Emociones

Parece mentira pero la psicología confirma que las personas que piden perdón por todo no son buenas, en realidad de pequeños tuvieron que justificar todas sus decisiones

Imagen generada por IA.
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Carmen Ruiz
  • Carmen Ruiz
  • Carmen Ruiz Rodríguez (Madrid, 2005) es estudiante de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) desde el año 2023. Es especialista en periodismo de SEO y en información de actualidad. Con experiencia en comunicación empresarial y radio.

Una de las palabras que más les cuesta pronunciar a las personas es «perdón». Aunque el problema real surge cuando la disculpa se convierte en una reacción automática y una persona siente la necesidad de disculparse incluso cuando no ha hecho nada malo. Numerosos estudios aseguran que este comportamiento podría haber hecho su aparición en la infancia, sobre todo cuando un niño aprende que debe justificar sus decisiones, necesidades o comportamientos.

No es cuestión de educación

Cuando una persona pide perdón por llegar tarde, cometer un error o causar un perjuicio, es una manera de asumir responsabilidades. Aunque, pedir perdón constantemente por pedir ayuda, expresar una opinión o necesitar algo puede responder a un mecanismo diferente. Por eso, la psicología define el exceso de disculpas con la baja autoestima y el deseo de agradar a los demás. Numerosas personas utilizan el «lo siento» como una forma de reducir la tensión y evitar que una situación termine en conflicto. Esto es un claro reflejo de que la persona siente que ocupa demasiado espacio o que sus necesidades pueden molestar a los demás.

¿Dónde está el origen?

Según varios estudios, crecer en un entorno muy controlador o en el que la aceptación depende de la conducta, puede favorecer este tipo de comportamientos. El niño aprende a anticiparse a las críticas, explicar sus decisiones y disculparse para mantener la calma. Cuando crece, esa conducta se convierte en hábito y en la adultez puede continuar disculpándose aunque la situación no requiera de disculpa.

El caso de la culpa

Otro de los factores que podrían esconderse tras las disculpas repetidas es la culpa excesiva, es decir, algunas personas asumen responsabilidad por situaciones que realmente no dependen de ellas o interpretan cualquier desacuerdo como una señal de que han hecho algo mal. La disculpa permanente puede ir desde una simple costumbre de lenguaje hasta un patrón de comportamiento más profundo relacionado con una baja autoestima, asegura la psicóloga Olga Merino.

El perdón

No existe un momento perfecto para pedir perdón, pero la distinción entre responsabilidad real y culpa innecesaria es clave para conocer cuándo decirlo. Además, no es necesario pedir perdón por necesitar ayuda, expresar una opinión respetuosa, poner límites o solicitar permiso legítimo. La psicología también expone que, en vez de decir «perdón por molestarte», puede ser más apropiado decir «gracias por ayudarme». El cambio no parece notable, pero modifica considerablemente la manera en la que la persona se posiciona ante los demás.

La autoestima

Pedir disculpas en exceso puede reforzar la sensación de que las acciones son incorrectas o de que las necesidades suponen una carga para otras personas. Un patrón que se va alimentando con el tiempo de un diálogo interno excesivo y crítico. Por lo tanto, pedir perdón cuando corresponde es una demostración de esa responsabilidad personal, pero hacerlo por todo no necesariamente es una muestra de educación. En la mayoría de los casos, es señal de inseguridad y una necesidad de evitar el rechazo o el conflicto.

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