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Mónica Bellucci, actriz italiana (61 años): «Somos capaces de desarrollar la inteligencia artificial, pero en el plano humanitario parecemos estancados en la Edad Media»

Mónica Bellucci se ha convertido en una de las actrices más mediáticas de su generación

Según cuenta, ha llegado muy lejos porque nunca ha perdido la pasión por su trabajo

"Nosotras, las mujeres, a partir de cierta edad, nos volvemos transparentes", ha comentado

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Mónica Bellucci en televisión. (Foto: Atresmedia)

Mónica Bellucci ha recorrido buena parte de los grandes territorios del cine sin dejar que ninguna de sus etapas definiera por completo su carrera. Del cine italiano a Hollywood, pasando por la producción francesa y el cine de autor, la actriz ha construido una trayectoria en la que la popularidad nunca ha terminado de desplazar a la curiosidad por seguir aprendiendo.

A sus 61 años, Bellucci continúa trabajando con directores de distintas generaciones y contempla el paso del tiempo desde una perspectiva muy diferente a la que suele imponer una industria especialmente pendiente de la juventud.

Para la intérprete italiana, continuar trabajando a estas alturas de su vida tiene que ver, sobre todo, con la pasión. «Creo que la respuesta es sencilla: la curiosidad que sigo sintiendo por mi trabajo y una pasión que, afortunadamente, no se ha apagado», explica al hablar de aquello que todavía consigue emocionarla de su profesión.

Las nuevas generaciones

Una de las experiencias que más está disfrutando actualmente es precisamente el contacto con directores jóvenes. Mónica Bellucci considera que trabajar con ellos supone una oportunidad para descubrir nuevas formas de entender el cine y, al mismo tiempo, compartir la experiencia acumulada después de décadas delante de una cámara.

Entre sus trabajos recientes menciona Siete perros, un thriller de acción dirigido por Adil El Arbi y Bilall Fallah, responsables de varias entregas de la saga Chicos malos. El proyecto, una coproducción entre Inglaterra y Oriente Medio, representa para la actriz ese tipo de colaboración que le permite acercarse a profesionales con una mirada diferente.

También participó en Historias de la noche, presentada en Cannes, y tiene previsto acudir al Festival de Locarno para presentar un proyecto italiano de Giovanni Tortorici producido por Luca Guadagnino. La variedad de propuestas forma parte de lo que mantiene despierto su interés por la profesión.

«Estar rodeada de cineastas jóvenes es una experiencia increíblemente excitante», reconoce. Bellucci encuentra especialmente enriquecedor el intercambio entre su experiencia como actriz adulta y la energía de quienes comienzan a desarrollar su propio lenguaje cinematográfico. «Llegan al plató con un entusiasmo arrollador y universos estéticos completamente nuevos», explica en Harper’s Bazaar.

La obsesión por la juventud

Esa relación entre generaciones adquiere un significado especial cuando se habla de una industria que durante décadas ha sometido a las actrices a una presión particular relacionada con la edad y la apariencia física. Bellucci no plantea el envejecimiento como un problema que deba combatirse, sino como una consecuencia natural de estar vivo.

Su planteamiento se aleja de la idea de que cumplir años implique necesariamente perder algo. Para ella, la madurez también ofrece nuevas posibilidades. «Envejecer significa que tienes la fortuna de seguir viva y tener un horizonte», sostiene.

Además, considera que el paso del tiempo proporciona una perspectiva que no siempre está disponible durante los primeros años de vida. «La madurez trae consigo un regalo maravilloso: el desapego», asegura. Con los años, explica, una persona puede dejar de observarse únicamente desde dentro y comenzar a contemplar el mundo con cierta distancia.

«A veces, al cumplir años, dejas de ser sólo actriz y te conviertes en espectadora del mundo», señala. Esa nueva mirada le permite interpretar su profesión y su existencia desde un lugar diferente al de décadas atrás.

Mónica Belluci detrás de los focos

Cuando se le pregunta quién es Mónica Bellucci cuando desaparecen los focos, la actriz evita ofrecer una definición cerrada. Considera difícil juzgarse a uno mismo y sostiene que las personas permanecen en constante transformación.

«No somos completamente conscientes de quiénes somos y creo que es mejor así», explica. Para Bellucci, la identidad no constituye una realidad inmutable. Ella considera que es un proceso que se modifica con las experiencias y las decisiones tomadas a lo largo del tiempo.

«Siempre somos un trabajo en curso, un devenir», afirma. La actriz considera que solo con el paso de los años comienza a comprenderse mejor el camino recorrido, aunque el aprendizaje nunca termina. «La vida es una transformación perpetua», añade.

Una contradicción muy interesante

A Mónica Bellucci no le ha temblado el pulso a la hora de hablar de ciertos temas. Entre ellos, las crisis migratorias que periódicamente ocupan la agenda europea, desde Lampedusa hasta otros puntos de las fronteras exteriores de la Unión Europea.

Su reflexión parte de una contradicción que considera especialmente significativa. Mientras la tecnología avanza a una velocidad extraordinaria, la respuesta ante determinados dramas humanos continúa siendo insuficiente.

«Somos capaces de desarrollar inteligencias artificiales y herramientas científicas asombrosas, pero, al mismo tiempo, en el plano humanitario parecemos estancados en la Edad Media», sostiene. Para la actriz, esa distancia entre el progreso tecnológico y la capacidad de resolver problemas sociales constituye uno de los grandes conflictos de nuestro tiempo.

Como vemos, Bellucci contempla así su profesión y su propia vida desde una posición diferente a la de sus comienzos. Ya no parece interesarle tanto permanecer eternamente joven como conservar la curiosidad, seguir aprendiendo y aceptar el paso del tiempo. Una forma de entender la madurez que también explica por qué continúa encontrando nuevos motivos para regresar al cine.