La importante reflexión de Lao-Tse, filósofo chino: «Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida»
Una popular frase que habla de la enseñanza y el conocimiento
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«Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida». Esta es una frase que hemos visto repetida en multiples ocasiones en redes sociales, pero antes de que estas existieran ya se decía mucho cada vez que se quería hablar sobre el conocimiento. Se le atribuye a Lao-Tsé, filósofo chino que está considerado autor del Tao Te Ching, uno te los textos que originaron el Taoismo.
La idea que transmite la frase es fácil de entender. Podemos ayudar a una persona solucionándole un problema concreto o podemos darle los conocimientos necesarios para que, la próxima vez, sea capaz de resolverlo sola, de modo que es una frase que servía en su origen (no existe prueba real que Lao-Tsé la pronunciara o dejara escrita, aunque siempre se le atribuye) como en los tiempso actuales.
Lao-Tse: «Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida»
El pescado al que se hace referencia es sólo una metáfora. Lo verdaderamente importante está en la diferencia entre ofrecer una solución inmediata y enseñar a alguien a conseguirla por sus propios medios. Es decir, que si una persona tiene hambre y recibe comida, habrá solucionado su necesidad durante unas horas. Si aprende a conseguir alimento, en cambio, habrá adquirido un conocimiento que podrá utilizar una y otra vez.
Lo mismo ocurre fuera del ejemplo. Pensemos en alguien que no sabe realizar una determinada gestión, buscar trabajo o administrar sus ingresos. Podemos hacerlo por esa persona y sacarla del apuro. Pero también podemos explicarle cómo hacerlo. La primera opción resuelve el problema de hoy; la segunda puede evitar el de mañana. De ahí que esta reflexión haya acabado utilizándose en ámbitos tan diferentes como la educación, el empleo o en cualquier otro contexto en el que se requiera algo de ayuda o de conocimiento. No plantea que la ayuda inmediata carezca de importancia, sino que recuerda es que hay ocasiones en las que enseñar resulta todavía más útil que dar.
Una frase que ya se ha mencionado de otras maneras
Maimónides ya desarrolló una idea similar durante el siglo XII. El filósofo y médico nacido en Córdoba estableció ocho niveles de caridad y consideró superior aquella ayuda que permitía a una persona dejar de depender de ella. Entre otras posibilidades, hablaba de facilitar un préstamo, crear una asociación o ayudar a encontrar un trabajo. No utilizó pescadores ni peces. Pero el razonamiento resulta sorprendentemente parecido.
Por otro lado hay que dejar claro que frase ha circulado como un proverbio chino y ha sido atribuida a Lao-Tsé durante años, pero las investigaciones sobre su procedencia no han conseguido localizarla en sus textos. También ha pasado por otras manos. Se ha presentado como la mencionada enseñanza de Maimónides e incluso se ha relacionado con Mao Zedong, pero tampoco ninguna de estas atribuciones ha podido demostrarse.
Uno de los rastros documentados más antiguos de la metáfora que conocemos aparece en 1885, concretamente en Mrs. Dymond, una novela de la escritora británica Anne Isabella Thackeray Ritchie. Ritchie, hija del novelista William Makepeace Thackeray, escribió allí una versión que todavía no decía exactamente lo mismo que repetimos ahora. Explicaba, en esencia, que entregar un pescado a un hombre solucionaría su hambre durante poco tiempo, mientras que enseñarle a pescar supondría hacerle un bien.
La diferencia puede parecer pequeña, pero es importante. No podemos decir que Ritchie escribiera literalmente la frase actual. Lo que sí podemos afirmar es que en su obra encontramos un antecedente claro y documentado de la metáfora. Y además con los años fueron apareciendo otras variantes. A comienzos del siglo XX ya circulaban versiones que hablaban de los beneficios que aquel aprendizaje tendría durante toda la vida y, décadas después, la sentencia terminó acercándose a la forma que conocemos actualmente.
¿Por qué se atribuye a Lao-Tsé?
Probablemente también haya ayudado la figura del propio filósofo. Lao-Tsé está tradicionalmente considerado uno de los grandes referentes del pensamiento chino y autor del Tao Te Ching, texto fundamental del taoísmo. Su filosofía defiende principios como la sencillez, la moderación y una vida en armonía con el Tao, entendido como el curso o principio natural de las cosas. Una frase breve, aparentemente sencilla y con una enseñanza universal que encaja fácilmente en la imagen que Occidente ha construido de la antigua sabiduría china.
Además, a pesar de la autoría o no, no cambia demasiado el fondo de la reflexión. Dar ayuda cuando alguien la necesita puede resolver una situación urgente. Enseñar, formar o proporcionar herramientas puede conseguir algo diferente: que esa misma persona tenga más posibilidades de afrontar el siguiente problema sin depender de nosotros. La célebre frase del pescado ha llegado hasta nuestros días precisamente porque consigue explicar esa diferencia sin necesidad de grandes teorías. Y eso casa mucho con la filosofía de Lao-Tsé y su mensaje continúa siendo el mismo: algunas de las mejores ayudas no consisten en dar una solución, sino en enseñar a encontrarla.