial.
Mientras otros muchos clubes hacen verdaderos esfuerzos por cumplir las normas y tienen que prescindir de jugadores para entrar dentro de sus propios márgenes, el Barça campa a sus anchas y siempre encuentra un resquicio para poder actuar según le dicte su santa voluntad.
La operación de Barça Studios que el propio Barcelona ya da por perdida, permitió la inscripción, entre otros, de Raphinha, Lewandowski y Koundé. La prescripción por la vía deportiva del Caso Negreira le permite seguir compitiendo como si nada hubiera pasado y ni siquiera se detecta un coste reputacional proporcional al delito por el que se le investiga en estos momentos.
Son muchos años en los que la percepción es que el club blaugrana se maneja con una sensación de absoluta impunidad. Impunidad que les permite arriesgar alineando a Íñigo Martínez a pesar de que podría generar una reclamación de Osasuna.
Claro que el Barça juega muy bien y es máximo aspirante a todos los títulos. Claro que Lamine Yamal es de lo más grande que hemos visto a los 17 años. Claro que su cantera es muy prolífica y Flick un extraordinario entrenador, pero ¿realmente todo esto importa?