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Woody Allen se marca un «yo he venido a hablar de mi película» al ser preguntado por los acampados en Sol: «No soy un cineasta político»

"Mi estilo empezó simplemente porque me daba pereza, hasta ahí llega el análisis de mi estilo", ha dicho

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Woody Allen en Madrid. (E.P.)
Paula M. Gonzálvez

Bendita paciencia la de Woody Allen. Él mismo lo ha dicho: «Soy más vago con la edad». Quizás por eso ha declinado responder cualquier pregunta sobre la acampada en la Puerta del Sol, en la rueda de prensa de este jueves sobre el rodaje de su nueva película en Madrid. Sea cual sea la razón, lo cierto es que el director se lo ha tomado con calma, y ha mostrado una templanza envidiable ante el empecinamiento de algunos periodistas, que han insistido en preguntar por su opinión sobre este asunto, a pesar de que lo ha dicho desde un principio: «No soy un cineasta político».

Woody Allen, posiblemente el mayor promotor turístico de cualquier ciudad en la gran pantalla, ha escogido Madrid como escenario de su nueva película. Qué mejor escaparate para venderse como destino turístico que una película del director de Annie Hall. En el cine de Woody Allen, la ciudad es tan esencial para la historia como los personajes.

Y mientras él contaba todo lo que ha encontrado en Madrid para captar la esencia de España, había quien buscaba que no todo fueran palabras bonitas. «He estado subiendo y bajando 25 veces del coche para localizar la película. Me enamoré de Madrid cuando vine a tocar jazz», ha comentado el cineasta.

Madrid es «de esas grandes ciudades» que le «encantan» a Woody Allen: «Con tráfico, ruido, gente, vida». «Me encantan las ciudades, no soy la típica persona a la que le gusta el campo», ha matizado. Woody Allen encuentra la paz en el ambiente urbano.

El director nunca revela el nombre de su película hasta que no está hecha, pero aún así le han preguntado por un rumor que apuntaba a que el largometraje se titularía Wasp. «Bueno… WASP es Woody Allen Summer Project», ha dicho entre risas. Además, ha revelado que la elección del nombre de sus largometrajes, una vez terminados, no tiene demasiado misterio: «Si te da miedo lo que has hecho, le da un título más tentativo y, si no, más regresivo».

También se le ha pedido que hable sobre sus primeras impresiones al ver Madrid con la Puerta del Sol en condiciones inusuales, pero ni por esas: «No han sido primeras impresiones. Tenía recuerdos de Madrid y sabía exactamente lo que quería. Es una ciudad preciosa, estoy sobrecogido. Si vienes de Nueva York, las ciudades europeas son exóticas. La arquitectura, las zonas verdes… Sigue siendo como la recordaba, la ciudad perfecta».

La pregunta se ha reformulado para ver si entraba al trapo, esta vez recurriendo a la cuestión del «derecho a la vivienda». «Preguntas a la persona equivocada. Nunca he sido un cineasta político y no estoy a la altura para opinar, yo me dedico a las relaciones humanas. No tengo la sabiduría que se requiere para contestar», ha repetido.

Su nueva película, «una comedia con romance, intriga e infidelidades» -«todos los ingredientes que a mí me gustan»- estará alimentada también por «el ambiente fresco» que buscaba en esta ciudad, ha subrayado. Es lo que de verdad le motiva para hacer esta película, tener la oportunidad de vivir en Madrid, ha señalado después de explicar que «es agotador hacer una película, porque hoy en día se va muy rápido de los cines», razón por la que ya no acostumbra a estar «tan entusiasmado».

Aunque el circuito de la exhibición no es lo único que ha cambiado. El cine de Woody Allen también lo ha hecho: «Cuando era más joven, era más convencional. Con los años me he hecho más vago y grabo tomas más largas. «Es un estilo que empezó simplemente porque me daba pereza, hasta ahí llega el análisis de mi estilo».